<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043</id><updated>2011-11-16T05:38:34.466-08:00</updated><title type='text'>CULTURABA</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>42</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-7027441743289628296</id><published>2011-08-10T14:50:00.000-07:00</published><updated>2011-08-10T14:51:49.450-07:00</updated><title type='text'>Lars, el niño malo (Advertencia sobre Anticristo)</title><content type='html'>Y salió un día un danés cualquiera y nos apuntó con una lupa. Detrás de dicho artilugio el sol abrazante y nosotros contemplando el juego de este cineasta, que como pocos, lejos de arroparnos en el arte del cine, – no por ignaro, sino por travieso, pues cuan sublime resultan las imágenes de sus películas -  yendo más allá.&lt;br /&gt;He de imaginarlo con risa mal puesta detrás de una cortina, quizá con un bigotito al estilo Hitler y con una botellita soplando burbujas de jabón, mientras vemos Anticristo. Lars Von Trier, que sospecha mucho de los límites impuestos, y como cualquier loco con hojilla permea la dermis de lo soportable, reta a los que lo admiran y odian, a que se pregunten de una vez si su presencia en el mundo del cine es necesaria o desechable.&lt;br /&gt;Es esta película, ciertamente, un colmo dentro del largo avance de su carrera, donde lo chocante es poco. Pero al mismo tiempo es la fuerza hipnótica de sus cuadros transformados en alfileres íntimos de una conciencia dormida que tenemos todos dentro y que muy raras veces nos atrevemos a sacar. O sea. Ver esta película es someterse a un delicioso – vean como se enaltece el masoquismo – régimen de acupuntura.&lt;br /&gt;Anticristo es un reto para el que la observa. De sus líneas en diálogos se deja ver su esencia: La naturaleza es la iglesia del Diablo. Y uno allí, sentado, postrado incólume observando una penetración, entre otras imágenes que superan lo escatológico, extraordinariamente bien justificadas y, por extraño que parezca, hermosamente bien filmadas. Un trazo firme de gran pulso. Pero nada que ver con el esbozo zonzo de un ser a punto de apoderarse del mundo poseído por algún demonio de cola y cachos. Es allí donde Lars ríe, detrás de la cortina de nuestros ojos, burlándose mientras sus burbujas le pintan colores difusos en el aire. Un Anticristo que es, no un sustantivo, sino un adjetivo hecho bacteria y que, bajo un raciocinio particular, lleva al hombre, o a la mujer, a su propia destrucción. &lt;br /&gt;En este extraordinario film, que a diferencia de otros exige de nuestra maltrecha humanidad el esfuerzo adicional del estómago, exponiendo a quemarropa un tema del que poco hablamos. ¿Hasta qué punto es la mujer la raíz de la misoginia? ¿Hasta qué punto es la mujer línea de partida de las desgracias de la humanidad? Y el descaro de hacerlo sin llegar a tanto.&lt;br /&gt;Es este el gran caldo donde se cuece una historia retorcida, que te amarra, te empuja, soltando poco a poco en un surrealismo de imágenes ralentizadas que como gotas van untando tus ojos ante el terror psicológico más visceral. Y es aquí, en ese rincón, donde el pequeño Lars se sitúa con grandilocuencia entre los más grandes del cine mundial, no sólo por su estética, sino por la temática amenazante que puya y contrae nuestros músculos hasta la más reverberante constricción. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;J. Gregorio Maita&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-7027441743289628296?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/7027441743289628296/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=7027441743289628296' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/7027441743289628296'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/7027441743289628296'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2011/08/lars-el-nino-malo-advertencia-sobre.html' title='Lars, el niño malo (Advertencia sobre Anticristo)'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-2335999424101925093</id><published>2011-05-14T07:33:00.000-07:00</published><updated>2011-05-16T06:40:21.817-07:00</updated><title type='text'>Detrás de la puerta</title><content type='html'>¡Ay! Qué desorden, qué calamidad. El silencio y el olor a encierro como la perpetuación del tiempo en cuatro paredes. Vino y se fue la bonanza y tal, como la brisa que pasó hace como cuatro días a las tres de la tarde. Pero vean ustedes, damas y caballeros que esto leen, a este ser tan desposeído de humanidad. Parece, y que me perdone el dios de lo cursi, este espíritu atolondrado, una simple rama seca. Miren lo flaco, canoso, barbudo, sucio, lo ruin. Amarrado a una silla, a una posición delante del monitor pantalla metido en internet como si estuviera metido en la entrepierna de Susana&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Shhhhh. Necesito silencio para concentrarme – mira el techo detrás de él. El techo es un espacio vacío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Concentrarse en qué. Pensarán ustedes que, con todas la diligencias y ocupaciones, pudieran entretenerse en otra cosa, pero hay que pensar que la locura, porque esto es una locura, es un mal concentrado en semejante esperpento. (Lean más bajito por favor, para no interrumpir su concentrada intención). No se puede pensar que ha visto la luz de la calle, sea día o noche, en los últimos nueve días. Pero el teléfono que lo resuelve todo, y las funciones digestivas del delivery y una buena cuenta bancaria para la despedida. Así lo puso en su página del facebook. Y allí esperó. Que alguien le dijera Adiós, Hasta nunca, Que te vaya bien, Ojalá te mueras lentamente. Eso, eso. Ha pasado nueve días esperando la palabra amable de algunos que lo conocieron cuando era artista plástico, cuando no se hacía pipí en la cama después de viejo. Pintaba, como pintan los preescolares, arcoíris – ni idea del plural, en esos huecos del idioma, para decir que fueron un motón -, pero en monocroma naranja por no tener otro color para pintar. Limitado, sentiría que su vida en esas paredes oscuras, propias de un precipitado laboratorio de fotógrafo imberbe, pero con un solo bombillo de luz amarilla, caliente, que se movía palante y patrás en el vaivén que le daba el aire acondicionado. Detrás de él está la puerta negra, con pasador de antaño, de esos que albergan en su solapa, esa corbata de hierro, un hueco un poco más grande que cruzado con otra pestaña con hueco redondo, se ciñen a un candado. Afuera, poco más allá, está la calle transitada por peatones dormidos y conductores borrachos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Shhhito. Ya vale – se pega en la cabeza y voltea. Chirrido de silla – que tengo que… que… esperar que se descargue el… el… pro…pro…grama que estoy baj… ando. ¡Coño!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin malas palabras que hay gente que se aturde. Piensan en sus oídos como vasijas virginales y hay que respetarles las loqueras a todos los demás. Es como seguir monotemático, rondando el mismo tornillo una y otra vez: el loco este con la loquera de los demás es un absurdo. Así que lo mejor es limitarse, no a la cabeza, esos surcos y laberintos oblicuos zigzagueantes saturados de materia viscosa donde sus pensamientos albergan, más que todo, porque no decirlo, lástima. No, no es esa la idea. La idea es (suena la puerta con el particular sonido metálico de quien tira una piedra diminuta)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, no, no, no, no. Nadie sabe que… que estoy aquí – se levanta de la silla con chirrido acorde al movimiento. Se queda viendo fijo la rendija debajo de la puerta. Una sombra diminuta, casi indefinible pasa tan veloz que apenas se nota. Pero claro que él la ve. Y abre los ojos. Sorpresa, sorpresa. Un segundo, dos segundos, tres segundos, cuatro, cinco, seis, veinte y treinta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Hay alguien ahí? – pega la oreja a ver si escucha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya chico, vale. Tranquilo. El viento, el gato, el perico de la vieja que fuma en el baño del quinto piso del edificio de al lado. Quién sabe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo… yo como que sigo en lo mío. E… e… esta puerta – remarca, señala con el dedo la separación metálica entre él y el mundo - ¡Esta puerta!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vuelta la cara a la normalidad de mueca teatral sobrecogida. Vuelve sobre la computadora. Esta que quiere y grita, dentro, más adentro, en lo profundo de su voz yuxtapuesta en otras voces que gritaban otras vainas. SUSANA.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;-N… n… no. No. No. No.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí. Susana. Susana. La reina de sus noches y quebrantos. Pobrecita. Ella que tanto aguantó en la espera del progreso, del festival, de la galería, de los viajes, del Museo Contemporáneo de Caracas, del Museo Soto, de la Sala de Arte Sidor, de los premios y condecoraciones – sonríanle a la foto, digan whiskey – y sonar las copas de vino tinto y rancio porque la situación del país – no es la situación del país, en las listas de presupuesto estaba la champaña, pero el portero del circo necesitaba unos churupitos extra para llevar a la carajita que tiene escondida y que lo chulea bello -, y los etcéteras que no se permiten en la pelazón por la fe en el arte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-N… n… no. No. No. No – las dos manos que tapan la cara -. No Su… Su…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí. Susana. La que se fue mijo. Se fue porque para qué esperar mientras la cola de machos vernáculos que la asediaban y de tanto puyarle las costillas... Las mujeres son pacientes, cuando quieren y aman. Porque, a pesar de lo loco, se hizo amar. Escribía poemas sin ser poeta, porque el lienzo no es lo mismo que el cuaderno Caribe que guardaba en el bolsillo de atrás del pantalón. No es lo mismo pintarla en medio de ángeles morados con el fondo patriota del Guaraira Repano y bañada en Caroní con un naranja tenue que escribir: “Mis ojos en tus ojos pensaron cavilar despiertos. Pero no pude porque tú risa me desvió la mirada. Tus dientes que mordieron mis labios, tu cuerpo que danzó con mi cuerpo. Tu amor que navegó con mi amor y tú y yo desnudos…”. Disculpen. Es que nada de esa vaina rima. Pero a Susana, como mujer extraordinaria, el hambre le doblegó la paciencia y es natural.  Y ese no es el tema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Susana – se le escucha la voz más clara. Hasta que suena la puerta. Esta vez más fuerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Susana. Susana – corre. Se cae la silla. No importa. Se arrastra. Se pega de la puerta -. ¿Eres tú? Susana. Mi vida. Mi preciosa – hace con los dedos que dibuja corazones en la puerta. Llora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces el loquito llora. Pareciera en este justo momento, tan sentimental, tan fuera de orden – en esta obra no hay ni ensayo ni director que imponga su santa palabra – que se va encontrando con el piso y en el piso, en ese filo armónico entre la bendita puerta y el suelo donde entra una brisa cálida que contrasta. Pero él, que sigue llorando, espera una respuesta que no llegará. Porque Susana no llegará y lo sabe. Y se limpia la cara y se levanta sollozando y cambia el ritmo de sus movimientos y vuelve para recoger la silla que tumbó en el arrebato. Pobre loco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-A… a… aco… acomodo la silla. Aco… acomo… acomodo la silla – ya estamos viendo que estás acomodando la silla así que no vale la repetición de ideas. Y es aquí, en el lento punto donde su cuerpo va depositándose pesado sobre la pobre silla, para acomodarse frente a la máquina de sus respuestas inconclusas, para continuar loqueando como siempre, vestido de nada, de andrajoso, de barbudo, de sin sentido y loco, en el espacio en que se ha convertido el hueco donde vive, en el aire acondicionado al que apenas le suena un ruidito lejano parecido a lluvia tenue que cae, el bombillo como péndulo, cuando vuelve a sonar la puerta. Está vez más fuerte que la anterior. Y en un movimiento derivado de la sorpresa, brusco y nervioso, resbala el escalón y cae de nalgas. Se incorpora con la torpeza de un borracho, más entonado con la furia de la repetición incómoda de la situación que ya pareciera un juego macabro. Observa la puerta mientras se soba, dos segundos. Ahora corre hacia ella gritando estupideces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo no me meto con nadie… pa que nadie se meta conmigo. Yo no sé – su voz expulsa palabras como una metralleta. Saca la llave. Va abriendo el candado. Es así el sonido particular de los metales moviéndose – por qué se tienen que meter conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La luz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El esplendor de la calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El olor de la calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sabor que se le mete a uno de la calle después de despertar de un largo sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El callejón donde está la puerta de su hueco que huele a orín y a basura. Él ya no lo nota por estar acostumbrado. Pero su cara es graciosa por quejarse en su mueca de la luz. Pero de lo otro no. Espera entonces unos siete segundos y medio para que se le pase el efecto del resplandor. Lo reduce poniéndose la mano frente a su rostro barbudo. Ya pasó el flash.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Quién es? – voltea a los lados. Quién le va a responder si no hay nadie -. ¿Quién es? ¡Carajo! – hay peatones que reaccionan al estímulo del grito. Pero lo ven loco desde lejos y ni se molestan en ralentizar su caminata. Es aquí donde suena el portazo, el pasador de la puerta, el candado de la puerta y el grito del loco para que lo dejen en paz con silencio. Ya sabemos chico. Cálmate. No pasa nada. Anda, anda. Vuelve a sentarte que no ha pasado nada. Sigue allí en tu vaina tranquilo que no está pasando nada como en los últimos seis años. Tranquilo. Es así como el loquito este hace caso, cuando se le trata como lo que es. Por eso va y se sienta, no sin cierto resquemor de que en lo que se siente vuelvan a tocar la puerta. Por eso, voltea la silla y sin dejar de mirar ese particular rectángulo de hierro fondeado en negro mientras se va sentando lentamente. Arquea la espalda, apoya los brazos en los brazos de la silla, dobla las rodillas y va dejándose caer, sin dejar de ver hacia la puerta. Y en el momento – ya es absurdo todo esto pero bue… - en que sus posaderas rozan la superficie de la silla, vuelve a sonar la puerta, más duro que nunca, más insistente que antes, más chocante e impertinente. Nuestro loco pareciera sonreír. Se deja tranquilo en la silla riéndose del momento porque es loco y a los locos les da por reírse de cualquier cosa. Porque si fuera otro no se estaría riendo (Arrodillado en el piso el gerente del banco, el gran economista, el gran hombre, genio de la república, orgullo nacional y familiar, pide piedad ante tan inusual situación) del asunto. Entonces dejan de tocar la puerta. Empieza a pensar en la inteligencia del juego y decide jugar. Se queda sentando y espera que el ligero eco de los golpes cesen la vibración del metal. Así pasa unos cuarenta y cinco segundos sin que pase nada. Hay una gota de sudor que intenta develar su interior nerviosismo. Él lo niega limpiándoselo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-A m… mi no m… me jo… jodes má… más – va volteando la silla para seguir en lo suyo con la computadora, y vuelve a sonar la puerta, más duro que nunca, más insistente que antes, más chocante e impertinente (bis). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es él, ahora, el álgido momento del huracán. No es por voltearse, puñetear la mesa de la computadora – que del tiro se apaga – o lanzar la silla contra la puerta. Eran los gritos ahogados de la desesperación de este loco&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Loco será el abuelo tuyo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Está bien. No diremos más nada. Te quieres volver más loco anda. Vuelve a abrir la puerta a ver qué pasa. Va a llegar a un punto en el que si sigues así te la van a tumbar y cuando te asomes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Cállate!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ok. Ok. Nos callamos. No hagan ruido que va a abrir la puerta nuevamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Al abrir la puerta)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Buenas – muchacho con uniforme y una pizza en la mano. El loco lo mira mientras la rabia se le disipa -. Disculpe, ¿usted es el señor (…)? – lo mira extrañado. Pone la cara que ponen los perros cuando la ladean un poco mientras tratan de entender lo que pasa -. ¿Señor? Le traje la pizza que pidió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Yo? – hace memoria. Hace memoria -. Yo no recuerdo haber pedido nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Disculpe ¿Es usted el señor (…)?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí. ¿Cómo sabes tú cómo me llamo? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Señor – el muchacho ya está impaciente -. Mire. Recibimos una llamada hace una hora pidiendo una pizza con jamón, queso, anchoas y peperoni. Varias veces otros de los panas que entregan las pizzas han venido y han tocado esta puerta. Tengo rato tocando la puerta y quiero saber si es usted el señor (…). Y no quiero ser grosero pero ando apurado como usted se debe imaginar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si – duda pero comienza a recordar -, sí. Yo tengo hambre – le suena la barriga.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;-Son (…) bolívares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ok. Ok. – va sacando plata del bolsillo – aquí está. Quédate con el vuelto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ok. Gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mira – con la pizza en la mano ataja al muchacho -. ¿Sabías tú de lo ingrato de las artes? – el muchacho lo mira de lejito extrañado. No contesta. El loco duda un poco en salir más allá del umbral pero así lo hace para acercarse más al muchacho que por instinto lo que hace es alejarse – Yo lo sabía y le dejé irse por eso ¿sabes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Dejó ir a quién – en los manuales de conducta y tratamiento con el público de la pizzería indican que a los locos hay que seguirles la corriente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-A Susana. La dejé irse por el arte. Por insistir. Porque uno insiste en lo que le gusta y eso quita tiempo y el tiempo para ella era necesario. Y la falta e plata porque al principio es duro pero después uno agarra alguito y se resuelve – recalca la pizza como acento -. Pero ella merecía más – hace una pausa mientras el muchacho va pensando en la manera de escabullirse de la situación incómoda. Susana, Susana, Susana -. ¿Sabes? Mi papá tenía un taller mecánico. Él fue el que me dio mi primer block de dibujo pa que pintara mis vainas de carajito con témpera. Pero también me enseñó la mecánica y aprendí que jode. Pienso que tal vez pueda dedicarme a eso, sacar un tiempito chiquitico pa pintar mis vainas y después, cuando haya hecho una platica la busco a ver si todavía tengo chance.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El momento de duda del muchacho se dibuja en su contorno y queda tan claro como el agua. Por eso es que los locos hablan solos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vaya chamín. Dele tranquilo. Y gracias. – y nuestro barbudo amigo, más tranquilo y sosegado, vence un día más la tartamudez parida de la rabia y la frustración. El desamor atosiga y él empaca las maletas. Mientras lo hace la puerta tiembla con los golpes desesperados. Sonríe la paz de la decisión tomada de espaldas al escándalo. Sus cimientos granean partículas ínfimas de cemento y pintura. El candado pareciera un corazón que late a punto de salirse de algún pecho. La luz entra un poco más brillante por los bordes a cada bum bum que le dan. Nuestro loco – ya no le molesta que le digan loco – prende la computadora, entra en el facebook y escribe en su muro “Güevones!!!”, y espera que los carajazos que no han parado tumben la barrera impuesta entre él y la realidad. Al final, cae el metal magullado. Luz y viento invaden el hueco. Dejó todo menos la pizza. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;J. Gregorio Maita&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-2335999424101925093?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/2335999424101925093/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=2335999424101925093' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/2335999424101925093'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/2335999424101925093'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2011/05/detras-de-la-puerta.html' title='Detrás de la puerta'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-7739494053063155108</id><published>2011-03-30T06:08:00.000-07:00</published><updated>2011-03-30T06:09:31.197-07:00</updated><title type='text'>Paréntesis</title><content type='html'>Busco, busco, busco. No encuentro a la niña, no encuentro a la niña. Era así de pequeña, me llegaba por la cintura más o menos. Señora, señora, ¿no ha visto a una niña así de este tamaño? De ojos grandes y pelo liso castaño. Blanquita ella. Muy bonita. Mi niña, se me perdió. La tenía al lado mío y se me fue sin que me diera cuenta. Y el río suena y yo creo que se fue para allá porque le hacía gracia el río. Le dije, le dije varias veces que el río es bonito pero de lejos. El río es así mamita, le dije. Incluso le acerqué la manito para que lo tocara, pero con cuidado. Ella con calor. Todos con calor. Ella quería meterse al río. Hay gente alborotada en la orilla. Yo corro, corro y corro pensando, rogando encontrármela en el camino. No está. No la veo. Le pregunto a los vigilantes. Reportan por radio una niña que se me perdió. Qué le voy a decir a la mamá. Qué le voy a decir a mi esposa. Que se me perdió la niña. Ni de vaina. Si no encuentro a la niña o me matan o me mato. No hay de otra. Y sigo viendo la gente y los vigilantes corren. Yo corro detrás de ellos. Al llegar la gente señala así, hacia el río. El río tranquilo. Sigue su corriente y su ruido. Pero la gente señala. Señalan allá, cerca de la piedra que está un poco metida en la corriente. Y veo una manito que desaparece. Veo la manito y siento que grito pero ya no me escucho. No pienso nada y me lanzo. Me lanzo porque aquella manito blanca, delgada y suave me jala. El corazón me palpita rápido. Siento el río ahora en todo mi cuerpo. El agua me cubre. Nado como loco sin dirección. Creo que es por aquí y braceo. Braceo, braceo. Estoy desesperado. Mi niña bonita, mi niña bonita. No veo nada. El Caroní es oscuro, frío. Parece espeso mientras me introduzco en él violentamente. Nado y braceo, pataleo más fuerte. Estoy lleno de aire y fuerza. Siento entonces en lo profundo unas manos que me tocan. Reacciono. Me falta el aire, me falta el aire. Mi niña, mi niña. Me hago del cuerpo pequeño de la niña. Es mi niña. Yo sé que es mi niña. Pero el aire y las fuerzas me faltan. El río me jala hacia abajo. Braceo, pataleo y siento la profundidad del río más pesada en mis venas. Braceo, pataleo. Hay una corriente mágica que recorre mi cuerpo. La conciencia pareciera írseme de las manos. Tengo en mis brazos el cuerpo ahogado de mi niña. El poco aire que me queda y grito. Grito en suma desesperación. Hay una fuerza superior que me jala hacia abajo con mi niña y todo. Mi pobre niña. Segundos pasan. Milésimas de segundo. Esa fuerza superior me sabe a mierda. Yo saco a mi niña de las tinieblas del río que no tiene la culpa de la salvajada. La culpa la tengo yo por descuidarme. Porque estos niños no son como era uno. Obediente y sometido. Y de un jalón grito. Y sé que gritar debajo del agua es estúpido, pero la rabia me encoge y me empuja como resorte. Y voy hacia arriba. Se me va el alma. No llego. Siento que no llego a la superficie. Y en el último instante saco a la niña. La lanzo. Discúlpame hija por soltarte así. Discúlpame. Yo no quería hacerlo así. Quería hacerlo como las películas y sacarte del riesgo de la muerte temprana en brazos de tu papi que tanto te quiere, caminando hacia la orilla con los aplausos de la gente. Pero no se pudo. Ahora me entrego al estupor de la muerte porque el río tenía que llevarse a alguien hoy. Discúlpame hija. Me voy tranquilo. En el fondo siento el alivio del resurgir de tu aliento. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;J. Gregorio Maita&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-7739494053063155108?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/7739494053063155108/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=7739494053063155108' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/7739494053063155108'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/7739494053063155108'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2011/03/parentesis.html' title='Paréntesis'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-3362605071175885962</id><published>2011-03-28T07:30:00.000-07:00</published><updated>2011-03-28T07:32:03.984-07:00</updated><title type='text'>Reflexión sobre Piar</title><content type='html'>Ahora, en plena fiesta bicentenaria, Guayana y su octava estrella alumbran. Esta región en contemplativa observación, no digamos como alternativa no-petrolera, como cúspide turística, y ensalzada, cual princesa a la postre de un lento, pero lentísimo desarrollo, se encuentra más que nunca a la víspera de la reflexión.&lt;br /&gt;Y es que para los venezolanos a veces el reflexionar significa doblar algo más que las rodillas. Valga decir, el anciano orgullo patriota, que en dosis adecuadas colma de pasión los corazones y despierta en el más inerme el valor necesario para levantarse todas las mañanas, ciega frente a nuestros ojos, como la penumbra, el abismo. Pero el pensar en el pasado que se ve tan lejos en el almanaque y tan cerca en la significación filosófica, tan momentánea y natural en nosotros que nos tardamos unas cuantas decenas de años en comprender para tratar de comprendernos, que ni es lo mismo ni se parece igualito.&lt;br /&gt;Somos, aquí bajo este cielo particular, en la Guayana esquiva que pareciera guarecerse de los lobos selváticos – que son varios y por montón –, verdes como las hojas del guayabal o del indio desnudo, una especie de ciudadanos particulares. Y con lo de particulares, déjenme por favor ser más claro, adormecidos y sentados en la pesada lumbre del no encontrar sentido a nuestra existencia.&lt;br /&gt;¿Duro no? Qué le vamos a hacer. Desde la Presidencia de la República, y más específico, desde el partido de gobierno se ha soltado la orden como fiera. La crítica como ejercicio sano, necesario y cuya línea lo que permite es limpiar de mala hierba este puerto de la economía de extracción, cuyas empresas básicas son el reflejo del modelo más arcaico del planeta. Alguien tenía que hacer el trabajo sucio y desde mediados del siglo 20 los que decidían levantaron la mano por nosotros. Sus fantasmas mantienen tan digna pose.&lt;br /&gt;El criticarnos, si lo vamos a hacer en serio y no como juegan nuestras niñas las muñecas, debería encender la chispa que a un Manuel Piar impulsó a tomar esta tierra por asalto en nombre de la República. Bolívar en aguantar el avance se equivocó, y muy antibolivarianos seríamos en darle a nuestro Libertador la esencia infalible de los Papas católicos.&lt;br /&gt;Por eso, la fecha sagrada que nos ubica desde un 11 de abril de 1817, y que terminaría por confirmar lo firmado hace ya casi 200 años, debe recordarle al país lo profundamente guayanés que es Venezuela. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;J. Gregorio Maita&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-3362605071175885962?