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EL SILENCIO DE LAS RAMAS

Año 2034 ¿Ya volteaste a la ventana? ¿Te llama el viento, la lluvia gorda, el espeluznante sonido de las loras detrás de la pared escalonada de tú laboratorio improvisado? ¿Es el barranco de rocas bañadas en vapor lo que nace a metros de diferencia del amanecer dándote el aviso? Era ya el colmo del descuido, en tus invenciones cotidianas, hallar la manera de cambiar el mundo. ¿Preocupado por el mundo o por el periódico que no sabes si comprar por no tener la más mínima idea de qué día es? La maquinaria y el sonido disimulado del experimento. Tevines (marca registrada por la Corporación Hipermedia C.A.) listos, conectados a un sinfín de dispositivos inalámbricos pues la era del cobre a expensas del planeta fue convirtiéndose en una conducta moderada de utilización de recursos (aplica a todos los demás). Te tiembla el pulso, no por el café o el momentáneo nerviosismo, cosa genial que te derrumba al suelo del hombre que eres y que ahora piensas convertir en los anales de la historia hue...

GUAYANA HIPÓCRITA

  A propósito de una protesta de los trabajadores del diario Nueva Prensa de Guayana, me atreví a preguntar a los presentes si los periodistas estaban conscientes de que “son obreros”. Ante las respuestas no quise detenerme, pues el tiempo corría, y somos muchos sus esclavos. Pero la pregunta la solté a ver, si entre tanto trajín alguien agarraba el hilo. Pero no ocurrió así. Siempre he pensado en eso: en la condición OBRERA del periodista, así, comunista y todo. En nuestro país, y más aún en nuestro estado, las empresas comunicacionales avivan aquello que es lo que más ganancia les puede dar: la falta de conciencia de clase de un gremio etéreo, aunque esencial para la sociedad. Desde nuestras escuelas de comunicación se nos enseña el culto al título, a esa personalidad de pergamino impreso que dice lo que somos sin indagar más allá. Dentro de esa visión un tanto chocante y mucho de elitista, se mueven todos unos profesionales que como cachicamos hemos hecho un paraíso...

Reflexiones literarias, sociales y políticas de William Ospina

Llega a Guayana como invitado especial del 9no Festival Mundial de Poesía Reflexiones literarias, sociales y políticas de William Ospina (J. Gregorio Maita) A William Ospina lo mueven cierto tipo de paisajes, colores, olores y gentes. Desde ese fastuoso 2009, cuando ganara uno de los más prestigiosos premios de las letras hispanoamericanas, el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, y a través de El País de la Canela nos transportara al viaje inclemente de la barbarie colonizadora en busca de tesoros utilizando por mapa leyendas, recorriendo los profundos rincones del continente. No estaría de más decir lo irónico de su visita a Guayana, regida por el Orinoco, hijo mayor del Amazonas, por el cual buena historia de encuentros, gestas y sangre aborigen corriera en sus tiempos, desde que Diego de Ordaz usara la masacre como principal herramienta diplomática, hasta estos contemporáneos horizontes donde la moderna industria lucha con la humanización de una ciudad que ...

4

¿Has ocultado la sombra detrás de la pose del soldado? Parado allí, sucinto, calmada la conciencia, grave en la expresión, firme en el porvenir de su futuro inmediato. Él fue un niño de diez años, cuando todos lo fuimos. Frente al pizarrón amortizaba el miedo a los números, cuando nosotros huíamos de las matemáticas apilados detrás de una montaña de pupitres. Con la tiza en mano, arma blanca, polvo comprimido en cilindros con punta cónica, todavía a cuestas el sueño de pararse temprano, escribía un 4. La forma espacial del tal y como la había practicado durante tanto tiempo. Una raya de arriba hacia abajo y ligeramente inclinada a la derecha, otra perpendicular que apenas tocada el nodo inferior de la anterior, y ésta cruzada por otra más grande, del doble de la longitud de la primera en inequívoca verticalidad. Un 4. Un número 4 legible, entendible, sumable, restable, multiplicable y dividible. Un 4 que en nada se parecía a los otros números. Un 4 normal, común y corriente, que abst...

