Ir al contenido principal

Estractos de mi primera novela "Tercera Persona".

El centro lleno de ruidos y lamentos. Si la situación y el desconsuelo se crecen, vaya a saber el paradero de los rezos proféticos, de las desgracias y los comensales con la comida en la puerta de la garganta. Algunos que vomitan en sus casas, en aquellos centros troquelados por el aire frío que circunstancialmente venía y devenía, como yéndose y encontrándose con las paredes pedregosas y ásperas, en su sentido opuesto a través de las orillas, de esas pequeñas aberturas desproporcionadas. La lluvia que no deja salir ni meterse, porque meterse en sus casas es despegar en el sueño profundo del cansancio de media semana, porque salir es encontrarse con fantasmas espantosos, con miedos reservados pero que se calan igualito en el corazón con clavos, permeando la poca paciencia, que pareciera ya una estera de bostezos, y Dios parado tal y como zombie, tú, creador del cielo y de la tierra con tus manos entumecidas en puños cerrados con fuerza, aferrándote al aire, al campo sembrado de tú gloria, por siempre señor, y el amén descabellado de las gotas que suenan y resoplan con el viento huracanado y las olas más allá de los pies del cerro hechas y desastre, y esa foto de contraste entre negros y blancos convergiendo en una sombra que es Marcelo, y una diáspora maltrecha con el amasijo que apenas se definía entre Aida y el Federico, con su dolor, sus lágrimas ya expuestas, sus preguntas casi respondidas, su arrepentimiento. Eras tú, si, tú, con esa cara de quien no rompe un plato – no tienes tú la culpa del invento de los inventadores y reclamando sales por la puerta dando el portazo y bum – y te arrepientes también de ser buena gente, que por eso es que pasan las vainas. Manuel, Manuel, te llaman Manuel, que de tantos nombres apenas reconoces el tuyo que se va entre la historia como del viento se van las arenas del Sahara al Amazonas.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sol Guayanés

Victoria amaneció igual, tal y como había amanecido en los últimos cuatro días. Hablaba pausado como en delirios de fiebre y a pesar de mostrarse cariñosa y reír de las gracias de Santiago o los mimos ridículos de su baboso padre, permanecía en un limbo ya preocupante por el avanzado tratamiento. Este asunto de ser padre ya lo teníamos memorizado, con las correderas a los centros de salud disponibles según el horario, las colas, y el dinero del bolsillo, que como no era mucho parábamos a los mismos lugares cotidianos, donde la herencia genética de mi querida Patricia tomaría a mis dos amores por la garganta, azotándolos con las amígdalas. Admitimos que era rutina eso de de vez en cuando ir a parar a las colas, al nido de las enfermeras arpías que atienden a la gente como pensando en otra cosa menos en la mística profesional, o de aquellos doctores o doctoras venezolanos o venezolanas que pareciera dejaran la paciencia olvidada en algún sitio desierto, sin preocuparse por volverla a bus...

Tenai o Kampa (vainas mías)

El proceso cultural venezolano, y específicamente el guayanés, muy permeable a la alienación, y que en cierta forma permite, gracias a nuestra mezcla racial furibunda, la entrada y salida de diversas formas de la cultura, que en muchos casos no es tan siquiera cercana a nuestras latitudes, es un signo – o EL signo - macabro de nuestro sol de San Félix. El poder del guayanés se limita al sello superficial de un logo – probablemente hecho en otro país – con el cual una insignia chapea el entorno con derredores sonantes y vistosos, propios de una sociedad capitalista endeudada pero feliz. Pero ya me estoy saliendo del tema. La alienación cultural de Guayana – nuestra isla colonia mal postín de la república (no confundir mis palabras con algún dejo separatista) – viene, como bien sabe Euclides, desde la época de nuestro insigne Manuel Carlos Piar, y la batalla famosa que le permitiera a nuestro país alcanzar la independencia, gracias a los recursos bien habidos de esta bendita tierra. Como...

Reflexiones literarias, sociales y políticas de William Ospina

Llega a Guayana como invitado especial del 9no Festival Mundial de Poesía Reflexiones literarias, sociales y políticas de William Ospina (J. Gregorio Maita) A William Ospina lo mueven cierto tipo de paisajes, colores, olores y gentes. Desde ese fastuoso 2009, cuando ganara uno de los más prestigiosos premios de las letras hispanoamericanas, el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, y a través de El País de la Canela nos transportara al viaje inclemente de la barbarie colonizadora en busca de tesoros utilizando por mapa leyendas, recorriendo los profundos rincones del continente. No estaría de más decir lo irónico de su visita a Guayana, regida por el Orinoco, hijo mayor del Amazonas, por el cual buena historia de encuentros, gestas y sangre aborigen corriera en sus tiempos, desde que Diego de Ordaz usara la masacre como principal herramienta diplomática, hasta estos contemporáneos horizontes donde la moderna industria lucha con la humanización de una ciudad que ...