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/3362605071175885962/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=3362605071175885962' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/3362605071175885962'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/3362605071175885962'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2011/03/reflexion-sobre-piar.html' title='Reflexión sobre Piar'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-468788323554112837</id><published>2011-03-28T07:29:00.000-07:00</published><updated>2011-03-28T07:30:23.782-07:00</updated><title type='text'>Pandemónium (La vigencia de las tinieblas en un paraíso posible)</title><content type='html'>Esta capital del infierno, en muy superior estado de gravidez, adecentó el pormenorizado cine venezolano en una época imposible. Y es esa su esencia. Más allá de lo estético, esta puesta teatral, donde Chalbaud es maestro – más que en el cine, que exige tanto del movimiento de elementos, como la quietud de los mismos, las elipsis exactas unidas a una respiración constante por parte del cineasta, o la visión del público a través de la cámara como testigo fiel de lo que no se dice – reduce en compendio errante el ideario político, confuso, ajeno y exaltado de nuestra república.&lt;br /&gt;Ver la película estrenada a duras penas en 1997, con caras conocidas que ahora parecen espectros fantasmales como Amalia Pérez Díaz, Orlando Urdaneta o Miguel Ángel Landa, es purificarse en las bacterias que, con los años, han cocido la mezcla en un caldo brioso y de un sentido narrativo particular. Hermosamente particular.&lt;br /&gt;Y es que, la ignorancia presente como espectro dubitativo de lo que somos como conglomerado pasea por cada uno de los fotogramas de la película. Uno ve en el personaje de Adonay el traspapelado entorno cultural del artista venezolano, que sin serlo – y la trascendencia histórica que los niega a la humanidad - puede y sabe decir las cosas como son, pero sin pies para ejecutarlas. En Radamés, hijo predilecto del sistema capitalista cuyo gran predicamento moral de No importa de dónde sacas los reales, lo importante es que los tengas, es la podredumbre desde dentro, embrión de la miseria.&lt;br /&gt;Pero el serlo no es lo más importante. El caos. La película pudiera ser la viva voz de nuestros abuelos hablándonos del futuro que nos espera, con exagerado acento. Una Demetria entregada al sexo, no como necesidad de expresión amatoria, sino como consuelo a las faltas humanas de las que sufre. Es ella la expresión más fidedigna de la libertad sexual femenina, diseminada en nuestras generaciones cuyo fin es el placer del macho y no el entendimiento de la libertad de tomar tu cuerpo como elemento dominante de la expresión espiritual. &lt;br /&gt;Está allí, en Pandemonium, el colorido de una Venezuela vaticinada en el desastre neoliberal, porque no hay otra forma de llamarlo. La deshumanización del venezolano que pide humanidad, la conceptualización de otros para identificarnos a nosotros, la lástima del hombre que lee, de los libros inútiles para definir su punto y aparte, la cultura como lastre social, la compasión y misericordia como limosna universal, mientras la depravación, la corrupción, y el hambre por más, de no se sabe qué, se toman la silla de mando para mostrarnos un país que afortunadamente no existe, pero que pareciera tocar las puertas de nuestro sótano para salir, y que si así lo hiciera, seríamos todos responsables. &lt;br /&gt;No sé si fue esa la intención, pero no daría mejor homenaje al reflejo analítico de un país que amó y del que tanto escribió José Ignacio Cabrujas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;J. Gregorio Maita&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-468788323554112837?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/468788323554112837/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=468788323554112837' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/468788323554112837'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/468788323554112837'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2011/03/pandemonium-la-vigencia-de-las.html' title='Pandemónium (La vigencia de las tinieblas en un paraíso posible)'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-5099505703975319121</id><published>2010-12-20T14:50:00.000-08:00</published><updated>2010-12-20T14:51:13.032-08:00</updated><title type='text'>Sembrando Ideas</title><content type='html'>Nolan ha trabajado y se nota. Su puesto, demarcado en la diferencia de criterio, en el control del argumento, en la más simple y pura inteligencia, ha echado sal alrededor suyo, meado en las esquinas de su hipotética oficina, y marcado distancia de lo que Hollywood ha hecho últimamente. Su más reciente película, Inception, se despega de la cartelera y flota por allí, iluminando el pasillo, porque es ese el futuro de Nolan, un pasillo que a pesar de sus éxitos no ha tocado el techo ni se ha tropezado con un bache escondido en la alfombra roja. Esta extraordinaria película se desarrolla en el subconsciente humano. Una matemática relación entre piezas pegadas con lógica y engranadas una con otra en una realidad tan increíble que el sentido de la paradoja parece perfectamente claro en este laberinto.&lt;br /&gt;Eso es Inception. Un laberinto urbano, contemporáneo y conceptual que no oscurece. La experiencia del cine, sin embargo, se me tornó a visita de médico. Ya de Nolan esperar otra cosa es perder el tiempo. Ya este director, sin ser predecible, es la garantía inequívoca de agarrarse duro del asiento, pues sus películas son, más allá de lo comercial, más allá de lo convencional en números de taquilla, una cachetada que ya uno se espera y que recibe con gusto. Es peligroso ese pasillo pues la sorpresa desaparece sustituyéndose por la excelencia del que se vislumbra ya como uno de los grandes íconos del cine mundial. &lt;br /&gt;Pero Inception, y esto en una pequeña conversación con Alfredo Calzadilla, es algo más. Hablar de los límites que rompió El Caballero de la Noche es entenderla como lo que es: una película que fue más allá de las fronteras que se le daba a este subgénero de superhéroes. Pero Nolan nunca se había acercado tanto a un mensaje político, o a establecer una posición sobre el equilibrio de las cosas. Se podría pensar que una película intimista, de las que Hitchcock tuvo, de las que Bergman exploró, de las que muestran sin querer ese submundo emocional tan negro como contemplativo al estilo de Kubrick o Haneke, con personajes en un mínimo de movimiento o en un espacio delimitado, Nolan podría sentirse incómodo.&lt;br /&gt;¿Es Nolan un director de propuestas más allá del oficio? Habrá que darle chance a ser más explícito en lo que quizá pudo decir con Inception. Si bien el dilema ético presente en El Gran Truco tuvo un sabor general, sin apuntar con el dedo necesariamente, Inception se atreve a señalar puntos neurálgicos de la sociedad en la que vivimos. La película habla de la dificultad de llegar a esos rincones escondidos de la mente humana para sembrar una idea. Pero qué podríamos decir sobre sembrar una idea o cómo se come eso. La actitud, como hecho psicológico, no es más que la forma en que, gracias a un conjunto de percepciones que tenemos sobre un asunto, vemos esa idea, cosa o persona, y es lo que define la manera que reaccionaremos ante ello.&lt;br /&gt;No quiero arruinar la experiencia para los que no la hayan visto, pero el elemento que me parece interesante sobre la película es que, por un lado tenemos al heredero de un gran imperio industrial, que es el objetivo de los protagonistas. ¿Qué tienen que hacer? Hacerle cambiar de idea sobre la acumulación de poder. Desmontar un imperio creado previamente por su voraz - ¿capitalista cabría decir? – padre. Para mí es un mensaje político. El dedo de Nolan pareciera bajar poco a poco ante la desmesurada intención del orbe y los grupos de poder insertados como plutocracia sacramental. Es una reflexión casi subliminal que se menea entre las olas de una trama enrevesada y hasta cierto punto confusa, pero lógica y bien tramada. ¿Hay en Hollywood una corriente ideológica que pretenda deslindarse de viejos códigos y proponga nuevos? Lo más probable es que estos tímidos intentos, que una vez hicieran a Stone lo que fue y ya no quiere ser, sean cada vez más, presente y futuro en esas lecciones que nos da el cine como espectáculo de masas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;J. Gregorio Maita&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-5099505703975319121?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/5099505703975319121/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=5099505703975319121' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/5099505703975319121'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/5099505703975319121'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2010/12/sembrando-ideas.html' title='Sembrando Ideas'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-2638954830941336045</id><published>2010-09-14T08:06:00.000-07:00</published><updated>2010-09-14T08:08:14.282-07:00</updated><title type='text'>¿Qué hizo Herrera Luque para merecer esto?</title><content type='html'>Las voces, tratadas con desatino, pocas veces han sido dispuestas a la malformación de expectativas, como el que dijera que esta es la mejor película de la historia del cine venezolano, como la libertad de quienes la ostentaron para quitarle la libertad a otros, como lo hizo Luis Alberto Lamata en este intento por encumbrar el relato de uno de los personajes más funestos de la historia venezolana, y que al mismo tiempo, tal y como lo reflejara el mismo protagonista, Juvel Vielma, fuera una cumbre puesta en la ficción.&lt;br /&gt;José Tomás Boves es fascinante, desde cualquier punto donde se mire, y su historia, esa que narró con virtuosismo Francisco Herrera Luque en su novela “Boves, el Urogallo”, es una oda a la más honda raíz de lo que somos como venezolanos. Este libro reposa benigno en el rincón de la colección que formo con reverencia de este autor en mi humilde biblioteca, y pocas veces he recibido de una lectura tal excitación. Los elementos visuales y dramáticos plasmados en esas páginas rectangulares dan para uno de esos sueños que tengo como aspirante a cineasta. Esculpir a Boves en película debe ser, a mi entender, la experiencia más expedita y menos superficial en la historia del cine, me atrevería a decir, mundial. Este asturiano, antihéroe de la república que quiso fundar Bolívar y que por poco lo logra si no le hubiera atravesado el costado una lanza familiar, encierra en sí una paradoja tan grande, que ni el más prodigioso de los escritores habría imaginado.&lt;br /&gt;Es el signo de Venezuela el tener las cosas de anteojo y dejarlas así, a la flojera natural, tal cual. “Taita Boves”, película muy a medias, es al igual que su protagonista, un reflejo del país en que vivimos: la concreta subutilización de todos los recursos que nos brinda el poder fílmico (en la parte de “poder fílmico”, coloque usted cualquier otra cosa). Lamata, aferrado al gimnasio non-creativo de la televisión, nos muestra un Boves apasionadamente interpretado por un actor que no tiene la culpa de rebajarse a un texto que subestima la oscuridad interior y avasallante de la novela de Herrera Luque. Una obra que nos presenta esa paradoja andante que buscaba un destino propio, muy lejos del rey de España o de las intenciones republicanas, un hombre hecho por sus enemigos cuyo apetito voraz despertó de los cimientos del odio extremo, de ese sudor irrespetado de las razas confabuladas entre sí para la puñalada trapera. Una obra de arte que no merecía el apuro de semejante desprecio.&lt;br /&gt;La película de Lamata esconde, sin propósito alguno, aferrada casi en su totalidad a los planos medios, desentendida del expresionismo alemán que tanta belleza le ha brindado al cine, confundida con expresiones coloquiales propias del siglo XX y puestas al ruedo a principios del XIX, con cadáveres mamoplásticos en escena, la esencia misma de semejante obra maestra, tirada a un lado con la excusa pobre de la “interpretación libre”, que por un lado ofende, pues es ella la fuerza que corrompe, y por el otro salva pues no la suma a semejante liberación de purgatorio. Tenemos cien años intentando hacer cine, dijo Cabrujas. Este no es de los más cercanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;J. Gregorio Maita&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-2638954830941336045?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/2638954830941336045/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=2638954830941336045' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/2638954830941336045'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/2638954830941336045'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2010/09/que-hizo-herrera-luque-para-merecer.html' title='¿Qué hizo Herrera Luque para merecer esto?'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-8316967233087551116</id><published>2010-08-30T06:50:00.000-07:00</published><updated>2010-08-30T06:52:17.599-07:00</updated><title type='text'>Corazonero</title><content type='html'>&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 12"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 12"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CADMINI%7E1%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtmlclip1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;o:officedocumentsettings&gt;   &lt;o:relyonvml/&gt;   &lt;o:allowpng/&gt; 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Que la benigna influencia de su poesía hecha cine inunde los ojos de cuantos pueda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;El taller, cerrado a los vientos repentinos de las tardes, no dejaba recuerdos superpuestos en los mesones desordenados en ese orden que la planificación asume como tal. Después del descubrimiento, tal posibilidad, de mejorar, incentivarse con el acomodo matemático de las cosas, el cambio de las cortinas, la pintura de las paredes y quién sabe si unas lámparas en el techo, no era sino un lujo, para él, claro está. Su porte, menos que normal, dejaba ver un oficio entre herrero y mecánico automotriz con viejas mañas. Qué lejos estaba la vista de la verdad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Estudié psicología e hice una maestría en psicología social y comportamiento humano. De tanta ladilla le hice caso a mi mamá, como cosa rara, y estudié en mi tiempo libre medicina comunitaria, y desde ese entonces, sabiendo suturar y toda la cosa, me convertí en cirujano, y también fui leyendo como herencia de mi papá, manuales de mecánica industrial.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Cualquier persona que lo viera en su vida imaginaría que usted fuera un intelectual.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Disculpe señorita, pero mi trabajo no es intelectual. Es más. No creo que llegue a artesano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-La manufactura de recuerdos, sueños y corazones rotos es todo un negocio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Como negocio eso sí. No me quejo no vaya a ser que se me vaya la suerte. Por lo menos no soy un botarata ni ando por la calle repartiendo real como los hermanos míos que quedaron en la ruina después de la crisis económica.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Sacude el trapo y recuerda que ese domingo, antes de abrir la puerta, desistiría del trabajo semanal para un pequeño descanso antes del retiro. Sin fecha de regreso a las labores cotidianas, se dedicaría a atender bajo cuerda a personas desesperadas. Había trazado una estrategia que le permitiría decidir a quienes debía atender. Recibía correos electrónicos en una primera fase de filtro, pues no era propenso a perder el tiempo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Me decía usted que hay mucho tráfico.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Creo que una protesta estudiantil en la avenida Las Américas. Los puentes trancados. Usted sabe como es el asunto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Esta ciudad. Es como el signo de la dualidad. Tan diferentes y tan necesarias una de la otra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;San Félix y Puerto Ordaz se convirtieron de repente en el núcleo de una noticia. El esperpento de puerta que recibe a las visitas tronaba con rabia entre latón y soldaduras puestas a medida que las roturas las estimaban necesarias. Él, viendo el caso como algo interesante, terminó por oprimir el botón que desbloquea el seguro eléctrico. Ese chirrido espantoso que no terminan de mejorar nunca.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Deberían buscar la manera de que eso suene por lo menos más bonito.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Detrás de la puerta una joven sentida, de cabellos largos en rulos que nacían negros y terminaban cobrizos. Mirada hundida en ojos marrones profundos y llorosos. Marcas en las muñecas que enseñaba como muestra de reconocimiento a la cámara que la vigila.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-¿Esos perros son bravos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Sí. Sólo se les puede distraer con comida. Yo aprieto este botoncito de aquí – llevaban caminando la mitad del enorme e improvisadamente cerrado galpón – y les sale una pequeña cantidad de sobras del almuerzo. Hoy salieron premiados porque comí parrilla. Ya con eso no molestan hasta mañana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Yo tuve un perrito así de chiquito. No le había puesto nombre porque no me gusta encariñarme con los animales porque en el edificio donde vivo no permiten tener mascotas, así que terminé por hacerme la dura y tutearlo para que viniera cuando lo llamaba. Claro que cuando estaba la comida lista no era necesario llamarlo porque él solito venía. Era cuando se ponía a ladrar que le decía “Mira, tú”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Entonces se llamaba Tú.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Cada vez que le decía “Mira tú”, él venía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Asiente su mirada tímida y sigue adelante como si supiera a donde van. Se reacomoda las mangas de la chaqueta y esconde la piquiña de las muñecas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Ya va que se me olvidó echarle tranca a la puerta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Vuelve sobre sus pasos dando tumbos al pañito manchado. Silba alguna tonada y piensa, interrumpiéndose, en la ironía de la música y su uso en el llano venezolano y en el procedimiento a seguir. La muchacha, desde allá, a varios metros, como detenida por un respeto infundido por todo el protocolo generado desde los filtros de internet, parece gritar algo desde el lugar donde la dejó, enternecida por el rocío tenue que bajaba del envejecido zinc transparente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Él apenas voltea mientras sigue yendo hacia la puerta. En medio de la distracción provocada y la pregunta de costumbre cuando no se oye bien lo que le dicen, tropieza con la esquina de uno de los tantos mesones de latón. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-¿Le pasó algo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Ay. Me di.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-¿Se siente bien?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-No es nada – se soba el huesito de la cadera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Voltea la muchacha que se lleva la uña del pulgar para seguir comiendo. Murmura el hombre algo y recuerda seguir tarareando la tonada. Cuando el asunto estaba en su apogeo logró, en medio de la desesperación de la gente por el método revolucionario, enviar un mensaje escrito que resonaría claro en las autoridades competentes:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;“En medio de un mundo donde ya los antidepresivos no hacen efecto, he descubierto un método que inhibe la desolación que sufren muchas personas. Sin embargo y debido a la demanda de esta mal llamada cura, pues no la considero como tal, y careciendo sinceramente de todos los conocimientos metodológicos que rigen los procedimientos científicos, no puedo dar garantía de los resultados, a pesar de que hasta ahora los cientos de personas que he atendido han evolucionado satisfactoriamente. De igual manera solicito la ayuda de las autoridades del estado venezolano para que me brinden su colaboración mientras despejo algunas cosas. Voy a entregarles el método para que lo masifiquen sin costo alguno para la república, pero necesito seguridad en vista de que mi vida privada se ha convertido en una constante zozobra.”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Suena la puerta y los pasadores correspondientes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Tá listo – suena el pañito - ¿Qué me dijo? – el eco y el conocimiento del espacio de trabajo le dan ventaja para comunicarse.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-¿Qué si eso duele?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Se detiene por un momento y la observa. De lejos sabe que la observación detallada no se puede determinar por la persona observada. Es un escaneo completo. Así trabaja la lástima.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Bastante. Nunca intenté – continua avanzando – hacerlo con un anestesiólogo debido a que mucha gente se ha interesado en conocer los detalles del procedimiento. Pero si duele señorita. Y bastante – entre ríe.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Ella suspira. Voltea otra vez hacia el centro. Aquella zona del galpón era un hundimiento. Una zona circular rodeada de dos escalones y donde el piso, hecho de baldosas de concreto diminutas, dejaban salir los pequeños vestigios de grama que en el resto del galpón eran inexistentes. Una vez frente a frente&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-El procedimiento es el siguiente. Esa es la camilla. Usted deberá colocarse en posición fetal levantándose la camisa y bajándose un poco los pantalones de manera que me permita introducir una aguja de este color – hace la mímica – de manera que puede extraer el líquido de la médula espinal. Debemos hacerlo con exactitud y usted debe ayudarme pensando en cada una de las cosas que me dijo, pero una por una. Sacar el líquido es un procedimiento delicado y doloroso, así que trate de concentrarse para que cada cosa salga de una y no tengamos que extendernos por toda la tarde.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Ok – resignada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Acuéstese entonces.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Hay otro mesón en el cual se fija. Lo cubren por completo varias matas de sábila. Pone atención especial en un frasco de vidrio que alguna vez fue de mayonesa y que contiene un líquido ámbar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Vamos a usar este señor por aquí, eso en caso de que pudiera presentarse alguna infección.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-¿No habría que esterilizar nada?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Esto es más como una inyección. Igualito cuando le sacan sangre. La aguja que voy a usar ya viene metida en su empaque.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Ok – alivio que vino y se fue.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Ella sonríe y suelta un suspiro íntimo. Obediente procede a tomar la posición sugerida dejando ver un hermosísimo tatuaje en su piel blanca. Una orquídea delineada en un púrpura tenue que se extiende en una pequeña sombra degradada en el mismo color. El Corazonero para en seco por un segundo. Utiliza el algodón como salvación del tacto curioso. La orquídea pareciera llamarlo, como si ella misma tuviera un corazón en el centro para atravesar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Bonito tatuaje.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Gracias. Fue idea de una de mis hermanas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-¿Tiene varias?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Dos. La que me dio la idea del tatuaje fue la periodista.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-¿Y la otra qué es?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Mamá de un pocotón de muchachos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-¿Ah, sí? ¿Cuántos tiene? – termina de limpiar la zona con el yodo, deja en el borde de la camilla el algodón usado y destapa el empaque hermético de la aguja. Tiene un parecido con las que usan para llenar balones, con una rosca en el extremo saliente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Tiene cinco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Pero eso tampoco es un pocotón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Para mí sí que me los calé desde carajitos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Bueno. Ahora se queda quietecita que esto necesita un pulso de cirujano – se interrumpe brusco -. ¡Coño! Ya va, que se me olvidó ponerme los guantes. Menos mal que no toqué nada todavía – ríe.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Cuidao, mire que me gasté todo lo que tenía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-¿En el tatuaje – a lo lejos mientras busca la caja donde guarda los guantes – o en este asunto?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-En este asunto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Entonces – ya más cerca – no era mucho lo que tenía guardado – agarra otra vez el algodón, vuelve a mojarlo con yodo y… &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-No todo el mundo es millonario.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Bue… tiene razón. Yo como no tengo mucho de qué preocuparme. Ahora sí. Si le duele mucho o siente que se va a desmayar me avisa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Ok.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;La punzada intensa la electriza. Un sudor frío recorre su cuerpo en medio de esa ola veloz que los nervios activan elevando los vellos en pequeñas expresiones de carne de gallina. Cierra los ojos humedecidos y brotan lágrimas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-¡Ay!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Aguante un poquito. Aguante un poquito que esto es así. Si hubiera otra forma – de la rosca saliente una pequeña manguera – con mucho gusto le evito el mal rato a los pacientes, pero… - una gaveta casi escondida, dispuesta estratégicamente debajo de la camilla, emerge. En ella están una serie de contenedores de vidrio de distintas formas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Dale tranquilo – entrecortada – que yo soy una mujer aguantadora.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Él piensa que eso se lo ha dicho mucha gente. La aguja penetra limpia y serena. Se ayuda con la presión uniforme de la mano y el pulso del hombre que procede. Al llegar al punto, como marca mental, cierra la boquilla del otro extremo de la aguja con un pequeño tapón. Abre la gaveta y saca tres frascos distintos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-¿Cómo se siente?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Ok – su voz sale mientras puja el aguante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Ahora lo que vamos a hacer es tomar este frasco y empezamos de una vez para no perder el tiempo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Ok.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-¿Puede hablar de manera fluida?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Creo… que sí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Ok. Vamos a enfocarnos ahora en algo que podríamos llamar desengaño. Es decir, algo que recientemente haya marcado su vida con esa dolorosa sensación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Ok.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Ojo. Puede ser reciente o no. Lo que necesitamos es que sea un recuerdo vívido. No sé si me explico.