Lars, el niño malo (Advertencia sobre Anticristo)

Y salió un día un danés cualquiera y nos apuntó con una lupa. Detrás de dicho artilugio el sol abrazante y nosotros contemplando el juego de este cineasta, que como pocos, lejos de arroparnos en el arte del cine, – no por ignaro, sino por travieso, pues cuan sublime resultan las imágenes de sus películas - yendo más allá. He de imaginarlo con risa mal puesta detrás de una cortina, quizá con un bigotito al estilo Hitler y con una botellita soplando burbujas de jabón, mientras vemos Anticristo. Lars Von Trier, que sospecha mucho de los límites impuestos, y como cualquier loco con hojilla permea la dermis de lo soportable, reta a los que lo admiran y odian, a que se pregunten de una vez si su presencia en el mundo del cine es necesaria o desechable. Es esta película, ciertamente, un colmo dentro del largo avance de su carrera, donde lo chocante es poco. Pero al mismo tiempo es la fuerza hipnótica de sus cuadros transformados en alfileres íntimos de una conciencia dormida que tenemos to...

Detrás de la puerta

¡Ay! Qué desorden, qué calamidad. El silencio y el olor a encierro como la perpetuación del tiempo en cuatro paredes. Vino y se fue la bonanza y tal, como la brisa que pasó hace como cuatro días a las tres de la tarde. Pero vean ustedes, damas y caballeros que esto leen, a este ser tan desposeído de humanidad. Parece, y que me perdone el dios de lo cursi, este espíritu atolondrado, una simple rama seca. Miren lo flaco, canoso, barbudo, sucio, lo ruin. Amarrado a una silla, a una posición delante del monitor pantalla metido en internet como si estuviera metido en la entrepierna de Susana -Shhhhh. Necesito silencio para concentrarme – mira el techo detrás de él. El techo es un espacio vacío. Concentrarse en qué. Pensarán ustedes que, con todas la diligencias y ocupaciones, pudieran entretenerse en otra cosa, pero hay que pensar que la locura, porque esto es una locura, es un mal concentrado en semejante esperpento. (Lean más bajito por favor, para no interrumpir su concentrada intención)...

Paréntesis

Busco, busco, busco. No encuentro a la niña, no encuentro a la niña. Era así de pequeña, me llegaba por la cintura más o menos. Señora, señora, ¿no ha visto a una niña así de este tamaño? De ojos grandes y pelo liso castaño. Blanquita ella. Muy bonita. Mi niña, se me perdió. La tenía al lado mío y se me fue sin que me diera cuenta. Y el río suena y yo creo que se fue para allá porque le hacía gracia el río. Le dije, le dije varias veces que el río es bonito pero de lejos. El río es así mamita, le dije. Incluso le acerqué la manito para que lo tocara, pero con cuidado. Ella con calor. Todos con calor. Ella quería meterse al río. Hay gente alborotada en la orilla. Yo corro, corro y corro pensando, rogando encontrármela en el camino. No está. No la veo. Le pregunto a los vigilantes. Reportan por radio una niña que se me perdió. Qué le voy a decir a la mamá. Qué le voy a decir a mi esposa. Que se me perdió la niña. Ni de vaina. Si no encuentro a la niña o me matan o me mato. No hay de otra...

Reflexión sobre Piar

Ahora, en plena fiesta bicentenaria, Guayana y su octava estrella alumbran. Esta región en contemplativa observación, no digamos como alternativa no-petrolera, como cúspide turística, y ensalzada, cual princesa a la postre de un lento, pero lentísimo desarrollo, se encuentra más que nunca a la víspera de la reflexión. Y es que para los venezolanos a veces el reflexionar significa doblar algo más que las rodillas. Valga decir, el anciano orgullo patriota, que en dosis adecuadas colma de pasión los corazones y despierta en el más inerme el valor necesario para levantarse todas las mañanas, ciega frente a nuestros ojos, como la penumbra, el abismo. Pero el pensar en el pasado que se ve tan lejos en el almanaque y tan cerca en la significación filosófica, tan momentánea y natural en nosotros que nos tardamos unas cuantas decenas de años en comprender para tratar de comprendernos, que ni es lo mismo ni se parece igualito. Somos, aquí bajo este cielo particular, en la Guayana esquiva que par...

Pandemónium (La vigencia de las tinieblas en un paraíso posible)

Esta capital del infierno, en muy superior estado de gravidez, adecentó el pormenorizado cine venezolano en una época imposible. Y es esa su esencia. Más allá de lo estético, esta puesta teatral, donde Chalbaud es maestro – más que en el cine, que exige tanto del movimiento de elementos, como la quietud de los mismos, las elipsis exactas unidas a una respiración constante por parte del cineasta, o la visión del público a través de la cámara como testigo fiel de lo que no se dice – reduce en compendio errante el ideario político, confuso, ajeno y exaltado de nuestra república. Ver la película estrenada a duras penas en 1997, con caras conocidas que ahora parecen espectros fantasmales como Amalia Pérez Díaz, Orlando Urdaneta o Miguel Ángel Landa, es purificarse en las bacterias que, con los años, han cocido la mezcla en un caldo brioso y de un sentido narrativo particular. Hermosamente particular. Y es que, la ignorancia presente como espectro dubitativo de lo que somos como conglomerado...

