Sustantivo que indica un tiempo, donde el antes importa ahora mucho menos que el después. Segundo nombre propio de aquellas bendecidas, haciendo que ese primero que llevaran sea a su vez el segundo en importancia. Complemento de la vida después de la vida, movimiento justo de la naturaleza, contacto directo con el milagro más heterogéneo del género humano. Sujeto preciado en la casa, en los pasillos oblongos del mundo que vivimos alguna vez. Día de la madre: día que se celebra, día de parada, día de descanso, día de memorias, día de Bendición Mamá, día sublime, día en que aquellos hombres y mujeres que alguna vez estuvieron amarrados por un cordón umbilical retornan al estímulo primario, por muy lejos que esto sea.
Victoria amaneció igual, tal y como había amanecido en los últimos cuatro días. Hablaba pausado como en delirios de fiebre y a pesar de mostrarse cariñosa y reír de las gracias de Santiago o los mimos ridículos de su baboso padre, permanecía en un limbo ya preocupante por el avanzado tratamiento. Este asunto de ser padre ya lo teníamos memorizado, con las correderas a los centros de salud disponibles según el horario, las colas, y el dinero del bolsillo, que como no era mucho parábamos a los mismos lugares cotidianos, donde la herencia genética de mi querida Patricia tomaría a mis dos amores por la garganta, azotándolos con las amígdalas. Admitimos que era rutina eso de de vez en cuando ir a parar a las colas, al nido de las enfermeras arpías que atienden a la gente como pensando en otra cosa menos en la mística profesional, o de aquellos doctores o doctoras venezolanos o venezolanas que pareciera dejaran la paciencia olvidada en algún sitio desierto, sin preocuparse por volverla a bus...
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