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Dígame cuándo… empezamos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Cuando quiera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Ella suelta otro suspiro, liberado con presión. El sudor frío parece calmarse mientras trata de acordarse de lo que le ocurrió hace unos años.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Yo y mi mamá no nos llevamos muy bien, y eso nos había mantenido enguerrilladas desde que tengo uso de razón. Pero ahora que lo pienso y he venido pensándolo desde que estaba por venir acá, tengo que darle la razón, porque si uno la caga tiene que asumirlo, o por lo menos eso me dice mi novio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Continúe.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Lo cierto es que un día ella, obstinada de todos las guevonadas que hacía, terminó por botarme de la casa… ya va – trata de acomodarse.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-No se mueva muy bruscamente que se puede retraer el líquido y tendríamos que volver a empezar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Es que duele bastante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Se lo dije, pero aguante y siga antes de que pierda impulso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Bueno… me botó de la casa y yo me fui confiada que cuando se hiciera de noche me llamaría al celular para decirme que me regresara pa la casa. Lo cierto es que no me dijo nada, ni me llamó ni nada. Cuando veo que es tarde, eran como las diez de la noche, llamo a mi papá para echarle el cuento y me dice, entre otras cosas que yo tengo derecho a vivir en esa casa, que ella no es quien para botarme. Yo le digo que no me ha llamado y que andaba por la calle con unos amigos desde temprano pero que me dejaron sola porque a esa hora no se puede andar por esa zona y tal. Él supuestamente llama mi mamá y ella le dice que si bien yo tenía derecho sobre la casa de ella, también lo tenía sobre la casa de él. Eso fue lo que me dijo mi mamá después. Lo cierto es que yo, con el hambre y el sueño, esperando que mi papá me llamara para ver qué coño iba a hacer con mi vida esa noche por lo menos, termino por ir a su casa. Él vivía con su esposa de toda la vida, y no es que yo nunca supiera que era una bastarda, y mucha gente me dice que esa es una palabra muy fea pero es la realidad ¿no? Cuando llego me recibe un pocotón de gente que me veía raro. Mi papá, que andaba medio borracho, cuando me vio se quedó en el sitio, viéndome con cara de perro regañado, con la boca abierta y tal. Total que yo esperando que él me reciba como me había recibido siempre, con cariño, pues el hombre ha soltado la botella, y mientras la esposa le gritaba un poco de cosas feas, que si la hija de la puta del cerro que te conseguiste, yo que también andaba medio borracha tampoco entendía bien el asunto. Lo cierto es que con ese impulso, una cosa como inmediata, mi papá me agarró duro del brazo y me botó de su casa – hace una pausa para tragar grueso -. Y mientras yo le decía llorando, que me dejara quedarme a dormir hasta la mañana mientras yo arreglaba las cosas con mi mamá, el trancaba el portón con candado y se volteaba tranquilamente, como si nada. Como si yo no fuera su hija. Y justo cuando me disponía a decirle sus cuatro vainas a ese piazo e mierda, llegó la esposa, prendió la manguera del jardín y me mojó mientras la gente que estaba en la reunión me veía riéndose.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Hay un sollozo. El Corazonero mueve su cabeza con lentitud, acostumbrado como está a las desgracias ajenas sin llegar a un límite su sorpresa ante la miseria humana. Mientras avisa que está listo deja caer algunas gotas de un líquido transparente en un tubo de ensayo, tapándolo inmediatamente. Vuelve a poner el taponcito en el lado saliente de la aguja y se levanta para tomar el hombro de la muchacha sin decir ni una palabra. El sollozo evoluciona en llanto amargo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Ya terminamos con una cosa. Ahora viene otro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-¿Todavía?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Necesitamos por lo menos tres para crear un balance. Esto es algo así como los ejes cartesianos en tercera dimensión. Ya tenemos el “x”, ahora nos falta el “y” y el “z”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-No se preocupe – trata de secarse las lágrimas sin moverse mucho – que tengo como para todo el alfabeto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Volviendo a su posición, el Corazonero mira el techo. Queda suspendido en el pensamiento vacío.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Si usted no posee realmente un permiso para realizar ciertos procedimientos en pacientes, ¿cómo es que el gobierno lo ha dejado trabajar hasta ahora?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-El empirismo. En más de una ocasión han tratado de implantar el orden en Venezuela, y muchas veces han sido cuantiosos los daños del fracaso. Claro que la crisis justifica métodos artesanales. Es el contexto histórico que vivimos que hace que las cosas fluyan como hasta ahora. Y también hay que tomar en cuenta que no he sido yo el que dio a conocer lo que hago. Todo ha sido hecho de manera confidencial con todos y cada uno de los pacientes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;¿Pero qué lo motivó a realizar todo esto? ¿No estaba contento con su práctica profesional o hay alguna otra cosa? Nos quedan pocos segundos…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-No realmente. En una ocasión, en medio de la crisis, en su etapa más álgida cuando muchos de los medicamentos que conocíamos dejaron de hacer efecto en el organismo humano, un paciente llegó a mi consultorio de la manera más sonriente que usted se pueda imaginar. Me estrechó la mano y sin mediar palabra se lanzó por la ventana. Su esposa lo había dejado sin un bolívar en la cartera, y a pesar de tratarlo por meses, dándole la convicción de que sus hijos, todavía pequeños, lo necesitaban, él estaba más preocupado por la vergüenza de ser pobre que por otra cosa…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Nunca ha encontrado la paz interior en el dolor ajeno, ni siquiera sabiendo cómo marcar distancia. Vuelve al trabajo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Ahora vamos con la rabia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Mejor conocida como la macha arrechera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Ya veo que el sentido del humor sigue allí. Eso es bueno – ella ríe apenas, como un pestañeo -. Después le cuento un chiste.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Ok. ¿Qué hago ahora?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Lo mismo pero, aunque no pareciera haber diferencia…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Yo quería mucho a mi papá.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Ok. Ya no lo quiere tanto. Yo tampoco así que podemos seguir. Igualito como lo hizo ahorita pero con alguna vivencia que le haya dado, como usted dice, una macha arrechera, que no la haya dejado dormir por un mes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Esta me dejó sonámbula.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Usted dele tranquila que vamos muy bien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Voy – avisa en la bajada -. Yo tenía una amiga que se crió con nosotras. En realidad éramos un montón de carajitos que nacimos y crecimos casi al mismo tiempo. Esta amiga era amiga de una prima que se crió como mi hermana y ella me la presentó cuando yo tenía como diez años. Esa prima tiene una hermana mayor – se tuerce un poco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Cuidado. Se puede mover pero poquito a poco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Ok.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Siga tranquila que yo estoy pendiente aquí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Bueno. ¿En qué estaba?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-La hermana mayor de su prima.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Bueno. Ella se casó con un chamo que en su momento era policía. Ella si era mayor que nosotras como por siete años. El caso es que un día, a esta amiga de nosotras le dio por curiosear como era eso de tener sexo con tres hombres al mismo tiempo. Yo supe de eso un día, le dije que estaba loca, que no se le ocurra, que qué iba a pensar su mamá y bla bla bla. El hecho es que un día me manda un mensaje la prima esta que se crió conmigo y me dice que la vea en un sitio donde nosotras rumbeábamos regularmente. Yo de pendeja fui como si nada. Cuando llego al sitio, era un bloque y ella me llamaba desde el balcón de unos apartamentos. Lo cierto es que esta prima que se crió conmigo como hermana, se desarrolló a los catorce años de una manera que no había forma de que le quitaran los ojos de encima. Ni hombres ni mujeres podían dejar de ver a la carajita esa porque se había convertido literalmente en un hembrón. Lo cierto es que yo subo y veo un montón de gente rodeando la sala y cuando me asomo es cuando veo a esta amiga de nosotras montada encima de un tipo, con otro tipo montado encima de ella y otro más allá sentado mientras ella le hacía lo que le hacía con la boca. No sé si me entiende.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Lamentablemente sí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-No es que sea una monja ni nada, pero era la vaina de ver a esta amiga mía en ese plan. Delante de un gentío y con entusiasmo, de paso. Lo cierto es que en ese momento, antes de yo meterme a ver el asunto, la primita mía me da un vaso con uno de esos coctelitos que estaban de moda, con vodka y jugo de naranja. Lo cierto es que cuando yo veo a la niña esta en ese plan, yo me trago completico el coctel que me dio la prima mía que se crió conmigo como hermana. En ese momento todo se me nubló. Los recuerdos de lo que pasó después se me hacen vagos. Recuerdo si que estaba como tirada en una escalera cuando llegó uno de los primos míos que también tenían la misma edad mía, junto con el esposo de la prima esta que era mayor que nosotras. Este primo le decía al otro algo como que “cógete tú a esta mientras yo me cojo a la otra”. Después me acuerdo en el sofá del mismo apartamento cuando se venía uno, y otro, y otro encima de mí, como animales se me pegaban y me lo metían sin soltar la botellita, y la gente alrededor, la gente que yo veía desde niña, viendo y riéndose de la gracia, porque era un chiste pa ellos – llora sin parar de hablar. El Corazonero la sostiene por la cadera para evitar movimientos bruscos – que se estuvieran cogiendo a la hija de la pendeja. Total que con el escándalo llegó la policía, y yo todavía desmayada que no podía moverme ni decir nada, cuando el jefe de los policías manda a desocupar el apartamento, me meten entre varios en el baño para sacarme lo que los otros me habían dejado adentro y mientras lo hacían me seguían violando – se contuerce del llanto. Con la rabia muerde el puño, saliva más de la cuenta, grita. El Corazonero la sostiene impávido -. Me vinieron a dejar tirada bien lejos, completamente desnuda. Cuando me encontró mi mamá fue el drama del siglo. Ella reclamándole a la hermana porque la hija y el esposo de la hija, y en eso le salió este tipo, el esposo de la prima mayor, y le pone la pistola en la cabeza a mi mamá para que vaya a joder a otra parte. A la final terminamos por irnos de allí y mi mamá nunca volvió a ver a su familia desde entonces. Pero el asunto quedó así y esas plastas de mierda…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Quita el tapón. Sale el líquido. El Corazonero lo atrapa en un frasco de compota. Tapa con rabia y pide permiso para tomar agua. Ella pide que también le traiga. Detrás de una pared cercana al centro hay un saco de boxeo que presume su quietud. Detrás de éste está el dispositivo que baja el agua purificada. Toma el vaso y ve el saco. Parece masticar el líquido y mira fijo, contenedor de emociones. Lo suelta y por un momento es el siglo XX. Es la explosión de vacío, sin júbilo, obnubilado por la macha aquella y descarga el puñetazo y parece que se ahoga en un grito mientras, sin control de su inercia, el saco se estrella en la viga y emite un sonido que lo descubre. Respira ahora profundo y la muchacha, ya calmada, conteniendo todavía el incómodo dolor, pide el agua preguntando qué pasó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Ya la llevo, que esta vaina se atoró.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Toma el agua con avidez y sirve un poco más para la paciente. Antes de irse logra agarrar un pitillo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Aquí está.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Gracias – después de tomar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Ahora, lo que vamos a hacer es extraer – el fenómeno de la extracción física es el principio de su mezcla – un recuerdo feliz que me permita reconstruir algo de lo que hemos sacado, a ver si hay forma de hacerlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Ella hace un gesto de risa que termina con la mueca de la molestia por la bendita aguja en la espalda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Qué esperanza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Quédese tranquila – coloca el vaso en el piso – que hasta ahora llevo un record perfecto – le da la vuelta al mesón y vuelve detrás de ella -. Una vez estuvo por aquí un expresidente. No le digo el país porque tuve que firmar un contrato de confidencialidad. El mismo que le hacía firmar a los pacientes cuando llegaban…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Yo no he firmado nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-No es necesario porque mañana le doy el método al gobierno. La salud no es algo que deba llevarse de forma privada permanentemente, y ya está bueno de tanto real. Lo cierto es que este expresidente me echó el cuento cuando era abogado y andaba por la calle y de repente mientras avanzaba con el carro ve a una tipa que, según me dijo, estaba buenísima – hace una pausa para enfatizar el cuento -. Pero cuando él me dijo eso, yo, como cualquier morboso, le pregunto qué tan buena. “Buenísima, tan buena que no tenía ningún desperdicio. Más bien, todo alrededor de esa mujer estaba demás a la vista”, me dijo él, que por cierto estaba en la misma posición en que está usted ahorita. Total que, cuando él ve a este mamacita, que va caminando por la orilla de la calle, él baja la velocidad y le empieza a decir “Mami, porqué no te montas”. Ella, mujer al fin, se ríe de la gracia pero sin pararle mucha bola. Le vuelve a decir, con más delicadeza “Mami, anda, móntate”. Ella se ríe otro poquito pero sigue sin pararle al tipo. Entonces el vuelve a decirle “Mami, anda chica, no seas maluca. Móntate”. Entonces ella deja de caminar y voltea con ganas de pegarle un grito al carajo. Entonces la tipa empieza a decirle que es un falta de respeto, que cómo se le ocurre que ella se va a estar montando en el carro de un tipo que ella ni conoce. Cuando de repente él, en un radical cambio de actitud, le dice “Que te montes en la acera bruta `el coño que te va a pasar un carro por encima”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Ella ríe. Es un rayo su risa. Ese tiempo minucioso que da la carcajada que termina como una delicia apagando momentáneamente el dolor. El Corazonero sabe cómo manejar esas situaciones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Ay, ay. Qué malos son ustedes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-¿Nosotros? Ustedes que no caminan por donde deberían.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Y yo pensando que la vaina iba por otro lado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Es que todas son unas mal pensadas – sigue el estertor de la risa conjunta. Él le advierte que ya es tiempo de seguir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-¿Un recuerdo feliz? Lo tuve aquí. Después de unos años, ya con el cambio de ambiente y la cosa como que agarré escarmiento, aparte de que por supuesto mi mamá me metió a hacer un tratamiento psiquiátrico. Ya no teníamos la nefasta influencia de mi papá que después de ese día ni me preocupé en buscarlo o hablarle. Él sí lo hizo los dos primeros meses y varias veces se apareció por la casa, pero después que se enteró de lo que pasó como que le entró el machismo y decidió no insistir más en hablar conmigo. Lo cierto es que tuve una recaída durante el tratamiento cuando los medicamentos dejaron de hacer efecto con toda la crisis mundial de los medicamentos y las drogas. Ya ese cuento es viejo. Lo cierto es que cuando cumplo los veintitrés me entusiasmo por estudiar en la universidad, y en la universidad conozco a un muchacho, que ni tan muchacho, cuando lo conocía tenía veintinueve, ahora tiene treinta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Yo tengo treinta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Disculpe, pero para mí un hombre de treinta años ya es un viejo…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Como decir que cinco hijos son un pocotón de muchachos. Yo creo que a esta aguja como que le falta entrar un poquito más.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-¡Cuidao! Él es mi recuerdo feliz porque me devolvió la fe en los hombres y en la gente en general. Me enseñó a leer, o mejor dicho, me enseñó a disfrutar la lectura de sus libros amorochados en su hamaca en el balcón de su apartamento. Mi mamá lo adora. Se la pasaba hablando con ella como si fueran amigos y me aceptó con todos los defectos habidos y por haber. Cuando decidimos contarle lo que había pasado estábamos asustadas de que de repente no entendería, pero fue todo lo contrario. Al día siguiente nos fuimos a Caracas a visitar a su mamá que vivía con una de sus hermanas por los lados de Chacaíto. La doñita triste porque había quedado en silla de ruedas. Allí me contó que él mismo fue el origen de una tragedia que no vale la pena ni recordarla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-¿Listo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Sí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Recoge el líquido en lo que fue un frasco de colonia. Al retirar la aguja y limpiar el área intervenida, ella procedió, con la instrucción del Corazonero, a recostarse. Pudo fijarse en el techo transparente. La luz de la tarde, disminuida en intensidad, se filtraba difuminándose, creando formas en las particiones de luz que se estrellaban con las ramas de plantas silvestres que se atrevieron a crecer en ese encierro. Todo parecía rodeado de un musgo verde y al respirar se sentía el sofoco de la purificación. Él se había internado detrás de unos helechos para realizar el proceso de mezcla. Cuando terminó, logró la unificación de un suero incoloro íntegro y denso. Dentro de las circunstancias, en medio de una cierta euforia por ser su último paciente, dejó la interrogante para la despedida. Buena forma de romper el protocolo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Aquí está.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Ella toma la jeringa envuelta en una bolsa hermética. La mira como viéndose a sí misma, un espejo en alta definición de su historia, y las cadenas que unen a unas con otras le chocan entre las cejas. Frunce el ceño.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Siento ahora los recuerdos como amarrados en esta inyectadora.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Para ser exactos ese es el refuerzo. Las propiedades químicas de la angustia dentro de la psique mantiene cada recuerdo por separado. El procedimiento lo que hace es tomar un poco de lo mejor y echarle un poquito a lo peor para que no moleste tanto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Tengo hasta ganas de llamar a mi papá.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-La paz interior es la cúspide amiga mía. Uno jode y tal, pero si hubiera otra respuesta a lo que usted y todos los que han pasado por ese mesón tienen, no hablaría tanta paja.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-¿Y esto es para…?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Debe aplicarse medio cc cada tres días a partir de ahora hasta que se termine. Con eso el ciclo se completa y le garantizo que podrá disfrutar nuevamente de la vida como debió disfrutarla desde siempre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Y usted qué va a hacer ahora – guarda el refuerzo en el bolsillo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Voy a ver televisión hasta que llegue el día de mañana. Recuerde guardar eso en la nevera pa que no se l e sancoche.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Caminan hacia la salida. Se quita los guantes en el camino mientras lo experimentan en silencio. La salida se siente distinta a la entrada. La lentitud de sus pasos determina la extraña conexión. Las historias enloquecen, perturban. La experiencia, inolvidable de alguna forma, se transforma en acumulación. Él abre la puerta, como un caballero. Ella sale como toda una dama.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-Bueno. ¿Será que necesita una asistente para lo que vaya a hacer más adelante?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Las buenas intenciones vienen acompañadas por conveniencias particulares. El método del Corazonero viene envuelto, como la jeringa de la mujer que está paralizada en la imagen esperando que termine la perorata del que escribe el paréntesis, en un secreto superior. Este descubrimiento era insoportable un día más, pues la cuota de resistencia del hombre fue copada. Ese es el ingrediente obviado. El sacrificio propio de esa energía, fuera de agujas y utensilios que es la autoflagelación del hombre que asume el dolor ajeno. De allí tan raro altruismo. Por eso su respuesta a tan noble oferta no podía ser más rotunda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;-No – y se cierra la puerta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;" align="right"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;J. Gregorio Maita&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-8316967233087551116?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/8316967233087551116/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=8316967233087551116' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/8316967233087551116'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/8316967233087551116'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2010/08/corazonero.html' title='Corazonero'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-8226211424246914453</id><published>2010-08-12T15:22:00.000-07:00</published><updated>2010-08-12T15:23:09.413-07:00</updated><title type='text'>Taxistas obligados a callarse por clientes furibundos</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-size:14.0pt;line-height:115%; mso-ascii-font-family:Calibri;mso-ascii-theme-font:minor-latin;mso-hansi-font-family: Calibri;mso-hansi-theme-font:minor-latin;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;***Si al montarse en una de tantas unidades vehiculares para trasladarse a su destino rápida y cómodamente, no le dirija la palabra. Puede ser expulsado de la misma&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-size:14.0pt;line-height:115%; mso-ascii-font-family:Calibri;mso-ascii-theme-font:minor-latin;mso-hansi-font-family: Calibri;mso-hansi-theme-font:minor-latin;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-size:14.0pt;line-height:115%;mso-ascii-font-family:Calibri; mso-ascii-theme-font:minor-latin;mso-hansi-font-family:Calibri;mso-hansi-theme-font: minor-latin;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;J. Gregorio Maita&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-size:14.0pt;line-height:115%; mso-ascii-font-family:Calibri;mso-ascii-theme-font:minor-latin;mso-hansi-font-family: Calibri;mso-hansi-theme-font:minor-latin;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-size:14.0pt;line-height:115%; mso-ascii-font-family:Calibri;mso-ascii-theme-font:minor-latin;mso-hansi-font-family: Calibri;mso-hansi-theme-font:minor-latin;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Javier Martínez, presidente de la Asociación Nacional de Taxistas en Guayana, Asonatax (Cápsulas), en rueda de prensa informó sobre el establecimiento de un régimen de “Ley del Hielo”, tan popular en novios arrechones, para con los usuarios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-size:14.0pt;line-height:115%; mso-ascii-font-family:Calibri;mso-ascii-theme-font:minor-latin;mso-hansi-font-family: Calibri;mso-hansi-theme-font:minor-latin;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;La medida es un llamado de protesta al alto contenido de conflictos generados por choferes, que en su buena fe intentan encaminar una conversación con las personas que ocupan momentáneamente sus vehículos, ya sea sobre el Magallanes, o los gloriosos Leones del Caracas, algún tópico religioso, o un asomo chavista o antichavista, para que se prenda una soberana flatulencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-size:14.0pt;line-height:115%; mso-ascii-font-family:Calibri;mso-ascii-theme-font:minor-latin;mso-hansi-font-family: Calibri;mso-hansi-theme-font:minor-latin;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Muchos de nuestros asociados han recibido una incontable cantidad de mentadas de madre, cuestión que ha llamado nuestra atención debido a que no es justo que con todo el calor y las colas que nos tenemos que calar, para que de paso venga alguien a nombrarnos de manera grosera a nuestras progenitoras por el simple hecho de decir algo con lo que no están de acuerdo, y de paso que lo hacen muchas veces en la pata e` la oreja de uno sin tomar en cuenta que eso aturde.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-size:14.0pt;line-height:115%; mso-ascii-font-family:Calibri;mso-ascii-theme-font:minor-latin;mso-hansi-font-family: Calibri;mso-hansi-theme-font:minor-latin;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Martínez, con lágrimas en los ojos, exhortó a las autoridades a tomar medidas en el asunto, eso sí, “que no se pongan a estar pidiendo carnet de taxista porque eso no forma parte de la cultura venezolana.”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-size:14.0pt;line-height:115%; mso-ascii-font-family:Calibri;mso-ascii-theme-font:minor-latin;mso-hansi-font-family: Calibri;mso-hansi-theme-font:minor-latin;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Ahora tenemos con esto una gran cantidad de problemas que hacen que nuestros taxistas manejen de una manera no tan adecuada – sí, claro -, pues el estrés es una vaina seria.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-size:14.0pt;line-height:115%; mso-ascii-font-family:Calibri;mso-ascii-theme-font:minor-latin;mso-hansi-font-family: Calibri;mso-hansi-theme-font:minor-latin;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Añade Martínez que debido a la crisis económica, la necesidad de la población y de los mismos taxistas, hace del ejercicio de la profesión un “matrimonio a juro”, por lo que tantos unos como otros deben seguir teniendo una relación, pero ya sin la relajante interacción de la habladera de paja.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-size:14.0pt;line-height:115%; mso-ascii-font-family:Calibri;mso-ascii-theme-font:minor-latin;mso-hansi-font-family: Calibri;mso-hansi-theme-font:minor-latin;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Una vez se me ocurrió decirle a una señora – explica Ramón Medina, taxista afectado emocionalmente por la situación – que el socialismo era una doctrina político económica que tenía cuatro vertientes: la utópica, la cristiana, la científica de Marxs y la revisionista de la cual deviene el famosísimo Estado del Bienestar, y sin más me deseó que el diablo me lleve, como a Popeye, tirándome encima el café caliente que tenía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-size:14.0pt;line-height:115%; mso-ascii-font-family:Calibri;mso-ascii-theme-font:minor-latin;mso-hansi-font-family: Calibri;mso-hansi-theme-font:minor-latin;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Profesionales de todas las áreas forman parte de este tan importante sector de la economía, por lo que un baluarte de la educación en el país puede perderse.