Sembrando Ideas

Nolan ha trabajado y se nota. Su puesto, demarcado en la diferencia de criterio, en el control del argumento, en la más simple y pura inteligencia, ha echado sal alrededor suyo, meado en las esquinas de su hipotética oficina, y marcado distancia de lo que Hollywood ha hecho últimamente. Su más reciente película, Inception, se despega de la cartelera y flota por allí, iluminando el pasillo, porque es ese el futuro de Nolan, un pasillo que a pesar de sus éxitos no ha tocado el techo ni se ha tropezado con un bache escondido en la alfombra roja. Esta extraordinaria película se desarrolla en el subconsciente humano. Una matemática relación entre piezas pegadas con lógica y engranadas una con otra en una realidad tan increíble que el sentido de la paradoja parece perfectamente claro en este laberinto. Eso es Inception. Un laberinto urbano, contemporáneo y conceptual que no oscurece. La experiencia del cine, sin embargo, se me tornó a visita de médico. Ya de Nolan esperar otra cosa es perder...

¿Qué hizo Herrera Luque para merecer esto?

Las voces, tratadas con desatino, pocas veces han sido dispuestas a la malformación de expectativas, como el que dijera que esta es la mejor película de la historia del cine venezolano, como la libertad de quienes la ostentaron para quitarle la libertad a otros, como lo hizo Luis Alberto Lamata en este intento por encumbrar el relato de uno de los personajes más funestos de la historia venezolana, y que al mismo tiempo, tal y como lo reflejara el mismo protagonista, Juvel Vielma, fuera una cumbre puesta en la ficción. José Tomás Boves es fascinante, desde cualquier punto donde se mire, y su historia, esa que narró con virtuosismo Francisco Herrera Luque en su novela “Boves, el Urogallo”, es una oda a la más honda raíz de lo que somos como venezolanos. Este libro reposa benigno en el rincón de la colección que formo con reverencia de este autor en mi humilde biblioteca, y pocas veces he recibido de una lectura tal excitación. Los elementos visuales y dramáticos plasmados en esas páginas...

Taxistas obligados a callarse por clientes furibundos

***Si al montarse en una de tantas unidades vehiculares para trasladarse a su destino rápida y cómodamente, no le dirija la palabra. Puede ser expulsado de la misma J. Gregorio Maita Javier Martínez, presidente de la Asociación Nacional de Taxistas en Guayana, Asonatax (Cápsulas), en rueda de prensa informó sobre el establecimiento de un régimen de “Ley del Hielo”, tan popular en novios arrechones, para con los usuarios. La medida es un llamado de protesta al alto contenido de conflictos generados por choferes, que en su buena fe intentan encaminar una conversación con las personas que ocupan momentáneamente sus vehículos, ya sea sobre el Magallanes, o los gloriosos Leones del Caracas, algún tópico religioso, o un asomo chavista o antichavista, para que se prenda una soberana flatulencia. -Muchos de nuestros asociados han recibido una incontable cantidad de mentadas de madre, cuestión que ha llamado nuestra atención debido a que no es justo que con todo el calor y las col...

Bergman en “Persona”

Aquel anciano meditabundo se desvistió un día por puro remordimiento de conciencia. Hablo de esa historia que por muchos años escondida se añejó en un guión magnífico que vino a flotar entre su pesar y su retiro. Ingmar Bergman abandonado en una isla de su país vino a manifestar su dolor, su culpa, su responsabilidad remota y tan allí, en medio de folios marcados con tinta, se acercó a quien fuera su tercer esposa, la actriz Liv Ullman, para que hiciera con semejante confesión lo que le diera la gana. Y así lo hizo. He visto Persona, película cumbre de este director sueco, y en ella descubro el núcleo de todo un lenguaje ya visto en otros directores. Creo poder pecar de ignorante ante quienes sepan más del tema que yo y lean esto, pero puede ser esta película, cargada de una intención y subtexto magnífico – ese montaje experimental que nos la introduce fue perfecta antesala -, la referencia y a su vez una forma referencial de otros. Vi a Kubrick en ella, a Tarcovsky, a Lynch, a Aronosv...