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-size:14.0pt;line-height:115%; mso-ascii-font-family:Calibri;mso-ascii-theme-font:minor-latin;mso-hansi-font-family: Calibri;mso-hansi-theme-font:minor-latin;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-En más de una ocasión – añade Martínez - hemos resuelto problemas gravísimos de la vida de nuestros clientes como tesis de grado y uno que otro parto repentino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-size:14.0pt;line-height:115%; mso-ascii-font-family:Calibri;mso-ascii-theme-font:minor-latin;mso-hansi-font-family: Calibri;mso-hansi-theme-font:minor-latin;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Algunos usuarios, consecuentes con el trabajo de los choferes, profieren palabras de consuelo y dolor, pues para ellos, en medio de la soledad tan en boga en estos tiempos de rapidez multimedia, muchas veces la palabra de un amigo taxista es consuelo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-size:14.0pt;line-height:115%; mso-ascii-font-family:Calibri;mso-ascii-theme-font:minor-latin;mso-hansi-font-family: Calibri;mso-hansi-theme-font:minor-latin;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Yo que soy una madre cuyo marido – cuenta Dolores García, clienta fija del servicio – a veces se pierde, porque yo sé muy bien que ese degenerado perro sucio y muérgano tiene otra familia por ahí escondida, como si uno fuera bolsa para no darse cuenta – llora profusamente – de los desgraciados que son. En más de una ocasión – se suena los mocos – una, tan sola que anda en la vida, porque no sólo por el hecho de estar casada uno va a tener compañía, porque andar con el marío mío es como andar con un policía que lo que vive es dándole órdenes a una como si uno fuera una lavadora – hipea la señora García -, usted no sabe lo bien que una se siente cuando se monta en un taxi, que eso fue lo que me pasó en estos días cuando me puse a seguir al marío mío cuando se fue pa` la casa de la bicha esa que tiene por un barrio que ni siquiera me acuerdo del nombre para que no me de rabia, ¿sabe?. El pobre taxista se ha puesto a consolarme, a hablar con una porque eso es lo que uno necesita. Alguien que lo escuche.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-size:14.0pt;line-height:115%; mso-ascii-font-family:Calibri;mso-ascii-theme-font:minor-latin;mso-hansi-font-family: Calibri;mso-hansi-theme-font:minor-latin;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;El gremio, representado por Martínez, quien ganara las elecciones el año pasado por un amplio margen de abstención, se dirige a la opinión pública para reflexionar sobre el alto grado de perdición que tiene la tolerancia, sobre todo en una época donde la misma debería, digo yo, ser la norma (¡carajo!).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-size:14.0pt;line-height:115%; mso-ascii-font-family:Calibri;mso-ascii-theme-font:minor-latin;mso-hansi-font-family: Calibri;mso-hansi-theme-font:minor-latin;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-La sociedad debe darse cuenta que somos algo necesario. Con lo maluco que es el transporte en Guayana, por ejemplo, nosotros formamos parte fundamental de la vida diaria, y exigimos respeto, y que se nos tenga un poquito de paciencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-size:14.0pt;line-height:115%; mso-ascii-font-family:Calibri;mso-ascii-theme-font:minor-latin;mso-hansi-font-family: Calibri;mso-hansi-theme-font:minor-latin;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Algunos usuarios, por el contrario, han mostrado satisfacción con la medida, debido que algunos taxistas se han dado la tarea del adoctrinamiento político, religioso o alguno de cualquier otra índole.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-size:14.0pt;line-height:115%; mso-ascii-font-family:Calibri;mso-ascii-theme-font:minor-latin;mso-hansi-font-family: Calibri;mso-hansi-theme-font:minor-latin;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Muchos de ellos – reclama Julio Ochoa, usuario a juro – agarran y nos ponen regaetón. ¿Y si a la gente lo que le gusta es bolero o heavy metal? Entonces uno se tiene que calar los gustos del taxista, porque es su carro y él es bravo o es familia de no sé quién. ¡No señor! Habría incluso que buscar la manera de hacer una separación entre la parte de adelante con la de atrás para que no haya ningún contacto. Si acaso una rendijita para uno darle los reales.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-size:14.0pt;line-height:115%; mso-ascii-font-family:Calibri;mso-ascii-theme-font:minor-latin;mso-hansi-font-family: Calibri;mso-hansi-theme-font:minor-latin;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;También han anunciado un grupo de usuarios la exigencia del uso de taxímetros, para que los taxistas tengan unas tarifas más acorde con las necesidades de los clientes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-size:14.0pt;line-height:115%; mso-ascii-font-family:Calibri;mso-ascii-theme-font:minor-latin;mso-hansi-font-family: Calibri;mso-hansi-theme-font:minor-latin;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Eso es imposible en este país. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-size:14.0pt;line-height:115%;mso-ascii-font-family:Calibri; mso-ascii-theme-font:minor-latin;mso-hansi-font-family:Calibri;mso-hansi-theme-font: minor-latin;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¿Por qué?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-size:14.0pt;line-height:115%; mso-ascii-font-family:Calibri;mso-ascii-theme-font:minor-latin;mso-hansi-font-family: Calibri;mso-hansi-theme-font:minor-latin;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Porque simplemente no se puede compadre. Eso es imposible. No me pregunte porqué – encoge los hombros Martínez – pero las cosas son así y eso es muy difícil cambiarlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-size:14.0pt;line-height:115%; mso-ascii-font-family:Calibri;mso-ascii-theme-font:minor-latin;mso-hansi-font-family: Calibri;mso-hansi-theme-font:minor-latin;mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;La realidad en Guayana se ha visto perturbada por esta situación, por lo que se le advierte a los ciudadanos que de ahora en adelante, cuando vayan a montarse en un taxi, piensen bien en las consecuencias de abrir la boca para hablar pendejadas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-8226211424246914453?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/8226211424246914453/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=8226211424246914453' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/8226211424246914453'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/8226211424246914453'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2010/08/taxistas-obligados-callarse-por.html' title='Taxistas obligados a callarse por clientes furibundos'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-6590872678781826883</id><published>2010-08-05T15:39:00.000-07:00</published><updated>2010-08-05T15:40:59.925-07:00</updated><title type='text'>Bergman en “Persona”</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aquel anciano meditabundo se desvistió un día por puro remordimiento de conciencia. Hablo de esa historia que por muchos años escondida se añejó en un guión magnífico que vino a flotar entre su pesar y su retiro. Ingmar Bergman abandonado en una isla de su país vino a manifestar su dolor, su culpa, su responsabilidad remota y tan allí, en medio de folios marcados con tinta, se acercó a quien fuera su tercer esposa, la actriz Liv Ullman, para que hiciera con semejante confesión lo que le diera la gana. Y así lo hizo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;He visto Persona, película cumbre de este director sueco, y en ella descubro el núcleo de todo un lenguaje ya visto en otros directores. Creo poder pecar de ignorante ante quienes sepan más del tema que yo y lean esto, pero puede ser esta película, cargada de una intención y subtexto magnífico – ese montaje experimental que nos la introduce fue perfecta antesala -, la referencia y a su vez una forma referencial de otros. Vi a Kubrick en ella, a Tarcovsky, a Lynch, a Aronosvky, a Fincher, a Lars von Trier, a Haneke. Vi tanto en una historia desarrollada sobre una actriz que vivió una mudez perenne por motivos indefinibles y que cae en las manos de una enfermera que para pasar el tiempo recorre los huecos y oscuridades de su vida. De aquí a la genialidad de esa mujer que sería de Bergman, pues Ullman, interpretando a una mujer sin habla expresa con gestos y miradas su parecer y comunica más allá de la palabra el padecer de un laberinto entre la amistad y el recelo, en este trama tan contemporáneo hoy como en los sesenta cuando se estrenó.&lt;br /&gt;Lo que me llama a escribir esto no es la agudeza de Bergman, ya comprobada, sino el meollo que envolvía a este genio en medio de la filmación de dicha película. Aquel guión que le diera a Ullman se convirtió en una película titulada Infiel, la cual cuenta la historia triste, absolutamente desgarradora, de una mujer que vive el delirio de engañar a su esposo con su mejor amigo. Marianne, y su esposo Markus, viven una vida sosegada y plena con su hija Isabel. David, amigo de todos, irrumpe como si nada ante una propuesta soltada así, al viento, porque un así se libera como animal salvaje. Marianne, tentada, cae, y de allí en adelante se tuerce el juego en el que la más inocente, la niña, termina por presenciar la muerte de sus padres, cada quien a su tiempo y tragedia, y la huida de David, que no es más que el eufemismo de Bergman en su papel de la vida real.&lt;br /&gt;Vi Infiel antes que Persona. La primera quebró esa muralla que se le da a los grandes hombres que uno en algún momento quisiera alcanzar, pues en esos errores garrafales, en las huidas tangenciales, está el signo de la humanidad. La segunda me atrapó por dobles sentimientos. La belleza de su propuesta fílmica y el pesar que estaba viviendo Bergman y su espíritu en ese momento tan crítico de su vida.&lt;br /&gt;Al final de todo, ambas fueron una gran experiencia emotiva, por ver una que Ingmar hacía mientras él, amordazado, vivía la otra. Creo que con algo de eso va el cine.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;J. Gregorio Maita&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-6590872678781826883?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/6590872678781826883/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=6590872678781826883' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/6590872678781826883'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/6590872678781826883'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2010/08/bergman-en-persona.html' title='Bergman en “Persona”'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-5872653228322698602</id><published>2010-07-06T13:13:00.000-07:00</published><updated>2010-07-06T13:16:10.182-07:00</updated><title type='text'>La Tonada como inercia cultural</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal"&gt; &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic; "&gt;“La cultura popular tiene amigos a montones, pero en ella se colean los zorros y camaleones”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="right" style="margin-left:241.0pt;text-align:right"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Estrofa de una canción popular&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="right" style="text-align:right"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Simón Díaz ha muerto. No es una morbosa cuestión mía el que lo mataran mientras estaba observando por el rabillo del ojo un partido de fútbol y los comentaristas soltaran la bomba para desmentirla después. Exploté con ella. Me vinieron tantas cosas a la mente, como molestarme airadamente con el presidente de la república si no declaraba luto nacional por lo menos cinco años con todas las banderas habidas y por haber a media asta. Las cosas que no hice o dejé de hacer al atender a su primogénito – Simón Díaz Jr. – cuando vino a hacer su programa de música venezolana aquí en Guayana. Esa influencia, ese conglomerado de coplas, símiles y metáforas desafiantes, literariamente conectadas con una poesía más allá del yo, más allá de los ojos de los hombres de escritorio y ciudad aglomerada. Simón Díaz ha muerto como insigne venezolano, y recordaba su programa, donde era obligado respirar viéndolo como un tío, porque eso es, eso fue para mucha gente que creció viéndolo como tal.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Aquí es donde se crean los íconos culturales. Esos elementos vivos aún después de la muerte, pues su legado al mundo es una braza ardiente que no cesa nunca en su rojo quemante, ni se disipa con el ir y venir de las lluvias que caigan. El tío Simón ha muerto y ese nervio distintivo que está al lado de la bandera se me movió. Sentí la necesidad imperante de pararme de donde estaba e ir a contarle a mi mamá la mala noticia. Y aquí parte mi planteamiento que es el más simple del mundo: con mi cara de congoja le hablo a mi madre mientras mi hijo me observa y pregunta ¿Quién es Simón Díaz?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Pregunta sin respuesta. De esas cosas tácitas del mundo donde viví. Una pregunta que raya en el surrealismo. Como si me preguntaran qué es el sol o el agua. Quién es Simón Díaz y me provoca darle un coscorrón. Son milésimas de segundo pensando tantas cosas con el equilibrio en el piso por la pregunta. ¿Y qué culpa tiene el niño de no saber quién es Simón Díaz? ¿No es mía la responsabilidad? Y un poco más allá. ¿Fue mi madre conscientemente quien me enseñó quién es Simón Díaz, o fue la onda de la cultura bien habida que llegó a mí a través de los medios regulares para hacer cultura?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Simón Díaz formaba parte del repertorio musical que acumulaba polvo en la casa. Estaba allí. Podías sacar uno de esos paquetes donde guardaban los vinilos y observar a Simón Díaz terciando un cuatro. Por dios ¡Había un cuatro al alcance de la mano! Uno estertoraba llano y se imagina con Gallegos la sabana. Uno veía la bandera somnoliento, pero era incapaz de reírse de su batir incesante. Las brechas culturales se abrieron como heridas y la responsabilidad es de todos. Si le preguntan a la abuela del niño quién es Daddy Yankee no sabrá ni papa. Nuestros hijos se saben hasta la forma del tatuaje que trae ese individuo en el prepucio. Quién es Simón Díaz es la presencia del fantasma. Es la colmena de avispas debajo de la cama. La pregunta de las mil lochas. Con esa interrogante se liberó la desesperación de quien es testigo fiel de la muerte de Simón Díaz. Lo matamos, y la muerte inexacta, que a veces es peor que la física, se conecta con otro elemento más desesperante. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;La Tonada llanera es tal o cual cosa. Una definición de la Tonada es imposible porque para mí es otra vaina. Es algo fuera de este mundo. El ejemplo audible de que la sencillez y el arte en su quinta esencia aplastan. Escuchar la Tonada de Simón es contemplar un cuadro magnífico. La Tonada de Simón es color y pálpito, es la respiración anhelante del sentir venezolano. Nuestro blues más contemplativo, pues su conexión con la naturaleza, el entorno en que se desenvuelve el hombre y sus dolores más profundos se encuentran contenidos en ese envase chiquitico llamado Tonada. Simón la rescató, y por ella él es lo que es, y ella es un concepto abstracto pero presente en algunos gracias a Simón. Tonada es el camino directo a la sumisión por su belleza.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Ahora, si hemos matado a Simón antes de su muerte, qué creen que pasará con la Tonada. Su reguero nutrirá la tierra sin la posibilidad de emerger otra vez más que como un objeto inanimado de estudio antropológico, si todavía somos algo parecido a un país en ese entonces. La Tonada morirá con Simón, porque en Venezuela tenemos la mala costumbre de que cuando muere el artista, el arte muere con él. ¿Dónde están los substitutos de Alí Primera (no me digan que sus hijos, por favor)? ¿Dónde está la nueva propuesta teatral a partir de lo que dejó José Ignacio Cabrujas? ¿Dónde puedo ver las vertientes en que se debió convertir el arte de Reverón? ¿Dónde están los sostenedores literarios de Miguel Otero Silva o de Arturo Uslar Pietri? ¿Dónde está el relevo del arte que sucumbió al paternalismo de estado y que ha vivido del petróleo sin crear nada?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="right" style="text-align:right"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;J. Gregorio Maita&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-5872653228322698602?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/5872653228322698602/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=5872653228322698602' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/5872653228322698602'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/5872653228322698602'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2010/07/la-tonada-como-inercia-cultural.html' title='La Tonada como inercia cultural'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-8440940107157870139</id><published>2010-03-15T06:37:00.000-07:00</published><updated>2010-03-15T06:38:40.731-07:00</updated><title type='text'>Viva la Ilustración</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;Alguna vez se me ocurrió una idea. Llevarla a práctica por mis propios medios era, más que ilusorio, una completa locura neandertal. Hacerla entre varios equilibraba la cosa en el sentido amorfo de la distribución de la locura y la pena del ridículo. Guayana, conformada ayer y hoy por trovadores del cabizbajo modelo de la economía de puerto, no ha encontrado mayor estimulación económica que el de la actividad minera. Por eso, el tan sólo ocurrírseme semejante cuestión de una cinemateca para esta ciudad, en la que habita casi el 70 por ciento de la población del estado Bolívar, implicaba ya un riesgo arrollador, y considerando mi carácter atropellado no podría tener más dignidad conmigo mismo que indagar.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;En lo cochino de la respuesta veo el trasfondo de la realidad cultural de mi país, adquirida ya la personalidad de la dejadez y el desencanto. Al encargado de esos menesteres le asomo la sugerencia, y su respuesta no fue otra que asumir que como eso existía en Ciudad Bolívar – que tiene derecho a tenerla, al igual que cualquier otra ciudad o pueblo del país – no era necesario aquí, pues con tan sólo haber una de esas cadenas nacionales de cine, de capital privado, era ya una alternativa para ver cine. Ahora ¿qué es una alternativa y qué es ver cine? Sin detenernos en zoquetadas ni en explicaciones estrafalarias, el ver el cine que muy diligentemente Hollywood nos presenta como tal, es en sí una contradicción, o por lo menos una enorme muestra de ignorancia.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;Dicho por el mismo Oliver Stone, quien fuera fiel asistente a las salas de cine de su país antes de meterse en ese negocio, la cultura cinematográfica hollywoodense se ha convertido en una máquina de frituras y otras musarañas. Cuenta este cineasta que tan sólo puede considerar películas al 25 por ciento que de ese país sale – incluyendo muchos de los esfuerzos derivados del cine independiente, que también los hay -, lo que da a un 75 restante el calificativo de basura audiovisual.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;¿Qué pudiera quedarnos a nosotros de ver una película como High School Musical? Si esperan que en algún momento me den ganas de salir del cine bailando, creo que están equivocándose de persona. Pero, también nosotros de alcahuetes, qué podríamos esperar de una película como Libertador Morales, que aparte de decir más de lo mismo, lo dice mal.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;La relación de la cultura en Venezuela es una entelequia, y pasaré por inadvertidas las chiflas burlonas de aquellos que piensen que no es nada nuevo. Ya la novedad no es la constante que pudiéramos llamar necesaria, cuando las cosas simplemente no se hacen bien. En el libro “La Mirada Encendida” del crítico de cine español Ángel Fernández-Santos, he encontrado un suculento compendio de frustraciones que como venezolano, aspirante a cualquier cosa, pudieran embargarme.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;Entre sus páginas hallo muestras de lo que es la cultura cinéfila en un país como aquella península ibérica, tan ajena a los desencuentros que como sudamericanos tenemos con esas mal entendidas muestras culturales.&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;Allá se les ocurre la desfachatez de demandarle a la Televisión Española (TVE) el que pase las películas en formato cinemascope por considerar el cambio al formato cuasicuadrado de la televisión una violación imperdonable el genio artístico del creador del filme.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;Es aquí donde encuentro en el libro de Fernández-Santos una comparación digna de tomar en cuenta y que tal vez nos sirva para poner un poco más claro el panorama, apartando ya lo político que de por sí (bla, bla, bla). Él habla del “negocio privado” y el “negocio público”, al explicar la excusa que da la TVE para pasar las películas en ese formato, pues es la manera en que las envía el distribuidor. Excusa pobre pues el procedimiento rutinario para esta televisora y cualquier otra empresa al recibir de su proveedor un producto defectuoso, es el de devolverlo y cambiarlo por otro que sirva. El seguir por este camino, y cito “no sólo ha vulnerado la integridad de una obra de arte, sino también la cultura de muchos de sus receptores” (Fernández S., 2007, p. 230)&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;Tales son las delicadezas de un país, que con sus pro y sus contras, se encuentra a años luz del nuestro, que sigue sumido en la personificación del vividor cultural y del movimiento inexistente de las masas hacia el entretenimiento cuando menos decente. Porque esa ha sido la herencia de modelos pasados y transiciones del presente de hacedores de cultura: la teta petrolera. Una partida anual justificada con miserables presentaciones que bien pudieran significar mucho menos de lo que le cuestan al país.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;A raíz de una película tan desastrosa como vacía por todos sus costados como “Comando X”, mucha gente se preguntó si de verdad habría que reflexionar sobre el trabajo de la Villa del Cine por considerar que ese dinero que se invierte en este tipo de películas nos pertenece a todos, y bien pudo invertirse en semáforos, pipotes de basura o en repintar las paradas de autobús. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;Recientemente pude ver como los que dirigen una compañía de ballet en Caracas se quejaban de que después de casi 18 años de contar con los espacios del Estado venezolano para realizar sus actividades, así como la respectiva colaboración anual, que “no enriquece ni empobrece a nadie”, el ministerio de la cultura simplemente les decía que hasta aquí los trajo el río. ¿Y qué podemos decir de las malas costumbres? ¿Creen ustedes realmente que cualquier manifestación cultural, sea teatral, literaria, musical, entre otras, no es rentable en otro país? Los países desarrollados tiene particularidades que los venezolanos no podríamos entender, como aquellas en las que las universidades son las que le dan dinero al Estado y no al revés por medio de proyectos de investigación en ciencias naturales o abstractas. ¡Qué disparate!&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;La cultura venezolana se ha convertido en un nido de liendres que esculca hasta más no poder en la miseria de nuestra conciencia como país porque no hay nadie que la despierte de su notorio letargo. Y nos cruzamos de brazos cuando en el mundo nos ven en los cines – si acaso – con películas como El Caracazo o Zamora, que parecieran ser cualquier cosa, menos cine. ¿Cuál es la diferencia entre lo que significa ser un negocio privado y un negocio público? Que el negocio privado siempre mantendrá sus intereses económicos por encima del arte, a diferencia del otro que debe mantener el arte por encima de cualquier cosa, por el simple concepto de respeto al ciudadano que se nutre de esa muestra cultural.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;Un ejemplo claro está en el cineasta Tomás Gutiérrez Alea, director de “Fresa y Chocolate” y considerado uno de los más grandes baluartes del cine mundial. Este cubano, quien parafraseando a un amigo suyo dijera que el socialismo es un libreto hermoso que ha tenido en cuba una puesta en escena desastrosa, es capaz de contar con el apoyo de su país para hacer buen cine, sin necesidad de ser muy afín a su gobierno. ¿Qué pensará de esto Román Chalbaud? ¿Que ganar un Cannes es darle alas al enemigo?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;Por eso, pienso yo, nos caería de maravilla, más que una revolución, una ilustración que nos develara la mayoría de edad con la importancia de lo trascendente y así despegarnos de tanto amamantamiento.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:115%;font-family:&amp;quot;Calibri&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; mso-ascii-theme-font:minor-latin;mso-fareast-font-family:Calibri;mso-fareast-theme-font: minor-latin;mso-hansi-theme-font:minor-latin;mso-bidi-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-theme-font:minor-bidi;mso-ansi-language:ES;mso-fareast-language:EN-US; mso-bidi-language:AR-SA"&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;J. Gregorio Maita&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-8440940107157870139?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/8440940107157870139/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=8440940107157870139' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/8440940107157870139'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/8440940107157870139'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2010/03/viva-la-ilustracion.html' title='Viva la Ilustración'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-3963345540933743801</id><published>2010-03-08T06:13:00.001-08:00</published><updated>2010-03-08T06:16:05.069-08:00</updated><title type='text'>El Silencio de las Ramas</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;u&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Año 2034&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;¿Ya volteaste a la ventana? ¿Te llama el viento, la lluvia gorda, el espeluznante sonido de las loras detrás de la pared escalonada de tú laboratorio improvisado? ¿Es el barranco de rocas bañadas en vapor lo que nace a metros de diferencia del amanecer dándote el aviso? Era ya el colmo del descuido, en tus invenciones cotidianas, hallar la manera de cambiar el mundo. ¿Preocupado por el mundo o por el periódico que no sabes si comprar por no tener la más mínima idea de qué día es? La maquinaria y el sonido disimulado del experimento. Tevines (marca registrada por la Corporación Hipermedia C.A.) listos, conectados a un sinfín de dispositivos inalámbricos pues la era del cobre a expensas del planeta fue convirtiéndose en una conducta moderada de utilización de recursos (aplica a todos los demás). Te tiembla el pulso, no por el café o el momentáneo nerviosismo, cosa genial que te derrumba al suelo del hombre que eres y que ahora piensas convertir en los anales de la historia hueca en página central. Alguien toca la puerta. Todavía es oscuro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Hola.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;La sin respuesta empuja a la mujer a adentrarse más en la bruma. El marido respira profundo como sintiendo el tictac que avanza, y retrasa la mirada esperando que su queridísima esposa lea su mente y lo deje en paz.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Chamo. Te estuve esperando toda la noche. No pude dormir. Llevas ya tres días metido aquí – mira el plato sobrevolado por algunas moscas – y apenas has comido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-He tomado mucho café - se incorpora, sabe que el tiempo se reduce a una tecla, y mientras mira sonriendo a su mujer, golpea decidido a no ver lo que pasa ahora en su ya definitivo último intento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Sí pero eso no es bueno. Se te puede subir la tensión como la última vez – analepsis a la vez que lo encontró sentado. Apenas podía respirar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Y tú te vas a enfermar de una bronquitis si te sigues mojando con la lluvia – las gotas golpean el vidrio y el techo machimbrado con furia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¿Ya terminaste? – el hombre ve en la &lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;pantalla la barra señalándole el progreso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Este ya es el último intento – no deja de mirar la pantalla -. Si no me sale me voy a trabajar como chofer en la compañía de mi papá.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Bueno. No es que no me parezca una buena idea – le parece excelente -, pero no creo que tú papá te deje hacerlo después de estar estudiando tantos años.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¿Ves esa barra que va llenándose de azul? – se acerca la mujer. Le pasa el brazo por detrás de la cadera al marido, un beso en la mejilla y observa la pantalla de manera menos trascendental que él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Sí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Si al final me sale el mensajito de que el proceso falló irremediablemente, te lo juro por mi hijo que mando esto pal carajo. Si a mi papá no le parece entonces que se vaya a lavar ese paltó. No puedo seguir perdiendo el tiempo en güevonadas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;La barra en descripción avanza solemne. Si llega al final, aprietas el esfínter para jalar ilusoriamente la suerte en esa dificultad de estar tan en perfecta posición. Su mujer atenta, esperando otra vez el mismo color brillante y terrorífico acompañado del sonido tan chocante. Pero nada. Avanza la barra azul brillante y a su lado la forma numérica de su gloria. En las veces anteriores la interpretación de los datos, traducción de los mismos en lenguaje legible por el hombre, llegaba a un máximo de ochenta y siete por ciento. Abre los ojos un poco más cuando llega a la cifra fatídica. Los terabytes parecieran detenerse, pero por un instante se aceleran llegando a ochenta y ocho por ciento. Su sonrisa despega. Le salta la pierna, le tiemblan las manos. Su rostro por un segundo se ilumina con el escándalo del éxito. La detractora perenne veía en él el desconcierto de su alegría infinita. Predispuesta ya a meterse la lengua en el rabo lo ataja con fuerza para que no vuele más alto que el techo cayéndose por la lluvia fuerte. Cuando el número llega a noventa y nueve la barra está apenas a un espacio ínfimo, un blanco escozor que no termina de llegar. Después de la lluvia y el llanto del hombre y el cielo se unen. La fiesta acaba de comenzar. Pero&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:2.0cm"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;“La región de Guayana a lo largo de la historia ha presentado evidentes dificultades de desarrollo, a pesar de la inmensa cantidad de recursos que ostenta, ya algunos agotados como muchos de ustedes saben, en su superficie y subsuelo, los venezolanos y en especial los guayaneses no teníamos la motivación necesaria para convertir esta región en una verdadera alternativa de desarrollo en el continente. Hoy, conmemorando los treinta años del día de la Explosión Cultural que se diera lugar el 11 de Septiembre del año 2017, somos testigos del avance, sin comparación en el mundo de lo que es ahora y para siempre, una de las más importantes ciudades en la historia de la humanidad.”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;No hay flashes. Las cámaras son ahora pequeñas esferas robotizadas que levitan manejadas a distancia, y que han alcanzado un nivel de contraste superior al ojo humano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:2.0cm"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;“El estado Bolívar puede decir ahora más fuerte que nunca que somos un orgullo nacional extraordinario. La Explosión Cultural dio el primer paso para entender las miles de posibilidades que nos ofrecía la naturaleza. En un momento, cuando sólo existía un puente que unía a esta región con el resto del país, ahora podemos ver el desarrollo de nueve superestructuras que cruzan el majestuoso Orinoco. La nueva capital de Venezuela, Venelia, fundada en el 2015 con la fusión en el centro del país de Caicara del Orinoco en el estado Bolívar, y el pueblo de Cabruta en el estado Guárico. Llegaron las experiencias e inversiones de países extranjeros, la transferencia tecnológica que diera inicio en la primera década de este milenio y que por consiguiente – interlocutor emocionado – nos llevó a este nivel científico y tecnológico convirtiendo a nuestro país en una potencia mundial. Además está lo ya conocido por todos ustedes que tan gentilmente nos acompañan en esta rueda de prensa en el auditorio de nuestra universidad – estructura futurista de gran envergadura -, las Artes como patrimonio nos dio el puente y la proyección a nivel mundial. Guayana, ahora convertida en meca del cine, el teatro, la literatura, la plástica, la música, el desarrollo tecnológico y científico, en fin – un suspiro más largo para el pecho que se expande -, Paris, Roma y Hollywood han reposado aquí en nuestros dominios sus legados, los cuales, orgullosos recibimos y renovamos – aplausos a lo largo y ancho de la urbe, pantallas flotantes que se desprenden proyectadas en todos los rincones, la población conectada a sus tevines -. En este momento estamos acompañados por el doctor – el hombre mira a su esposa contraída por la luminiscencia del alboroto por su descubrimiento -… el cual nos explicará a la sociedad entera, desde su alma mater, qué fue lo que descubrió y cuáles pudieran ser las ventajas de tamaño descubrimiento – el micrófono, punto rojo que flota se aparta y le indica al doctor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Hable ahora. Disfrute el momento mijo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Gracias profe – aclara garganta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:2.0cm"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;“Antes que nada me gustaría agradecer al profesor Martínez aquí presente por su apoyo incondicional en este proyecto. A mi esposa, mi hijo que no pudo venir por razones de horario y responsabilidad ya con la escuela, a mi familia, mi padre que tampoco pudo venir, mi mamá que vive en Venelia y que lo más probable es que me esté viendo – risas en pantallas de flexicristal desplegadas frente a él donde se asoman imágenes de periodistas de todo el mundo que transmiten simultáneamente, que traducen simultáneamente -, y a esta ciudad que me vio nacer hace ya unos cuantos años y que me brindó la oportunidad de desarrollarme dentro de esta especialidad, de la cual sale precisamente este descubrimiento que estamos a punto de dar a conocer a la opinión pública. Ahora si me gustaría que prestaran un poco de atención a lo que voy a decir para que puedan entender a groso modo lo que significa. Bien es sabido por nosotros que el hombre ha desarrollado una serie de códigos lingüísticos a través de la historia para poder comunicarse – poco a poco se fue haciendo el silencio acallándose los susurros de la hipercomunicación -. Pues de la misma forma en que nosotros los seres humanos desarrollamos un sistema de signos para codificar y decodificar un mensaje, la naturaleza tiene el suyo, y es eso por lo cual estamos aquí – pausa de suspenso -. Se despertó este interés en mí siendo aún muy joven cuando apenas comenzaba en la universidad la carrera de biotecnología informática. A lo largo de la carrera se hizo más presente el estudio de las teorías de la bioética y lo concerniente a la vida natural, tan golpeada incluso hoy en día en nuestro planeta. Esa vinculación permanente con el entorno me hizo reflexionar sobre la posibilidad que pudiéramos tener los seres humanos para comunicarnos con el medio ambiente. En su momento me pareció una locura, y les ruego que me dejen terminar para poder responder a sus preguntas – habló el hombre -, pero esa idea rondó por mi cabeza por un largo tiempo, hasta que logré descifrar un código insertado en la savia de los árboles que permite, con la debida descodificación, recolectar información, incluso audiovisual de los mismos sobre lo que pudiera haber ocurrido en su entorno a lo largo de su vida con una increíble exactitud. De la misma forma en que las computadoras al principio se desarrollaron bajo el sistema binario, este complejo sistema, muy superior al utilizado por las computadoras que ya mencioné, está determinado también por fases numéricas muy similares a las nuestras, lo cual indica cuan interrelacionados estamos con nuestro planeta. Ahora, si bien la intención del experimento era el de encontrar la manera más rápida de aprender de la naturaleza haciendo que ella nos hable de sí misma, quedé muy sorprendido cuando descubrí que la información que me daba la savia de la mata de mango de mi casa, que fue la casa de mi bisabuela y que ha pertenecido a mi familia desde entonces, era audiovisual. Por supuesto que el espectro audiovisual que se mostró en la pantalla de mi tevín fue una interpretación monocromática en verde de hechos que incluso para mi padre estaban olvidados, pero que efectivamente fueron verdaderos y ocurrieron hace muchos años atrás. De igual forma hicimos pruebas repetidas con árboles que circundan esta universidad y nos encontramos con evidencias de lo que fue el proceso de construcción de varios edificios, incluso este en el que estamos ahora – el público desconcertado, se miran las caras -. Dichas imágenes vienen acompañadas con lo que es una serie de sonidos que requirieron una interpretación más profunda y exhaustiva para poder reproducir sonidos reales que pudieran entenderse. Uniendo ambos de manera sencilla como lo sería con un programa de edición donde sincronizamos video y audio y tenemos un ejemplo como este…”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Una pareja reuniéndose. Hablaban murmurando, como escondidos sobre reunirse en alguna otra parte. El audio era fatal pero entendible y la monocromía en verde apenas dejaba detallar los rasgos de ambos. Se alejan del banco mientras un gran brazo mecánico desplaza una gran pieza de acero al edificio que está por terminarse. Lejos, tal vez en otra ciudad, un hombre se eriza, le duele el brazo y el pecho, cae al suelo al ver el video primitivo en su tevín con la imagen de su amada esposa y un amigo cercano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:2.0cm"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;“Aquí podemos observar como una pareja se reúne para ir a hacer ‘cositas’ – risas – mientras se muestra como se construye una parte final de lo que sería después la estructura donde nos encontramos en este momento – panean el entorno-. Ahora, ya mostrado esto y dando chance a que el profesor se acomode para la ronda de preguntas, debemos entender algo aquí. La naturaleza no nos hablará de ella misma gracias a este nuevo método de investigación, sino que hablará sobre nosotros. De igual forma sospechamos que buena parte de esa información ha sido heredada de alguna manera. En algunos de los árboles que hemos analizado hemos encontrado información incluso más antigua que la edad de los árboles estudiados, lo que a mí humilde entender significa que esta codificación es heredada de árboles más viejos que también heredaron de otros aún más viejos – toma agua -. Esto sin duda, y en eso estamos de acuerdo todo el equipo de trabajo de la universidad, cambiará para siempre la apreciación que tenemos sobre la historia del hombre en la tierra pues podremos saber con exactitud, por ejemplo, episodios difusos de la humanidad con mayor fidelidad que la de los libros, etc…”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;El mundo sentenciado. Los secretos convertidos en folletos abiertos en ramas que batiéndose al viento permanecían calladas ante la figura de un viejo que arrebata a una jovencita, la tira al suelo, la aplasta, la machaca con su voz, sus puños. Ahora el viejo, liberado de culpa por caminos pedregosos arremete contra el árbol. En la mayoría de las casas de gobierno del mundo, hombres y mujeres de escaños políticos de cúspides nebulosas armados con hachas conservadas y roídas en el tiempo caminan desesperados, acabando con los árboles alrededor. Otros, apartando sus desvelos, remontándose a esas vidas que algún día tuvieron, pudieron entender la importancia de tan vetusta vida, que verde los llamaba a defenderlas por encima de los intentos por derribarlos. Así, la gran matanza. Troncos pesados caen sin remedio a los pies de masas asustadas porque se sepan sus secretos más íntimos. Las religiones del mundo son punta de lanza en la caza de flora robusta matándola como si nada. Y en la quemazón el mundo arde también. Las temperaturas aumentan de manera vertiginosa a niveles apenas tolerables en las zonas cercanas al ecuador y el frío se ensaña con los países nórdicos. El oxígeno escasea y los mismos que cortan y cortan sin descanso se cansan cada vez más en su trajín. Sin embargo los árboles siguen cayendo mientras una espesa capa de humo corroe el planeta. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Papá – el muchacho preocupado -. Tengo miedo de las luces.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Tranquilo chamín. A ti nada te va a pasar – unas luces recorren los espacios, unas luces se acercan suavemente. La decisión soberana del mundo de desaparecer el descubrimiento, de internalizar en los que vieron la rueda de prensa que no era más que una mentira de una cuerda de locos que buscaban subsidios con buena publicidad. Los descubridores, crucificados, silenciados, cuidadosamente halados para que sus hijos no se dieran cuenta de que sería la última vez que los verían. Así marchaba el fin de las eras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="right" style="text-align:right"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;J. Gregorio Maita&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-3963345540933743801?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/3963345540933743801/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=3963345540933743801' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/3963345540933743801'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/3963345540933743801'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2010/03/el-silencio-de-las-ramas.html' title='El Silencio de las Ramas'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-4840105257611361103</id><published>2010-02-22T06:44:00.000-08:00</published><updated>2010-02-22T06:46:11.315-08:00</updated><title type='text'>La pantalla desentendida</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Una niña con ojos tiernos se debate entre la duda y la esperanza. Su madre, avezada probablemente en los métodos clásicos de crianza donde las historias crean vínculos cercanos entre la fantasía y la realidad, establece un acuerdo ya tácito como las circunstancias con la bioanalista, donde en una esquina departen en una conversación sumamente corta, tan corta que la niña apenas se da cuenta de lo que sucede. La expectativa es que se quede quieta, el pinchazo no duele.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;A lo largo de nuestras vidas las experiencias cercanas a la mentira nos encuentran descuidados en cada esquina. El proceso de crecimiento en un país como este, tan alejado de la verdad como las estrellas, por demás incierto, sin que la redundancia sea disculpa, está para nada distanciado de los principios que se nos muestra en las películas que hemos visto desde niños. La ironía con que &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Bart Simpson&lt;/i&gt; remeda al famoso ratón de la “perversa corporación” &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Disney&lt;/i&gt; es tan sólo un bocado. &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Disney&lt;/i&gt;, entre todo el mundo de fantasía creado, le ha hecho un mal al mundo: el demostrarle bajo vericuetos discursos audiovisuales a los jóvenes que el ser “bueno” es lo único que basta para conseguir las cosas. De allí el eterno peregrinaje en la búsqueda de un hada madrina, pudiendo ser ésta cualquier sujeto revelador de villas y castillos, siempre y cuando se pague la debida cuota, y los conllevados y estrepitosos revolcamientos con una vida que no era para nada la que se imaginaban. Pura prostitución.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;¿Qué representa el cine hoy por hoy para los jóvenes? Un mundo lleno de mentiras y de inexactitudes que a su vez se contrasta con otro, menos efímero y más cruel que muestra una realidad pocas veces vistas y que de alguna manera termina por negar todo lo anterior. El tira y encoge es para ir a un psiquiatra de por vida. Esa representación de una juventud banalizada, donde se destacan los rasgos físicos y rara vez la inteligencia, donde un César Augusto pasa por encima de las reglas establecidas y que permiten un orden primario que de una u otra manera, nos guste o no, define el estatus mínimo de convivencia entre una especie tan conflictiva como la nuestra. ¿Quién puede identificarse con el personaje interpretado por &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Megan Fox&lt;/i&gt; en una película tan belicista y machista como &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Transformers&lt;/i&gt; de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Michael Bay&lt;/i&gt;? ¿Qué clase de película es &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Crepúsculo&lt;/i&gt;, que muestra una diversidad de desviaciones salidas del mismo guión y que establecen una relación casi suicida entre sus dos protagonistas por no tener la oportunidad, quizá por algún miedo interior muy profundo, para entregarse al sexo descontrolado y adolescente? ¿Es esa la verdad o es más representativa en películas como &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Amores Perros&lt;/i&gt; de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;González Iñárritu&lt;/i&gt;, donde el amor, ese que se nos pinta en la televisión, adornado de flores y contenido en un frasco cristalino de miradas ardientes y compasivas, vale tan poca cosa?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Venezuela, un país donde uno de los baluartes nacionales más apetecibles es el concurso de Miss Venezuela, de donde salen mujeres capaces de arrastrar por el piso a escritores como &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Rómulo Gallegos&lt;/i&gt;, sólo porque tienen el chance ante una cámara sin que les remuerda la conciencia, o grupos organizados levanten sus gritos de protesta y la despojen de algo más importante que su ropa. Un país que se da el lujo de pensar en Osmel Sousa como próximo Presidente de la República, tal vez por la necesidad extrema de maquillar la nación de sus moretones sangrantes, o de desglosar ante un panorama político el verdor de la experiencia publicitaria con tintes de salón y alejados lo más posible de la razón. ¿Qué le ofrece el cine a los jóvenes para defenderse? Un &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;James Cameron&lt;/i&gt; que acaricia la superficie inagotable del problema sin solución real y perdurable en el tiempo, porque somos capaces de ir a una Pandora con nuestros extraordinarios avances tecnológicos, pero que forzosamente tenemos que devolvernos a la raíz de la vida para encontrarnos a nosotros y nuestros remedios, como quien se pierde en un centro comercial y se devuelve a la puerta de entrada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Pero hay cine de inteligencia, que también asusta, y lo hace porque rompe demasiado con valores tal vez caducos en una sociedad tan dependiente de la conservación de los paradigmas. &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Juno&lt;/i&gt;, de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Jason Reitman&lt;/i&gt;, habla de una adolescente más que madura que establece el sentido muy práctico de traer una vida al mundo por un desliz. Entregarlo en adopción y verse inmiscuida en la madeja emocional de una pareja que no tiene la suerte – que no lo es tanto para ella – de tener hijos. Pero &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Juno&lt;/i&gt; asusta porque su final, tan de comiquita, permea un plano general de los dos adolecentes que engendraron una vida, en una canción cuasi infantil como si nada hubiera pasado. Qué pudo representar &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;La Naranja Mecánica&lt;/i&gt; de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Kubrick&lt;/i&gt; en la década de los setenta sino el arrinconamiento del futuro en una sociedad hipócrita que permite que un joven que raya en lo psicópata como el personaje de Alex y su apariencia tan de maniquí alcance la cúspide. Qué esperaba &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Francis Ford Coppola&lt;/i&gt; en su icónico final en &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Apocalypse Now&lt;/i&gt; cuando, según sus palabras, el legado dejado al joven soldado, que esperando ser el ciudadano del futuro, abandonara aquel campamento perdido sin un arma en la mano después de la brutalidad, del horror.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Este es el mundo en el que me imagino frente a una hermosa mujer que apenas roce los veinte años y me pida concejos sobre cómo ser actriz- como si tal cosa fuera posible -, tan envuelta en su inocencia vencida, buscando en mí tal vez la respuesta que ella misma sabe, que sin ser la verdadera es la que le gusta. Que ser actriz, ser parte de ese mundo no comienza en una sala de operaciones donde se le aumenten el tamaño a sus atributos o se le disminuyan los defectos que no puede por sí misma desaparecer, tal vez por falta de voluntad, y que la varita mágica del hada madrina de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Disney&lt;/i&gt; en nuestros tiempos visionarios sea el bisturí. Tendré, dentro de esa característica tan mía de ver más allá del fondo encumbrado de la gente, que reír hacia dentro para no ofender con mi ironía, y preguntarle – digo yo, por hablar pendejadas – cuántos libros se ha leído. Esa mujer vaticinada en mi profética palabra hablará pestes de mí hasta el día en que le dure la piel firme y tersa, como lo establecen los cánones del cine actual. &lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="right" style="text-align:right"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;J. Gregorio Maita&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;a href="javascript:void(0)"&gt;Publicar entrada&lt;/a&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-4840105257611361103?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/4840105257611361103/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=4840105257611361103' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/4840105257611361103'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/4840105257611361103'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2010/02/la-pantalla-desentendida.html' title='La pantalla desentendida'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-8006012403325550956</id><published>2010-02-18T05:41:00.000-08:00</published><updated>2010-02-18T05:45:13.391-08:00</updated><title type='text'>Días de Prensa</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Si tuviera que calificar de alguna manera mi relación con la señora Carmen Carrillo, tendría que llegar a la definición de lo egocéntrico, cosa por demás detestable en mi pues poco hago por sobre valorar mi imagen, más allá de aquello que puede ser revisado, no tan a simple vista, por aquellos que alguna vez me han conocido. Esa extrapolación del “Yo”, tan primerísima primera persona, es la connotación más exacta que pudiera emitir entre un personaje tan respetable como la periodista que fungiera de jefa directa en mis pocas semanas de trabajo en El Diario de Guayana. Ella, dentro de su formalidad acomodada, se revestía de una impetuosa serenidad, dada ya pues por los casi treinta años de experiencia, tan sobados y repetidos en nuestras cabezas. La señora Carmen Carrillo, en aquellos puntos en los que se hacía inevitable la comparación o la simple evaluación, aplicaba su máxima de “No te sientas mal, que esto es producto de casi treinta años de experiencia”. Es aquí donde el centro se vislumbra, pues más allá de la simple colocación del epíteto, había una condescendiente llama, como la de una madre novísima frente al más nervioso de sus hijos. He valorado la experiencia mil veces en mi cabeza y no tendría otra cosa que decir: la comparación inevitable entre el “yo” de ella y el mío propio, que poco tiene que hacer ante aquella esfinge del periodismo venezolano. Pero yendo más allá, caigo en cuenta en la necesidad de definir al periodismo de mi país con esta respetable periodista, que más que bien lo que ha hecho es decir lo que le ha dado la gana y como le ha dado la gana, algo que no tiene en lo absoluto nada de reprochable, sobre todo cuando ella misma, dentro de esa mirada divergente, está muy consciente de la responsabilidad que eso amerita: el de asumir la responsabilidad de lo que dice y hace. Caeré en cuenta de la ya destacada labor de ella – y me disculpa las confianzas, señora Carmen, pero el afán del escritor es superior al “yo” periodista – a lo largo de los años en periódicos como El Nacional, y El Universal. Pero eso del periodismo venezolano me suena siempre a poco, a caída libre, y la física del endemoniado esquema de la pirámide invertida, de “las cuatro doblevehache” y el encarnado sentido de la noticia como patrimonio cultural del día a día. Aquí me estrello. Aquí tiro la toalla. Aquí no juego más. Y no juego más porque pareciera que en la provincia, encontrados todos en este arrecife de contradicciones y caracentrismos, termináramos todos por colocarnos en un saco inmerecido. La pregunta de rigor y a donde va toda esta alharaca amanecida es: porqué en Guayana no nos merecemos lo que en su momento fue El Diario de Caracas para la capital. Porque somos muy poco pueblo para tal empresa, y vaya que es un salto. Trataré de explicarme. Egocéntrico fue lo más cercano a lo que podría definir porque entre la señora Carmen Carrillo y yo hubo un centro para cada quien, y cada quien buscó ubicar al otro en el centro, y por cuestiones de eslabones, terminé siendo yo subyugado. Y pasó así por el orden natural de las especies, por el gatear primero para correr después. Tal vez, dentro de mi hay excusas, tal vez hay divergencias entre el tono de lo hablado y de lo escrito, porque para mí escribir es una cosa totalmente diferente a lo que es para la señora Carmen Carrillo, y es que la discusión no es esa. Pobre sería yo de personalidad al pensar o tan siquiera imaginarme algún tipo de reflexión por parte de tan distinguida profesional de la comunicación, para cambiar uno que otro paradigma. No. Eso sería, además de iluso, una muestra de falta de respeto y mucha soberbia, y créanme los que leen esto, si hay alguna persona a la que respeto mucho es a la señora Carmen, porque a pesar de sus deidades, a pesar de sus reglas, no afincó su fuerza entera, que hubiera sido aplastante, a que doblara mi arte por una versión mecanizada y desalmada de mi yo escritor. Ella simplemente hizo su trabajo, por el que se destaca, el mismo trabajo que pone comida en su mesa y le permite criar a su hija y vivir de lo que le gusta. La señora Carmen Carrillo y yo, en el egocéntrico sentido de la palabra, pertenecemos a dos mundos distintos, aunque basados en las mismas lógicas. La penosa diferencia es que yo no puedo vivir de lo mío como ella lo hace de lo suyo. Tal vez sea la prerrogativa que me lleve algún día a la tumba, frustrado ya. Pero lo más relevante del asunto es que terminé por someterme, y que en esos momentos de aprobación necesaria, ella me decía que estaba cada vez más adentro de su mundo, que en Venezuela es el que vale la pena para los periodistas.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Recientemente tuve la oportunidad de hojear libros en una conocida librería de la ciudad. En la contraportada azul, una definición muy cercana a mi sentir me presenta en forma clara el punto de partida de todo este desastre: “El periodismo tradicional cuenta los hechos de manera objetiva y trata de evitar cualquier apreciación personal que el periodista pueda hacer de los sucesos que informa. Como resultado de esta búsqueda de imparcialidad, el profesional del periodismo cae, a veces, en el mecánico método de escribir siguiendo esquemas preestablecidos que coartan su capacidad expresiva y seccionan la realidad tornándola demasiado abstracta, lo cual hace perder el interés ante el lector, último destinatario de la información”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Hay dolor en el ambiente por lo descrito. Tal vez esa encuesta de la Unesco que determina que el venezolano promedio lee un libro al año sea capaz de hacer comprender lo grave de este asunto. En mi período de adaptación a la nueva-vieja manera de escribir comprendí el daño que le hacemos al país al hacer eso tan bien. El comunicador social en Venezuela es de por sí la expresión más infame del cachicamo trabajando para la lapa. Cosa seria si entendemos realmente la responsabilidad grandísima que tiene el periodista con su país, más allá de la conveniencia infame de tener cuatro lochas para comer, cosa también necesaria. Esta disyuntiva, este compendio de cuestiones ilógicas que demarcan una vez más la separación entre lo normal y lo común que tanto intenta definir Cabrujas, es lo que me lleva a este presente tan de paréntesis, porque no podría definirlo de otra manera. Catalogar a Guayana es llevarla a un horno encendido, y el guayanés es el ente pasivo que ve la quemazón. No es culpa de la señora Carmen Carrillo, y ni intentaré hablar de posiciones políticas que no vienen al caso. El hecho es que siento, tan sólo eso, siento que las cosas, haciéndolas bien, tal y como indican los cánones, están mal. En otros países muchas veces los jóvenes, dentro de ese sentir, encuentran nuevas formas de expresión que les permitan escapar de lo establecido como norma. En Venezuela eso es una quimera, una sentencia de muerte, una osadía que se paga muy caro. Probablemente esté firmando con esto mi sentencia permanente a formar parte de la inefable fila de desempleados de la profesión, y también es latente el día en que tendré que tragarme estas palabras, porque Venezuela es un atolladero para el profesional del periodismo, porque si no lo agarra el chingo, lo hace el sin nariz. ¿Cuáles podrían ser las razones para tal esperpento? El increíble sentido pasivo del consumo irracional, porque hay, dentro de las concepciones clásicas del periodismo objetivo, la máxima de aturdir con un lead la noticia para inducir al lector a leer lo demás. Esto me parece a mí tan sólo un ángulo del todo que ocupa al ciudadano, que también envuelto en su rutina, ve en los títulos y fotos de un periódico el colmo de la noticia. Un lead con gancho, como carnada, pesca al hombre en el descuido del título o el sumario, pero cómo hacemos para atrapar a la gente en la necesidad de leer leyendo más y leyendo cosas mejores. ¿No es esa la necesidad? El problema es que somos necios y no llegamos a ver más allá porque son los atributos del poder, que son los que pueden, los que dicen y desdicen, los que demarcan los lineamientos. La irracionalidad de la noticia escrita en el país sin ton ni son establece, según yo, el loco de mierda, un ciudadano pasivo ante lo que ocurre. La sección de sucesos se convierte en mar de calma, en bocadillo del día, y los aposentos mentales en que se depositan los cuerpos desmembrados son un motivo más para alimentar las tardes del chisme, con cerveza en mano. ¿Hemos en verdad entendido, desde nuestra profesión, que somos la piedra en el zapato de la sociedad, y que debemos ser una ladilla para los grupos de poder? Mucho trabajo sin duda. Mucho pensar. Mucho menos imaginar que las futuras generaciones estudiarán Comunicación Social dejando de pensar en el payaso de Luis Chataing. Él hace su trabajo, y lo hace bien, pero limitado a ese humilde espacio que le da la chanza y la jodedera. Carmen Carrillo hace su trabajo y lo hace bien. Los comentarios que pueden escucharse de ella son para considerarla una biblia en lo que a periodismo se refiere en Guayana. El que no hace su trabajo soy yo, porque en este contexto no hay trabajo dentro del periodismo para mí, porque soy otra cosa, y de paso detestable. Hemos permitido que los dueños de los medios, en principio, jueguen con nuestras vidas, y que añoremos un momento de lucidez para trabajar en el periodismo institucional, que es el que más o menos garantiza un salario decente para el profesional. Contamos en el país con un gremio que alza la voz cada vez que puede para luchar por la libertad de expresión, ¿pero qué pasa con la censura impuesta por los dueños de los medios impresos a la hora de publicar o no una nota, dependiendo de los socios comerciales que se tengan? Un gremio distanciado del primario interés del periodista en Guayana, que ni piensa en comprarse una casa, o un carrito, porque de vaina y pal cine. ¿Qué pasa con eso? Somos arrechos para mentarle la madre al presidente de la república, somos arrechos para definir a una sociedad que nos desdibuja, que nos mantiene pendientes del respeto a sus derechos pero que no mueve un dedo por los de nosotros que también formamos parte de ella. ¡Qué carajo! Comunicación Social se ha convertido en la carrera del mandibuleo, en el fetiche sexual de los que buscan una voz ampliada o una foto en primera página. Somos la expresión del país de las mujeres más bellas, y nos encargamos de solidificar la idea con maquillaje dependiendo de la conveniencia. Con mi corta experiencia en prensa he aprendido a sentir por mi carrera algo que no pensé sentir nunca: vergüenza. Y lo peor de todo es que, como un sólo palo no hace montaña y mis dos hijos necesitan que su padre sea un ente activo que lleve plata pa la casa…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Y que Tomás Eloy Martínez, una vez fundador de El Diario de Caracas, y de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, me dé su luz desde allá, su igual y diferente paz de los sepulcros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="right" style="text-align: right;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;J. Gregorio Maita&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-8006012403325550956?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/8006012403325550956/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=8006012403325550956' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/8006012403325550956'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/8006012403325550956'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2010/02/dias-de-prensa.html' title='Días de Prensa'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-7166559087958580911</id><published>2009-09-16T07:32:00.000-07:00</published><updated>2009-09-16T07:35:33.365-07:00</updated><title type='text'>No me llevo bien con los reptiles</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 17px; "&gt;Y aquella voz. Tu voz como corriente, tan vulgar, ajena en el eco del pasillo, entre las luces apagándose pelo a pelo. Sólo soy feliz cuando los demás me dan la razón. Y la razón es un espacio vacío. Pensabas que estaba allí pero no. Estoy respirando lento detrás de ti, tambaleándome también entre la borrachera del martes y la madrugada casi finita del miércoles. Nuestras andadas. Alcohólicos homónimos en simbiosis concurrente de pasos en falso y risas mentirosas. No me caigo por la cercanía de las paredes que parecieran caerme encima. Y los cuadros y afiches de tus diseños maravillosos que casi se caen al piso. Nuestra sala, desalumbrada con las sombras de una Caracas normal, tan común y corriente esta noche de amalgamas y pies descalzos para no despertar a tu madre que ronca en el cuarto de los niños que nunca pudimos tener. Esa bruja modorra que se cansa de su vida en la provincia como cansarse de un maratón en pleno sol de mediodía. Se cansa, arma sus maletas, toma el primer autobús para llegar aquí avisando apenas cuando está en la entrada del edificio. Tú vienes y me dices que por favor, que ya está aquí y que no vale la pena estar pagándole un hotel porque se va a poner peor y tú – yo – sabes cómo son los maníacos depresivos. Esta sería como la quinta vez que lo hizo y la quinta vez que respiré profundo, entre el humo del cigarro ya por acabarse. Cuando me diste la espalda traté sin quererlo realmente, atinarte en las nalgas con la colilla, esperando – que espantoso – que te incendiaras irremediablemente y cayeras desde nuestro balcón descubierto, con muebles country, parrillera de ladrillos en espera de los fines de semana con amigos repentinos, y te derrumbaras justo encima de la cabezota de la madre tuya. Sus ronquidos, en decibeles imposibles, lejos de recordarme la rabia de sus desplantes, calculados matemáticamente en el fastidio del nuevo ambiente tan chévere en el que la hija y el yerno poco a poco volvían a la conduerma del trabajo de oficina, dejándola sola con sus pensamientos y recuerdos de polvo y fogón que se la llevaban nuevamente de la ciudad para internarla en su viciosa condición de semiesclava de un bicho raro que sirvió exclusivamente para dilapidar sus bienes… ¿en qué estaba? Claro. Los ronquidos despierta muertos se dispersaban por la sala, mientras tú, tan bonita, tan chévere cambur, ibas a la nevera a seguir preparando la masacre de la resaca del día que estaba por llegar. No me molestaban. Contaba sus ondas, sus repiques y repuntes, la absorción de mocos acumulados en la garganta convertidos en gruñidos salvajes. En eso me atoro. Un poco de saliva se me va por el camino viejo y toso con fuerza. Parecieran mis ojos salirse de las órbitas y el lacrimeo constante me hace lucir – digo yo porque no me estoy viendo – como una magdalena. Tú ríes. Yo te mando a lavarte ese culo. Tú me dices que me calme que no es para tanto. Yo digo que si fuera un hueso de pollo me estaría muriendo y tú riéndote mientras usas la licuadora para preparar los cocteles. Me seco los ojos y me imagino con un parche pirata, como tu tío Alberto, el gordo insufrible. Su cara mostraba la papada como un gran coso, y siempre me pareció que en cualquier momento una marejada de insectos nunca antes vistos por Discovery Channel saldría de allí, fulminantes, triunfantes, dejando al pobre viejo como un saco amontonado en el centro del caney de tú abuela. Los mejores momentos contados con los dedos, y te señalo la mano, que casi no veo, ayuda ayuda, el vaso, la copa, lo que sea. Recuerdas lo pasable de la velada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Esa mujer si es estúpida, Dios mío…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-¿Cuál de todas? – hipeo. Sorry.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Mijo. Toma con calma. De vaina no te me mueres aquí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Quisieras tú que me muriera. Pero – muevo el dedo así, así – no mi amor. Este macho es inmortal.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Como los de la película.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Esos no. Son una cuerda de bolsas que dicen que son inmortales pero los puedes matar cortándole las cabezas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Ay ya. Tú si hablas paja.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-¿Cuál estúpida, coño?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-La mujer esta. La novia del amigo tuyo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Carlos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-No. Esa no es la estúpida – piénsalo bien -. Bueno. Si es estúpida pero no es la estúpida de la que te quiero hablar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Tú definitivamente me estás vacilando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-No, chico – es que cuando ríes me acuerdo de esos establecimientos clandestinos donde íbamos al principio de nuestro tiempo -. Mi mamá ronca como un león.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Porqué tú crees que no me he tomado la molestia de irme pa mi cama a dormir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-A ti lo único que te falta es tomarte la molestia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-¿Y qué haces sentada allá? Véngase pa acá con su papito lindo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Es que estás muy borracho – tan dura ella que se acomoda para reposar su cabeza en mis muslos -. Teníamos tiempo que no nos echábamos unos palitos con los panas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-¿Panas? Esos lo que son es unos bichos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Ok. No vamos a empezar con los amigos tuyos. Te estaba hablando de la estúpida esa que vino con el amigo tuyo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Y yo te vuelvo a preguntar que cuál amigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-El que trabajaba contigo en la editorial y que después lo botaron por…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Ya – el amago de acordarme, el balanceo del líquido en la copa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Cuidao chico. Que si me cae esa vaina en la cara me deja ciega.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;El juguetón. Mi brazo se va sólo, en lento estiramiento y encogimiento de músculos que intentan coordinar movimientos con un cerebro que no está para coordinar ni el disparo amarillento a la poceta. Me río. Ella me aparta. Me agarra el brazo y lo sostiene. En el forcejeo una gota diminuta vuela por el aire, libra, soberbia. Una bomba ardiente que va a parar justo en el ojo de mi querida esposa. Se queja. Se levanta brusca del sofá y me menta la madre – pobrecita mi madre que no tiene la culpa – y vuelvo a estar consciente de los ronquidos de la otra. Se va la mujer al baño y el reflejo de la luz me golpea. Trastea, trastea. Sale con el colirio. Me dice que tome.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Ahora te toca echarme – me debato entre la copa y el potecito del colirio. Me acuerdo de la puntería, la poceta y todo lo demás. Canción de fondo Ronquidos de suegra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Eso te pasa por reírte de mí mientras me ahogaba – y volvemos a la misma posición -. Si tú estás más sobria que yo…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-No vamos empezar otra vez. Usted me echa las gotas en el ojo…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Pero es que el ardor se quita solo…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Coño, chamo, por favor. Yo no me meto con tus extravagancias, tú no te metas con mis paranoias.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Esto es cumbre. Una mujer que trabajaba como policía y que se la pasaba con el papá cazando animales le da miedo echarse gotas en los ojos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-¿Pa cuándo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Ya va, ya va. Déjame que ponga el coctelito que te quedó tan sabroso aquí y me preparo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;Esas preparaciones tan sencillas mías con las manos difuminadas en la corta visión de estar hasta los tequeteques. Tus ojos, serenos la mayoría de las veces, brillantes, simétricos, ahora parecían una burla a la perfección de tu cálida mirada. El derecho, abierto hasta cierto punto, se manifestaba negro en su centro glorioso. El izquierdo era un rojo dominante, lleno de agua y abierto tan sólo por el esfuerzo delicado de mí índice y pulgar unidos en pinza. Lo soplo un poco y te quejas, lo limpio un poco y te quejas. Observo las líneas de tú nariz, tobogán salvaje que resuena. Eres la mujer de rostro perfilado, blanco y perpetuo de quién me enamoré hace unos buenos años. Yo idolatraba ese rostro y el cuerpo que lo portaba. Ahora pareciera todo tan extraño, como las agujas del tiempo en movimiento constante pero superfluo, disímil con la velocidad de los primeros momentos juntos cuando a pesar de lo rascados que estuviéramos, era imposible pensar en llegar vestidos al sofá donde estábamos ahora. Cambiamos en alguna parte la pasión por la conduerma, por la convivencia afable, por el beso en la mejilla. Eran muchos los instantes cuando me provocaba de repente, llevado por un hambre ancestral, devorarme esa boca tuya, que ahora la veo parlanchina, con el apúrate soltado al espacio que llega a mis oídos y me despierta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Mijo. ¿Pa cuándo pues?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;Eso. Nuestros liberados instintos se tornaron a un mate encierro y el fuego en un ardor vespertino de vez en cuando. Voy con el tino nervioso y el potecito de las gotas y lo aprieto tratando de medirme. Una, dos, tres gotas. Listo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Gracias – esperaba un Al fin. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-De nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Como te iba diciendo que no termino nunca de contarte el chisme.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Ajá. ¿Cuál estúpida?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Yo creo que tú la conoces. Era la tipa medio alta, con pelo largo, con mechones amarillos…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Jimena. Ok&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Sí, sí. Esa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Todo el mundo sabe que es una estúpida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Ajá. Ok. Pero deja que termine de contarte el chisme. Estábamos varias de las mujeres hablando paja de ustedes cuando de repente ella, que estaba parada al lado mío empezó de la nada, sin que nadie le preguntara nada, a hablar de todas las veces que se hizo un aborto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Perro. ¿Y cuántas veces...?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Cinco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-¿Cinco?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Sí. Cinco. Pero eso no es todo el cuento – se pasa la mano por el ojo y empieza a abrirlo lentamente -. No, que va. Todavía le falta al ojo. Te estaba diciendo que en lo que empieza a echar el cuento de sus cinco abortos – me mira burlona, con un ojo cerrado y con la mano extendida señalándome el número de la conversación – de cinco tipos distintos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Ok. Más fino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-No. ¿Y tú sabes qué es lo más arrecho de todo? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-No.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Que está por hacerse un sexto aborto – se auxilia con la otra mano para seguir contando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-De otro tipo diferente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-De otro tipo diferente. ¿Qué tal?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Esa mujer no es estúpida. Lo que es es una tremenda…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Eso mismo mi amorcito lindo – beso en el cachete para mí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;El sol empieza a aparecer por las ventanas. El ronquido de la suegra empieza a bajar el tono profetizando el amanecer y el fastidio de ella regañando calculadamente a la hija por no haberla llevado a la reunión y dejarla toda la noche sola en una situación tan delicada como en la que se encuentra. Mi bella esposa se para. A lo lejos, camino al cuarto, se detiene para seguir comentando&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size:11.0pt;line-height:115%"&gt;-Lo que yo no me explico es porque una tipa tan fantasma como ella va a estar regando esas cosas tan personales de ella, que a nadie le importan, como si fueran una vaina cualquiera. Ni que estuviera hablando de que se compró unos zapatos o un pantalón. No. Tenía que decir que llevaba en su cuenta cinco abortos, de cinco tipos distintos, que estaba por hacerse el sexto, con un sexto tipo distinto – pausa como para ahondar en la memoria -. Es más. Creo que hasta dijo que estaba esperando que el carajo que se la cogió, y lo estoy diciendo tal cual y como ella lo dijo, le depositara los reales. Que con los reales iba a buscarse un médico que ella conoce que le cobra más barato y con el resto se iba a comprar no sé qué cosa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="EN-US" style="font-size:11.0pt;line-height:115%; mso-ansi-language:EN-US"&gt;-Beautiful. That`s the way… aha, aha… &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES"&gt;I like it – yo &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-VE" style="font-size:11.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES-VE"&gt;si&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language:ES"&gt; canto mal.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language: ES"&gt;-Tómate eso rápido y te vienes para que descanses.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language: ES"&gt;-Sí. Ya voy.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language: ES"&gt;Ahora, tomándome lo que queda en la copa, pienso con rabia qué cantidad de plata le va a quedar en el bolsillo a la estúpida a la que le hice la transferencia al mediodía de ayer. Ella sabrá lo que hace. Salud. Brindo por eso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-VE" style="font-size:11.0pt;line-height:115%; mso-ansi-language:ES-VE"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:130%;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 17px;"&gt;J. Gregorio Maita&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:115%;mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-7166559087958580911?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/7166559087958580911/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=7166559087958580911' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/7166559087958580911'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/7166559087958580911'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2009/09/no-me-llevo-bien-con-los-reptiles.html' title='No me llevo bien con los reptiles'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-5468088437803135998</id><published>2009-09-16T07:22:00.000-07:00</published><updated>2009-09-16T07:25:18.516-07:00</updated><title type='text'>Lobo y su luna menguante</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Un perro saca la lengua y vacía en su inocente actividad pequeñas trazas de saliva en la puerta de vidrio del balcón. Era uno de esos caninos que lambía y ladraba en sus pequeños reposos cuando su dueño, detrás de la transparente barrera, se detenía en el camino de salida a observarlo y a hacerle muecas ridículas de humano que terminaban siempre por excitarlo más. En esos casos, que en los últimos días no eran muchos, pues las salidas se fueron convirtiendo en lo natural de la rutina del no sé sabe dónde está cada quién, por el paso laborioso de la juerga, el casino, el bar, la casa del otro y el aquel, por la bonanza empírica y esporádica, el perro saltaba en brincos imposibles que hacían al dueño reírse de su instintiva estupidez. Esta vez la cuestión era diferente, pues en la salida, en el acomodo de las llaves, en abrir la cortina del balcón y ver al perro, sin morisquetas porque el pecho duele, va y se sienta cayendo pesado en la mesa del comedor, dándose duro contra el vidrio, paralizado ahora en el piso sin remedio. Así encontró la mujer a su esposo, muerto en medio de la sala comedor que tan hábil adornaría con un gusto entre clásico y minimalista, con sillones grises, cuadros salidos de una galería de verduleros y una mesa de esas que se expanden por si acaso la visita es como para más comensales. Ahora el perro aúlla, entre seguir embarrando la puerta con su baba asquerosa, con muestras de burbujas diminutas y unos trozos pequeños de alimento para perros de tamaño pequeño como él. La mujer llora, se arrodilla, sopesa el brazo que cae, vigila la respiración que no existe y el aliento que trata de ver más allá de la sensación de un aire acondicionado que rebota de la superficie del techo, para en la mesa – rota -, va a la pared donde una imagen uniforme de una playa desierta mirando al infinito mar tiene un marco cuya curva inferior le da un golpe en la oreja a la mujer que por un momento piensa en las esperanzas. Nada que hacer. Desesperada, tartamudea el teclado del teléfono con los dedos, y sigue tartamudeando el hablar con su hermano para que la ayude en este difícil percance. &lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Cayó en seco. Rompió la mesa y todo – en el funeral.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Verga pana – se rasca el cuello -. Yo le dije a ese güevón que tenía que cuidarse. Últimamente lo único que hacía era comer y tomar. Ya ni dormía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-No joda. Todo el mundo decía esa vaina – se acercan para hablar más pausado y en respeto al velorio señorial -. De paso que no es la primera vez ni nada. Una vez en la casa le dio una vaina. Pero esa vez como si nada vino Natalia y se lo llevó. Yo tenía tiempo diciéndole que lo cuidara, que ya no son unos carajitos…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¿Cuántos años es que tiene ella?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-No sé. Como unos treinta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Pero ella está en mejor forma que el compadre. Déjate de vainas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Pero es eso lo que te digo. Yo la veo a cada rato en el gimnasio y montada en cuanto aparato te puedas imaginar tratando de bajar los cuatro cauchitos que tiene – da espacio al trago de whisky -. Esa vez que estaban en mi casa yo le dije que lo jalara pal gim a ver si le bajaba la barriga. Pero que va – su índice toquetea la cien -. Falta de criterio hermano. Puro esnobismo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-No joda. Esta gente como que piensa que son inmortales. Que nunca les va a pasar nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;La viuda, con todo y eso llora. En los procesos de adaptación a la falta recuerda con nostalgia al mejor de sus amigos, quien contara con su presencia de inmediato al enterarse de la noticia. Volaban los rayos hambrientos en la costa, el puerto capaz de dominar lo que sea en su tormenta divina, y el olor a basura, a azufre, y la persistencia del diablo que anda cerca. Era él, mientras caminaba, una sombra. La había reprendido muchos años antes, en una tarde, de &lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;esas tantas en la terraza de la casa de sus padres, cuando le tocara las tetas sólo para saber qué tan bien le quedaba el sostén.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¿Y cuánto te costó?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-No sé. Como quince.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Verga. ¿Tienes mucho real acaso?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Yo no – suelta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¿Quién tiene entonces?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-El – se le aproxima – vecino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Yo sé que el vecino tiene real, pero eso que tiene que ver con el sostén.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¿Tú te acuerdas de la amiga mía que te presenté en la graduación del marico del hermano tuyo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-La bicha esa. Si, si me acuerdo. ¿Por qué?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¿Tú sabes lo que hacía la desgraciada cuando no conseguía autobús para su casa?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Sí lo sé.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Pues eso mismo hice yo con el vecino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Se alarma. Pone su mano en la frente y cierra los ojos como si ese fuera en realidad un método efectivo para que las imágenes se vayan de su cabeza. No, no lo es.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¡Qué cochina eres!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¿Y por qué – ríe a carcajadas – si más bien lo que hago es una labor filantrópica?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Filantrópicas son las bolas mías. Tú si eres arrecha. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¿Pero por qué? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¿Cómo que por qué? – sí, cómo es eso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-No me veas con esa cara.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Coño mija. Y con qué cara quieres que te vea.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Fue tan sólo un intercambio comercial.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Qué puta eres de verdad. Y lo peor de todo es que eres bien pendeja.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¿Y entonces? Si me vas a insultar entonces no te cuento nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Mira – la toma de los hombros, calma la mirada por la calidez del fraterno confidente -. Eres una pendeja, no porque le hayas mamado el chaparro al bolsa ese, sino por cobrarle tan barato. Por eso las prostitutas cobran más de treinta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Ella llora sentada al lado de un ataúd marfil brillante. Su pañuelo, lleno de lágrimas y mocos se desprendía de su cara como una faceta más. Las lánguidas expresiones de desesperación ante el futuro, muy incierto si se ve por la ventana, con el perro todavía dando tumbos por el amo marchitado hasta morir, y la vida descalza se topa contra la pared que le rebotó el aliento falso del hombre, que posiblemente no era el de su vida, pero respetaba en su consistencia, por lo menos con ella llamándola para cualquier cosa innecesaria, que a pesar de los tantos años que le llevaba por encima, parecía ella su madre. Los niños venidos del matrimonio – dos niñas bellísimas – no lloraron al papá. La ausencia de él era como una cosa normal. Y la familia, escondiéndolas del dolor como si el dolor matara o atrofiara la cabeza de princesas venidas al más o menos por ciento del descalabro. Ella llora por él, porque a pesar de todo lo quería. Nunca en sus andares de mujer casada se atrevió a tomar caminos verdes o canas dispersas al viento. No. Se mantuvo firme, digna, casi atolondrada por la vida rutinaria – aunque no tanto – de aquel gordo afable y escandaloso que era su marido. Vino a tocar a la puerta de su casa una vez que por pura coincidencia se le accidentó el perol de carro que cargaba en aquel entonces. La vio y quedó lelo. En aquella época, Natalia no sufría los embates de los años que le pasaron por encima. Si bien su estatura se prestaba para la burla de los que la calificaban de enana, no era para tanto. Mantenía, eso sí, una figura firme, esbelta, con senos que muchos pensaron eran más grandes que su cabeza y un abdomen sinuoso y marcado, tan fuerte como para mantener el cuerpo unido en meneadas salvajes de discoteca. Pero ya no. Su cuerpo sufriría los avatares de las cesáreas y la vida de fiesta en fiesta en la que su marido la mostraba como trofeo, aunque su cara mostraba siempre el mismo desenfado de su desfachatez adolescente, y lo que fue su cintura, mostraba algo de la agilidad de antes, con todo y las discretas lonjas de grasa acumulada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Vuelve la memoria hacia atrás el hombre que va llegando buscándola entre el tumulto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-A veces siento que me estoy crucificando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¿Qué te pasa mijo? ¿Te pega la luna menguante o naciste así?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Cállate la boca ridícula – la carretera adornada de brillosa intensidad por la lluvia conmovedora.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Ta bien. Disculpe licenciado que haya molestado su majestad. ¿Será posible que me perdone?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;La mira y el reojo se convierte en mantra. Ella en el asiento del copiloto con las piernas cruzadas. Se miraron perdiéndose, y en eso cruza la calle un perro. Después de la maniobra&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Coño mijo. Deja de estar buceándome y fíjate en la carretera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-No veo un coño.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Tranquilo vale. Yo sé que estoy buena pero no es para tanto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¿Qué le pasará a la estrella esta?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Esa era su manera particular de llamarla: Estrella esta, o viceversa. No Estrella sólo, como sería lo más normal en un mundo de elogios empapelados. Y estaban los invitados a la penuria rozando su hombro, palmeándolo, diciéndole de corazón o no el sentido pésame, qué pérdida tan lamentable, etcétera. La familia del difunto se mantenía, como se podría pensar, al margen de la situación. Ese matrimonio había sido un absurdo desde el principio – pensaba la suegra de Naty – y siempre hallaba la manera de recordárselo, ya sea con desplates frontales o con olvidadizos y convenientes silencios. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¿Cómo le va a esta Estrella?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Sus ojos se iluminaron una vez más. Estando más sola que la una, pues su familia poco podía hacer para acompañarla debido a la lejanía, no pensaba en contar con nadie más que con amigos a medias. Allí apareció el hombre, alto, recio. Casi en nada habían cambiado sus facciones desde aquellos tiempos de conversas en la terraza. Tan sólo una barba bien delineada que le daba un aire de maduro y serio. La última vez que se vieron había sido hace siete años, justo antes de casarse con el viejo, aunque ni tanto. Él trataba de advertirle que ese asunto del matrimonio era una cosa seria y le preguntaba constantemente – con honesta preocupación – si estaba segura de lo que hacía. Ella, en respuesta simple y clara, le tiraba la cédula, recordándole también que él mismo había cometido la burrada de casarse. No se verían nuevamente hasta ahora, siendo el único vestigio de contacto un encuentro fortuito por el Facebook.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;“Hola amigo… espero estés bien. Deberíamos cuadrar un día para vernos y ponernos al día : ) Besos…”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Él, entre curioso por la invitación de una buena amiga de tantos años, hurga en sus fotos y descubre la cara de dos niñas, nacidas en seguidilla, acurrucadas en los brazos de su madre, exageradamente maquillada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;“Qué lindas tus hijas. Dios las guarde”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;“Gracias. Vamos a ver si algún día te pones a producir muchachos tú también :P”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Y nada más. Para qué. Las comunidades virtuales ponen a la gente ridícula, y ellos lo saben. ¿Reunirnos para ponernos al día? ¿Qué Dios las guarde? ¿Muchachos después del divorcio? Palabras ajenas a sus respectivos ángulos desde donde se vieron el uno y el otro. Era extraño tratarse con la jovialidad de los perros, lambiéndose las orejas o los genitales. Qué hipócritas. Así transcurría el funeral. Los primeros instantes corrieron en un abrazo largo y fuerte. Ella se apretaba en la espalda del amigo como si soportase su vida colgada de un puente. Él, en un movimiento rápido, dio paso a los que iban llegando a darle el pésame mientras aprovechaba de huir del melancólico momento. Y la lluvia. En el entierro se extendió la caravana ardiente entre humaradas de monóxido, cornetas y luces intermitentes. Para los pocos que se dieron cuenta del hecho, el agua al correr le calmó el llanto a la viuda, la sostuvo en un pequeño letargo mientras llegaban pausados al cementerio detrás de la carroza gris, cada quién llevando su coronas plenas de flores amarillas y blancas que escurrían el agua. Había un sereno frío, tropical a pesar de todo, que embargaba el aire pesado de esa situación tan complicada y difícil. El Lobo, el amigo de la viuda desde su Bronco azul con blanco, fumaba un cigarro en aquellas ocasiones en que se sentía particularmente extraño. Y era raro que lo hiciera, tan seguro de sí, tan normal. Pero pensaba calmadamente en lo mucho que conocía a esta gente, en lo mucho que sabían o sospechaban de sus gustos – con respecto a la viuda – o de sus extrañas desapariciones en las que no se le veía en meses, regresando al pateadero bien plantado, con la… y todo lo demás. La viuda recuerda y sonríe.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Yo no sé qué estoy haciendo aquí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Si no lo sabes tú mijito, quién.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-De pana que – se atasca con una cotufa -, no sé qué le pasa a Camila. Primero empieza con la güevonada de que quiere irse conmigo a Colombia, después que no puede porque su papá la va a matar, después viene a decirme que si yo, - se señala y mira a Natalia entre la bruma de los trailers promocionales – yo…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Quítate del medio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-…yo soy el que no quiere que vaya porque seguro – hace comillas – debo tener a una “cachaca” vista y me va a molestar en mi aventura.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Ajá.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¿Tú me estás parando bola?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Nop. Para nada. No me interesa Camila, ni si te vas o te quedas. Lo único que me importa es ver la película así que deja la ladilla y acomódate que me estás aplastando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;El ataúd recibía las miserables gotas que le lanzaba el cura. Las palabras se iban con el viento mojado, y los pañuelos fueron substituidos por la mirada absorta en un vacío, pálida la cara, inexpresiva. Él, parecía aullar en su incomodidad de conocer a tanta gente allí reunida, y que lo saludaran y le preguntaran cómo está la vaina y tal y qué se yo. Les respondía con monosílabos guturales, recién salidos de la bilis rabiosa que sintió al verla tan decaída, con su cuerpo descuidado, y con un sentimiento tan verdadero que le daban ganas de correr para aullar en otro lado. En eso no sentía las gotas caer del cielo y se dejó llevar por el caminar, los pies llevándoselo sólo hasta delante de donde estaba ella, a pocos metros, a una esquina del hueco profundo donde estaban enterrando al tipo. Ella reaccionó. Un poco los ojos se fueron a donde estaba él y la boca pareciera abrirse para hablar, pero no. Él se dio cuenta y no dejó que le estorbara más su pena ajena y se acercó furtivamente, acuclillándose al lado de Natalia, tan dolida y sola Natalia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-En lo que termine todo me voy contigo – escuchó él en su oído, con un aliento tibio que le recorrió el cuello almidonado de la camisa húmeda. Sucedieron la fila de llorones, rabipelados malpuestos que sanguinolentos chuparon el cuero del quien ocupa en centro de la ceremonia, y baja y baja, y cae y cae el agua. Seguían los bebedores de vino champanizado – no había para más – y se reconfortaban en los techados verdes quitaypon. Era una loquera el estilo de los hombres que tratando de pasarla bien, rehuían los chistes malos por complacientes encuentros con otras mujeres que se atrincheraban para que el pelo no se les dañara. El calor y sus oficios. Se arremolinaron tanto hacia adentro que en lo que el toldo terminó por tropezarse con el primo que se cayó por estar borracho hasta la madre y ofrecería una excusa a la viuda. Pronto se montaría en la Bronco del amigo y disfrutar de esos dulces momentos en los que podía disfrutar del frío repentino del aire acondicionado acoplado sensiblemente a lo enchumbado del vestido. &lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;Ya avanzaba el camino y la dirección se iba filtrando de sus labios poco a poco. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Se ve que te está yendo bien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-No me quejo – a la derecha y derecho hasta la bomba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Antes eras más educado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¿Por qué?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-No me has preguntado cómo me ha ido a mí… - de esos silencios de espanto por no entender un mal chiste.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Qué bolas tienes tú – la mira como si recordara las veces en que la llevaba y traía en su catanare de los setenta, herencia de su padre. Ella sonríe un poco, apenas se notaba, pero esa sonrisa tímida se extendió hasta el último vestigio de la meta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Métete en este portón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¿No tienes más nada que arreglar de papeles ni nada…?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Qué se jodan como me jodí yo. Para eso está su familia – fría, fría, frío, voltea la ventila del aire a otro lado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;El primer piso de añoranza, de olor a perro y desinfectante. El primer piso de recuerdos encontrados en la puerta que es suave para cerrar y dura para abrir. Este hombre es un caballero que la ayuda con la llave mientras Natalia se excusa por su debilidad frotándose la frente. Al entrar viene en ella un terremoto de colmos. Su sala aún retine en los bordes de los rodapiés pedazos del vidrio de la mesa que no ha sido repuesto. El perro se asoma por el balcón sin el más mínimo interés por saber quién anda por allí. Nada pasa entre la nevera y el sillón de la sala, esos muebles grises, nuevos y aterciopelados que adornan todo con un sentido muy de luto, como pensado para el cruel momento. Allí se lanza ella y le indica al hombre que si quiere algo que está en su casa, que se sirva lo que guste, que total, para eso hay confianza. Una vez sentados frente a frente, él con un vaso de agua, ella con un llanto en puerta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Qué peo – mira una foto grande con la familia entera puesta en el centro de mesa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Dímelo a mí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¿Y qué pasó con las niñas?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Están donde la abuela.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Pero ¿no le han dicho nada?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-No. Pa qué. Yo ya ni sé qué les voy a decir – empieza otra vez la llorantina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Ya ya chica. Tranquila que esta no es la primera ni la última que pasa eso en una familia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Empieza el abrazo reconfortante. Es la historia de la calamidad que pareciera comerse despacio el suelo de la gente que claudica entregándolo todo a la suerte. Fue su vida un compendio de emociones dispersas en un plato llano. Un océano de buena vida, un centímetro de profundidad – sé que no es así pero… - en torno a los closet rosados de los cuartos de las niñas, de su regordeta cintura, de sus tetas enormes, de su cara desdibujada en maquillaje corrido. Sus hijas, bien habidas en el temprano arte del machismo, contemplaban a su padre con la máxima de las glorias, el gran consuelo del pobrecito. La madre no era otra cosa que un mueble, un objeto que si bien se movía y respondía coherentemente a las órdenes de los comensales y a las faltas de respeto, se mostraba inerme cuando de exigir se trataba. El muerto, cuando estaba vivo, no tenía que hablar en voz alta jamás, sólo daba las órdenes dos veces, y eso era más que suficiente ya bien entradito el siglo veintiuno. Por eso el abrazo, el pecho latente del hombre quien fuera la mugre de sus uñas, que en el pasado varias veces se le ocurriera entregársele sólo por gusto, por pasar un buen rato entre orgasmos y peripecias sexuales cuasiexperimentales, en ese trapecio bamboleante en el que convirtió su juventud cuando a la primera de cambio tuvo que formatear el disco duro. Y quién la entienda ahora, mansa, en su posición tan fetal y penitente, rezando, poniendo a Dios al corriente de la locura que le pasaba por la mente en una jornada tan difícil. Bruta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Necesito sentirme bien. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Quieres una pastilla – qué bolsa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-No – levanta la cara y lo mira. Él huye dentro del mismo cuerpo que ocupa. Ella lo toma de la barbilla y le ajusta un beso medio forzado que no pareciera despertarlo -. Quiero que me lleves al cuarto. Quiero gritar como gritaba Camila cuando te dejaba usar mi cuarto en la casa de mi mamá cuando te la cogías.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Era corto el paseo del cargarla, regañado eso sí, como sin querer la cosa que debió consumarse años atrás, ya con toda esa historia y ese dolor tan extraño y ajeno de ver la foto de sus hijas en el Facebook. Ha repasado tantas veces el discurso del amante reservado para los momentos especiales. Ha estudiado palmo a palmo los movimientos, en sueños de madrugada fría, con esa erección prominente que, sin darle fama por la discreción exigida, le daba seguridad de que en sus peores ratos, por lo menos algún suspiro anhelante sacaría de la boca de sus consortes. Ella se cubría en su sombra para que la foto no la viera, para que el perrito no la viera esconderse detrás de ese hombre que no era el amo al que ya le parecía extraño en la ausencia. Sus pasos se distribuían tímidos entre el peso de la amiga que tantas veces cargaría bailando en discotecas cuando quería demostrarle a los demás lo bien que bailaba. Boquiabiertos los testigos, sudorosos y expectantes veían las luces multicolores de los reflejos espasmódicos de los locales de moda. Quedaban extenuados en los amaneceres, sentados en el capó del catanare y se reían entre bocanadas de aire y cigarro. Estaban las puertas abiertas. Ella seguía acurrucada, imbuida en su dolor y placer, sadomasoquista ella, sádico él. El televisor lo recibiría en el suelo, el cual cayera sin romperse del todo. Botellas vacías, copas malogradas, cama desecha. Ella recordaba los gritos de Camila mientras tocaba la ventana sutilmente para que hiciera menos ruido, por los vecinos, tú sabes. Ella no recordaba placer en un marido que dormía temprano y cuya frustración traspasaría sus ganas de meterse los dedos de una mano en la vagina y los otros en la boca. Sopesaba el riesgo de disminuirle la hombría al que se vaciaba tan rápido, tan rápido, que apenas le daba chance de tomar un primer aire. Este hombre es fuerte porque la carga, la sostiene, en un tipo de protección controlada, física, más que social o económica – si se pone a pensar en la economía se le quitan las ganas -, y viajes a la playa o la montaña. Flotaba espectacular mientras cerraba los ojos y saboreaba el tabaco presente en la saliva de su amigo. Él, que tan suave la coloca en el desastre horizontal, la continúa buscando en un beso perenne. Para qué explicar el sexo desalmado, si son sus manos sosteniendo las nalgas de su amiga que sube y baja descolocada de gozo, con gritos agudos, mordiscos repartidos, saliéndose al rato del eje peniano. Ahora lo toma y succiona con aquella devoción, y se ayuda con la mano, y toca y palpa las grandes tetas de la amiga yendo a los pezones, y aprieta, esculca, somete. Concentrada en chupar su coroto la toma del pelo y amaga que la obliga, se hace el loco pensando que no le importa, que no la tiene donde quería y le dice que todo, que se atreva a hacer como le hizo al vecino aquel, a los hombres tales antes de su vida normal y cansina, todo, hasta la garganta. Y vuelve sobre él, y él sobre su entrepierna palpitante, toda mojada, toda llena de ese olor particular, y se llenan, se revuelcan en las páginas del libro que escriben solventando los ascos o posibles estorbos de moral. Están tan metidos en el asunto del intercambio de fluidos y explota ella, una, dos, tres veces, y descansa, se aprieta más, se suelta y se vuelve a agarrar. Cuando llega el aviso para él, ella, por el puro desespero de probarse en los sabores mezclados de ella y él, él que eyacula en la boca de ella, ella que traga y sonríe y lo besa, tramposa. Ellos unidos parecieran pegarse. Así estuvieron un buen rato. Abrazo de cuerpos sudados y amén, hasta que a ella le dio por la reflexión. Se levantó como un espanto, busco un franelón, los cigarros, y mientras la poca luz de la tarde todavía pegaba en la cara de él a través de la persiana americana se puso a fumar absorta de la compañía. Él aprovechó de ir a lavarse al baño sintiendo la extrañeza del acto repentino, de la vuelta de hoja. Cuando regresó la encontraría más ensimismada, recogidas las piernas y sentada en la cama, fumando, aspirando el cigarro, mirando a ninguna parte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-No, no, no…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-No qué. Qué te pasa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-No, no. Nosotros no teníamos porque hacer eso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¿Qué? – encoje ligero los hombros, deja de secarse con la toalla -. Tú fuiste la que dijiste que tenías…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Eso no me da excusa a mí ni a ti a… a… deshonrar la memoria de mi marido muerto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Si quieres me voy y no hay problema.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¡Para qué coño te vas a ir si ya estoy sucia! ¡Sucia! Me entiendes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-No…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Haz lo que te dé la gana. Si te quieres ir vete pal carajo. No me importa nada, ni tú, ni yo, ni ¡nada! – la voz escandalosa - ¡Estoy sucia porque me cogiste, porque me tragué tú leche como me he tragado las vergas de todo el mundo! Ahora no tengo marido, mis hijas no están conmigo porque no sé qué hacer con ellas y me siento ¡sucia!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Tira la toalla al piso violento. Se monta en la cama y la toma por los cabellos. Por instinto trata de quemarlo con el cigarro pero no puede. Él, atento y consciente de su fuerza, tira el cigarro de un manotazo y de regreso la mano suena pesada en la mejilla de Natalia. Ella se reciente, él la arrastra hasta abajo dejándola caer. Ella que quiere seguir gritando y escapar se tropieza con una de las botellas mientras iba corriendo a la salida. Quedaría tan conveniente colocada en la puerta del baño, mientras su amigo la toma por los cabellos nuevamente, la somete en el piso, y de manera intempestiva le coloca el pene, restregándoselo en la cara. Ella siente aquel pedazo frío, medio flácido, siente los testículos y los vellos rugosos pasándole por las mejillas, metiéndosele en los ojos. Ella intenta gritar pero él la fuerza a meterse el coso en la boca. La amenaza, le dice que mucho cuidao y se te ocurre morderlo porque no lo cuentas. Aprieta la boca mientras el glande, aún dormido, es empujado por una mano que lo induce a entrar, mientras la otra la sujeta firme. Natalia llora, rendida y con la boca llena, sus quejas se ven entorpecidas por el estorbo que le sabe a jabón de tocador. El lagrimeo y la cara de lástima hacen contraste con la expresión de aullido, con los dientes apretados y las cejas levantadas de su amigo, el gran consolador. Ya cuando la nota atascada con su propia saliva, el hombre levanta a Natalia. Ve en ella una mofa de lo que fue. Una mujer sometida a los escarnios provocados, débil. Y todo le da rabia y vueltas. Sostenida por los hombros pareciera levantarla una cuarta del piso de cerámica veteada en gamas de color cobre. Desde allí la lanza de nuevo a la cama, a su borde más cercano. El golpe la deja sin aire, y sin embargo sigue llorando. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Abre las nalgas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¿Qué…?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¡Qué abras las nalgas puta de mierda!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;No se resiste. El signo del macho está erecto y es sostenido por un puño firme. Deja caer un trazo de saliva que va a parar directo en el ano de Natalia. Ella, que sigue llorando, pregunta que qué piensa a hacer. Él responde que va a darle duro por el culo. Mientras sostiene sus nalgas y dice que no, por favor, siente que palmo a palmo un objeto carnoso y pesado va introduciéndose en su recto causándole dolor. Sus piernas se tensan, aprieta el esfínter y el dolor aumenta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Si no flojas la vaina es peor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Ya es el desconsuelo en su garganta. Vocifera piedad mientras aquel jadea en un crescendo de menos a más. Cuando ya los gritos sacuden su alma por el dolor de los años, la vuelve a tomar por los cabellos, ladeándole la cara.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¿Te sientes sucia? – espera una respuesta pero ella está tan – Dime pues. ¿Te sientes sucia? – el se detiene para darle descanso a ver si responde.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Sí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-¿Y qué? ¿Crees que eso está mal? ¿Dejarte llevar de vez en cuando por las hormonas está mal? ¿O te ha ido tan bien siendo tan racional con tú marido de mierda? – hace una pausa. Ella esputa una queja – Tú todavía tienes remedio. Dale gracias a Dios que se murió el vergajo ese. Y esto que te estoy haciendo es por tú bien. A ver si dejas de sentir lástima por ti misma y te pones las pilas y te encargas de hacer de tus hijas unas mujeres arrechas, para que no sean unas pendejas como tú ni como el resto de gafas que se la pasan viendo novelas, mira que en la vida todo puede ser peor – se miran. Natalia más clamada lo mira -. ¡Estamos!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;Un tímido asentimiento precede al lento retiro de la tortura. Ella queda en el borde de la cama. Él va de vuelta al baño. Ella se deja llevar por la gravedad y se sienta y lo mira cerrar la puerta mientras suena la llave del lavamanos. Natalia se levanta. Sí, camina renca, incómoda, pero camina. Así se sienta con delicadeza y enciende un cigarro nuevo en la mesa del comedor mientras escucha los pasos del hombre que se acerca. No se ven directamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Bueno. Me voy entonces – diplomático no saca el rostro del piso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Dale pues. Nos vemos – la respuesta conciliadora.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-Disculpa lo malo. Es que a veces…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;-No, tranquilo – sale una gran nube gris de su boca -. De vez en cuando uno necesita un buen sacudón en la vida. También así se aprende.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;La puerta se abre difícil. El hombre sale. La puerta se cierra fácil.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; J. Gregorio Maita&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-5468088437803135998?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/5468088437803135998/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=5468088437803135998' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/5468088437803135998'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/5468088437803135998'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2009/09/lobo-y-su-luna-menguante.html' title='Lobo y su luna menguante'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-3133546486460693307</id><published>2009-06-02T09:44:00.001-07:00</published><updated>2009-06-02T09:44:35.291-07:00</updated><title type='text'>Estractos de mi primera novela "Tercera Persona".</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language:ES-TRAD"&gt;El centro lleno de ruidos y lamentos. Si la situación y el desconsuelo se crecen, vaya a saber el paradero de los rezos proféticos, de las desgracias y los comensales con la comida en la puerta de la garganta. Algunos que vomitan en sus casas, en aquellos centros troquelados por el aire frío que circunstancialmente venía y devenía, como yéndose y encontrándose con las paredes pedregosas y ásperas, en su sentido opuesto a través de las orillas, de esas pequeñas aberturas desproporcionadas. La lluvia que no deja salir ni meterse, porque meterse en sus casas es despegar en el sueño profundo del cansancio de media semana, porque salir es encontrarse con fantasmas espantosos, con miedos reservados pero que se calan igualito en el corazón con clavos, permeando la poca paciencia, que pareciera ya una estera de bostezos, y Dios parado tal y como zombie, tú, creador del cielo y de la tierra con tus manos entumecidas en puños cerrados con fuerza, aferrándote al aire, al campo sembrado de tú gloria, por siempre señor, y el amén descabellado de las gotas que suenan y resoplan con el viento huracanado y las olas más allá de los pies del cerro hechas y desastre, y esa foto de contraste entre negros y blancos convergiendo en una sombra que es Marcelo, y una diáspora maltrecha con el amasijo que apenas se definía entre Aida y el Federico, con su dolor, sus lágrimas ya expuestas, sus preguntas casi respondidas, su arrepentimiento. Eras tú, si, tú, con esa cara de quien no rompe un plato – no tienes tú la culpa del invento de los inventadores y reclamando sales por la puerta dando el portazo y bum – y te arrepientes también de ser buena gente, que por eso es que pasan las vainas. Manuel, Manuel, te llaman Manuel, que de tantos nombres apenas reconoces el tuyo que se va entre la historia como del viento se van las arenas del Sahara al Amazonas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-3133546486460693307?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/3133546486460693307/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=3133546486460693307' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/3133546486460693307'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/3133546486460693307'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2009/06/estractos-de-mi-primera-novela-tercera.html' title='Estractos de mi primera novela &quot;Tercera Persona&quot;.'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-2449087578902287693</id><published>2009-05-09T06:54:00.000-07:00</published><updated>2009-05-09T06:55:28.120-07:00</updated><title type='text'>Madre</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Sustantivo que indica un tiempo, donde el antes importa ahora mucho menos que el después. Segundo nombre propio de aquellas bendecidas, haciendo que ese primero que llevaran sea a su vez el segundo en importancia. Complemento de la vida después de la vida, movimiento justo de la naturaleza, contacto directo con el milagro más heterogéneo del género humano. Sujeto preciado en la casa, en los pasillos oblongos del mundo que vivimos alguna vez. Día de la madre: día que se celebra, día de parada, día de descanso, día de memorias, día de Bendición Mamá, día sublime, día en que aquellos hombres y mujeres que alguna vez estuvieron amarrados por un cordón umbilical retornan al estímulo primario, por muy lejos que esto sea. &lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-2449087578902287693?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/2449087578902287693/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=2449087578902287693' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/2449087578902287693'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/2449087578902287693'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2009/05/madre.html' title='Madre'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-74833054671034045</id><published>2009-04-07T12:38:00.000-07:00</published><updated>2009-04-07T12:42:16.941-07:00</updated><title type='text'>Sol Guayanés</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;Victoria amaneció igual, tal y como había amanecido en los últimos cuatro días. Hablaba pausado como en delirios de fiebre y a pesar de mostrarse cariñosa y reír de las gracias de Santiago o los mimos ridículos de su baboso padre, permanecía en un limbo ya preocupante por el avanzado tratamiento. Este asunto de ser padre ya lo teníamos memorizado, con las correderas a los centros de salud disponibles según el horario, las colas, y el dinero del bolsillo, que como no era mucho parábamos a los mismos lugares cotidianos, donde la herencia genética de mi querida Patricia tomaría a mis dos amores por la garganta, azotándolos con las amígdalas. Admitimos que era rutina eso de de vez en cuando ir a parar a las colas, al nido de las enfermeras arpías que atienden a la gente como pensando en otra cosa menos en la mística profesional, o de aquellos doctores o doctoras venezolanos o venezolanas que pareciera dejaran la paciencia olvidada en algún sitio desierto, sin preocuparse por volverla a buscar, tal vez soñando con un sueldo en dólares. Íbamos en el autobús y recordaba sin cesar el tema de algún pana en el facebook sobre “lo mierda que es” este país. Por la pertinente indiferencia del apuro de mi padre no nos quedó otro camino que el del transporte público, tramoya podrida de una ciudad planificada por arquitectos y urbanistas de Harvard. Primero fuimos al hospital militar, en el Destacamento número 8, como buscando la suerte con la niña que camina agarrada de la mano de la madre, mientras el padre, absorto también en esa preocupada inmersión antinacionalista, trataba de parar el tráfico y abrir camino como si ya no estuvieran abiertos. Yo nunca quise tal cosa. Esa vaina del odio gratuito, de la excusa trasnochada que porque mi país no es como me gusta lo detesto, nunca estuvo en mis planes. Siempre razonaba que Venezuela no era más que una mujer maltratada por sus propios hijos, desde el mismo momento en que le salió del forro al hijo de puta de Américo Vespucio pronunciar tal sustantivo con sorna y desprecio. Claro que el hábito no hace al monje, así que el nombre de mi país, campamento, teta eterna, no significaba para mí lo que en su momento significó para el conquistador, pero eso ya sería otra cosa, otro tema. La cola en el hospital militar era inmensa, por lo que desistimos con cara de rabia del intento de pasar por encima de todos los demás con la pobre excusa de que Victoria es una niña de tres años, que en el módulo, cuatro días antes, le detectaron una posible Escarlatina, enfermedad esta que, según las estadísticas de sanidad, está erradicada del país desde hace tiempo, por lo que un cuadro epidemiológico pudiera presentarse como epicentro en mi casa, en la escuela de mis hijos, en la urbanización donde vivo. Fuimos entonces con el rabo entre las piernas al hospital de Ferrominera, cuya emergencia era gratuita y estaba prácticamente al lado. Cuando entré con mi esposa e hija – Santiago veía televisión de lo más tranquilo en la casa – me sorprendió sobremanera algunos detalles que se veían en su estructura. Brazos hidráulicos que detenían las puertas para evitar el portazo parecieran invencibles al tiempo, aunque su forma rústica y cincuentona los delatara. Gran parte del mobiliario que alcancé a ver pareciera de esos primeros años de &lt;st1:personname productid="la Guayana" st="on"&gt;la Guayana&lt;/st1:personname&gt; del hierro inagotable, con tubos encajados a los techo por donde corrían cortinas, con marcos de puertas de doble encaje, con bateas tan blancas y enormes como no vi en mi vida, con cerámicas redondeadas en los bordes de las ventanas que si eran nuevas, con los escaparates con bordes de latón de acero inoxidable cuyo óxido dejaba escapar por debajo de estos el metal viejo que conformaría el resto del mueble. No diré que nuestra llegada, y esa forma tan común de atención al público fue mejor o peor que en otras partes, donde uno sale profiriendo maldiciones a diestra y siniestra y venerando el día en que salgamos de esta pelazón de bola que ya carcome el orgullo de periodista pendejo por sueños insolubles. A la segunda vez que una enfermera alta, con frenillos de yegua me pidiera que me retirara porque no podíamos estar los dos al mismo tiempo con mi niña más bonita, saldría a una decentemente mantenida área de espera, donde los bancos modernos darían un extraño contraste con algunos de los detalles pegados de las columnas o las paredes que nombraban su vejez a gritos. Minutos antes le hacía referencia a Patricia, tan solo con el ánimo de cambiarle el tema como bajarle el suiche de la preocupación, que los americanos – gringos, imperialistas – con todo y lo mierda, hacían las vainas para durar. Saldría en varias ocasiones y evocaba en mi mente la perorata de la enfermera que decía que por favor, este es un sitio muy pequeño que hiciera el favor de salir, y dramatizaba claro en mi imaginación fugaz una cara de serio a muerto, junto con un Ahórreselo, seguido de mi sombra saliendo del recinto donde mi niña más bonita era puyada por otra enfermera incompetente que no daba con la bendita vena. Sentado justo al lado de la puerta leía entre aburrido y arrecho Rayuela de Cortázar – oh maestro – como saldando una deuda ya vencida, mientras pasaban deambulando pocas personas, entre otras que sentadas igual que yo veían en la televisión bajo una señal de video pésima, pero con un audio que tampoco era la gran vaina pero.., un programa de historias de mujeres, donde una presentadora infame, en vez de proporcionar una solución a las situaciones de sus “invitados”, los dejaba peor que cuando empezaba semejante bodrio televisivo. Tratando de concentrarme en mi lectura para alejarme un poco de aquel amarillismo, entra un hombre joven, de probablemente treinta y pocos años, bajo y grueso, con una chemise roja, casco y un radio, a ver si habría alguien adentro de esa sala que los ayudara con alguien que venía. Accedo. La puerta de la ambulancia se abre ante mí. Otro hombre, de piel negra y mucho más alto que el que vi anteriormente me señala que agarre por aquí, mostrándome una camilla donde se encontraba un hombre de avanzada edad por las canas vistas, y que repartía bendiciones y gracias a los tres que acudimos en su ayuda. Su aspecto detrás de la sábana blanca que lo cubría casi en su totalidad apenas dejaba ver su cara, cuyos cañones de barba parecían recientes, y un tubo de sonda que se asomaría indiscreto para decirme con su contenido amarillento qué tan grave era la cosa. Entre la puerta de salida y la de la ambulancia se encontraban dos sombras, separadas ambas por el voluminoso sol de las diez y media de la mañana. El señor, que en un momento me pareciera un cura por lo de las bendiciones y las mil gratitudes que vaciaba gratuitamente sobre nosotros, y un acento que en su momento oyera gallego, fue depositado con su respectivo armatoste para ir acomodándolo y llevarlo adentro del hospital. En medio de dar la vuelta para entrar, la camilla quedaría incrustada levemente en ese espacio de sol entre las dos sombras. El señor exclamaría mirándome con sus ojos verde olivo inmerso en una alegría desbordante: ¡Qué sabroso! – ahora se dirigía a mí - ¡Qué bello el sol guayanés ¿verdad hermano?! Yo, como atontado por los pensamientos y esa timidez propia de los locos, solo acertaría a esbozarle una sonrisa forzada como para darle la razón. Dos segundos después su cara, ya lejos de hablar conmigo, se tornaría roja y repetiría entrecortada por sollozos de un futuro llanto ¡Qué bello el sol guayanés! Pensaría como todas las cosas que pienso y que no digo, que con aquel efecto traumático del posible siguiente paso a la muerte – confirmaría que en realidad era argentino y su hijo trabajaba en Ferrominera y que tenía cáncer en el cerebro – que aquel señor venido desde tan lejos habría por circunstancias ajenas a su propia voluntad, dejado toda una vida en su país para quedar extasiado con el bello sol guayanés. Que su primer y fugaz expresión reflejara una felicidad por un sol que no veía en mucho tiempo, y al segundo fluir de su voz dejara relucir su destino ya casi al final de sus días, rellenando aquel astro con un halo de nostalgia, como si fuera la última vez que lo vería. Y yo que tanto me quejo de él. Del calor sofocante y de su intromisión por la rendija de la ventana cuando amanece. Y nosotros que dejamos de querer a una tierra que probablemente no quisimos nunca, y que quizás era lo que necesitaba para ser un gran país, o una gran región, en vez de una retahíla de malcriadeces malsonadas por internet, que huelen más a cobardía, a escurrir el bulto, que a exponer sabidas de desarrollo en círculos concéntricos de una cultura avanzada de algunos que no es tal cosa, sino un espejismo sabiondo que no nos deja ver más allá de las narices. La aventura de Victoria acabó como cualquier otra, en la casa y con unas cuantas inyecciones pendientes. Pero lo otro no lo olvidaré nunca. Qué bello el sol guayanés, y nos sabe a mierda.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="right" style="text-align:right"&gt;J. Gregorio Maita&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-74833054671034045?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/74833054671034045/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=74833054671034045' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/74833054671034045'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/74833054671034045'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2009/04/sol-guayanes.html' title='Sol Guayanés'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-9098024065109255642</id><published>2009-03-30T15:48:00.000-07:00</published><updated>2009-03-31T09:22:59.936-07:00</updated><title type='text'>El Sueño profundo de Amaranta</title><content type='html'>&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CWindows%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:12.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:ES; 	mso-fareast-language:ES;} @page Section1 	{size:595.3pt 841.9pt; 	margin:70.85pt 70.9pt 83.05pt 70.9pt; 	mso-header-margin:35.45pt; 	mso-footer-margin:35.45pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;    &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: left;font-style: italic; " align="right"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" align="right" style="text-align:right"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" align="right" style="text-align:right"&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;a María Fernanda por su nacimiento&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Trinaba el óxido de la ventana saliente y azul, marcada con los bordes de las cortinas deformes que una vez ocuparon frente a ella un humilde espacio, bamboleante como queriendo decir “no”, descansaba en sus bisagras taciturnas los tactos del tiempo rancio, añejo, pareciendo esperar que el ruido de su tortuoso óxido las callase de una vez, para así evitar el trino altisonante del desgaste. Crujía a su derecha, siguiendo el compás molesto, la vieja y olvidada mecedora compacta que parecía bailar sobre sus vaivenes después de repetir su función desechada desde los primeros años. Encontrábase de frente al pasillo oblongo de paredes estrechas y mohosas, cuya pintura caía sola al rozar del viento, formando una uniforme alfombra compacta, olor a cal y humedad, a lo largo de su manchado piso de terracota. Más allá del fondo despedíase el aroma desproporcionado de la candela, bajo el fogón, encima del budare, para la solitaria arepa vespertina de costumbre que se descosía del calor. Ya el dorarse más de la cuenta poco valía, el hambre se encerró en una máscara de amaranto, detrás de la contradicción de aquella que le exprimía los sonidos a la silla, al unísono de la ventana. Detrás de esta se escondían los árboles de copa alta y multicolor, el nidal de las gallinas que jamás ponían, el perro negro de fauces estúpidas que le tenía miedo a los ratones, el pedestal donde mataban los cochinos en la época de las buenas vidas, y los rastros puros de los pasos de tres generaciones. Eso veía asomarse temblorosa, mientras al atardecer se mecía tranquila, mientras la recién nacida Amaranta comía de la teta de su madre las gotas de leche que quedaban, concentrándose la otra, casi dormida.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Había sido pocos días atrás, cuando la costumbre le hizo pensar durante esos pesados meses, que la panza enorme propia de la maternidad formaba parte de si misma, creyendo que había nacido así. Pero fue en las últimas horas del parto, cuando la abrazaron las ganas de bañarse desnuda en el jardín lleno de los restos de las flores que le dieron el nombre a la niña, devorándose el mundo con la barriga gigante y las nalgas blancas y gastadas al aire. Durmió esa tarde en la cama profunda de pies enormes, de los primeros habitantes de la casa. Al despertar no la recibió más nadie sino la hija, arropada entre las piernas de su madre con el cordón umbilical.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Nunca supo entender la falta de dolor en el alumbramiento, aunque si le agradeció a un no sé qué, dada la soledad en la que se encontraba, nunca salvaría su vida y la de ella a la hora de nacer. Así, sola, como pudo, resignada a no salvar más ningún otro obstáculo debido a la falta de todo y la abundancia de nada, se sentó tranquila en la mecedora a esperar mientras tuviera fuerzas, el final del abandono…&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Devoraba sinceramente con los ojos a su primogénita, dándole del pezón aún firme todo lo que pudiera, y soñaba despacio en algún recóndito escondrijo en donde esperarba lo triste. Imaginaba la cierta paz y sentía sin mirar al fogón ardiente allá en el fondo, donde apenas le llegaban los ojos, fijándose así hipnotizada en las brasas ondulantes de la leña recogida en la mañana. Sin despertar de la visión de su Amaranta, la inocente que tomaba el producto milagroso de la lactancia, provocándole el cosquilleo que tuvo una vez su madre, y la madre de su madre, en la misma silla del va y viene, traída accidentalmente de Portugal, sin expresar alguna reacción adversa en medio de la atracción salvaje de su madre, a pesar de su propia ruina. Reposó así durante los mil llantos, diurnos y nocturnos, en la pose fija, terciando al arrebiate del brazo blancuzco, en la misma glándula izquierda de los días anteriores, pegada al corazón.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Dijo en un momento de lenta sobriedad, que su niña tendría que ser mejor que las estirpes anteriores, si algún milagro las salvara del naufragio absurdo donde sumergidas se hallaban. Se dejó llevar por la costumbre heredada, volviendo a empalmarse a la mecedora, al lado de su ventana robada con la brisa, sonando sus trinos parlantes, y la arepa quemándose arbitrariamente, despidiéndose de la ternura de su compacta simplicidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Enfocada en un punto fijo despegó como enfermiza de la tierra, agarrada del brazo de la otra, vacilando las desgracias asomadas, flotando dulcemente…; así salio detrás de la candela humeante un espectro sonriente, de cara arrugada y sin cabello ni cuerpo que los sostuviese. Embelesada lo miró con las pupilas húmedas y claras, y esos párpados enormes contando la saliva con los labios delgados, emitiendo un programa divino y elocuente: “Dígame usted señora mía, en la razón que valora la vida y se encierra en un pedazo de carne infante, cual seria para mi el orgullo, substanciado en la luna que nos ampara. Dígame si es hermosa, mírela, arriba, con su natural y esbelta forma de cuna, brillante y calmada, es así que usted mira, boba, con el pequeño genio y figura de aquello que es poco más que una cosita, le parpadea de vez en cuando, así le habla, si hasta parece ronca, y duerme tranquila; eso si, no ignora lo que pasa. No se decaiga señora, deje morir lo que no ha visto la luz, que eso es abono para la flor que en su regazo descansa. Imagínesela en la vida descalza, tocando la tierra sin pena, como no lo hace la gente grande, natural, señalando las estrellas, si, esa misma que usted señalo en su momento, fíjese, ella también lo hace. Por favor, invite al mundo a ver su espectáculo”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;En medio de las palabras, fue castrante la interrupción abrupta en donde la bebé se separó del seno de la madre y abrió los ojos que no había abierto nunca, y despacio, el regaño inteligible se irguió ante ella como un espanto: “¡Mamá – sobresaltada dijo la niña – porqué lo escuchas y no despiertas…?!.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Y con las artes de las magias hizo desaparecer la casa derruida, se esfumó la maldita mecedora con todo y su ventana, se transformó el ambiente por muchas cosas, esfumándose los sórdidos detalles, los más patéticos. Despertó más allá de la somnolencia, abrumada por el ruido todavía intacto del incendio que la desmayó de golpe minutos antes, sorprendiéndola en un noveno piso, en su oficina, en su trabajo, con su hija recién nacida dormida, a pesar del alboroto de la emergencia, acurrucada en el moisés.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Nunca hubo terror más grande que la visión del fuego consumiéndolo todo. Se sintió paralizada por milésimas, hasta dejar explotar su instinto. Tomó sin rastro alguno de delicadeza a su niña en brazos, y se abalanzó sobre la cegante escalera, descendiendo muy rápido, rápido, menos rápido, y agotada en la planta baja se dejó caer en los brazos de cualquier sombra que pudiera sostenerla. Volvió en si después, por la sola preocupación. No hubo duda en lo absoluto delante del corral, al encontrar aún dormida a Amaranta, contenta por haber enseñado que lo perfecto del cariño no se encuentra en las palabras, sino en el verbo que las contiene.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt;                                                                                                                                               J. Gregorio Maita&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-9098024065109255642?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/9098024065109255642/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=9098024065109255642' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/9098024065109255642'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/9098024065109255642'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2009/03/el-sueno-profundo-de-amaranta.html' title='El Sueño profundo de Amaranta'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-8778455370208815780</id><published>2009-03-02T06:54:00.000-08:00</published><updated>2009-03-02T06:57:41.774-08:00</updated><title type='text'>El Estorbo</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;El padre en su contrariedad déjole en santa herencia una reflexión. Ahora que los cantares vaporosos de las máquinas bulliciosas se acumulan en el aire eco saltando controles de albaceas esparcidos por doquier que frente a su ventana se divierten en su actividad rutina que sin estorbo ni reparo realizan cual máquinas bulliciosas. Soltaba la décimo quinta lágrima, con sus labios en contracción estertorosa de vez en cuando y el recuerdo viene y trae males al corazón. Ellos en sus actitudes diferenciadas se hacían distantes salvo en pequeños bellos momentos de alma libre. A veces, en los días de gloria, le decía a su hijo que era igualito a su papá. Aquella arenga llenaba los vacios del resto de los indiferentes y manifiestos actos de desagravio sufridos en su infancia. Pero había uno en especial. El viejo acostumbraba a leer para respirar tranquilo en los verdes pies que la naturaleza le cobijaba. Una sombra divina y repleta de rayos diminutos le proveía de un tono exacto para la buena lectura y la reflexión. Era arisco como él solo, pero gustaba de compartir el momento con el que sentía seguiría su camino con teorías esparcidas de la historia, o en cuentos cavilados bajo hermosos tejes manejes de la palabra castellana, tal vez con la compañía de un chocolate en barra a punto de derretirse. En alguna ocasión la madre procedería a abrirse un espacio entre los dos para sentirse familia alguna vez y en lo inútil de sus intentos terminó yéndose con el rabo entre las piernas. El niño, en su admiración de este hombre inmenso, comedido, pausado en su reflexión, en este compartir de palabras mutuas que se harían interminables una vez aprendió a leer libros sin ilustraciones castrantes, terminó por amar, más que cualquier cosa, esos momentos bajo aquella mata de mango estéril. El resto de la vida parecíale un paréntesis cabizbajo de lo que era realmente su padre. Muchas veces se sentía acongojado por las transformaciones radicales que sucedían a una de tantas discusiones irascibles que cambiaban el tono del viejo en brisa fresca una vez se sentaba bajo al árbol inmenso con una pequeña torre de libros para compartir con su muchacho. Ese señor cuya prolífica tendencia no pudiera desarrollar por miedo a sus demonios y que terminarían por exteriorizar otros peores, recurría al análisis exhaustivo y casi extenuante de cada palabra que su hijo leía en voz alta, propiciando ya en su avanzada adolescencia un debate digno de una buena y enrevesada tertulia cultural. Ya muerto el padre, y enseguida pocos años después la madre, aquella escuela en que se convirtió esa mata grandota serviría para destacarse y encontrar una profesión que le dejara dividendos para vivir escasamente, mientras una compañía comprara el terreno contiguo a la casa y tuviera dispuesta en fresco encono a&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;tonar ese verde paraje, con tan solo ese mango de estorbo, en un concurrido… Le llegaría un sobresalto repentino cuando viera de cerca el monstruo metálico con orugas que se llevaría para siempre el recuerdo febril. Saltaría por la misma ventana en veloz corre corre hacia el árbol de su padre, se postraría al frente mientras el acorazado dientón se detendría a percatarse de su acción. El que dirigía la vaina se acercaría con otros más para preguntarle qué coño le pasa ahora. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;-No lo tumben.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;-Señor. Mire. Nosotros no queremos ningún problema. Ya la compañía – iba tornándose compasivo mientras los acompañantes se acercan amenazantes – habló con ustedes, y ya el asunto pasó por tribunales…&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;-Usted sabe algo – se detuvo parcialmente en suave interpretación -. Mi papá era un miserable. Mucha de esta gente que vive en este sitio tuvo muchos problemas con él por ser como era. En su trabajo, a pesar de ser un administrador eficiente, era también un tirano, déspota, una mierda implacable. Mi madre sufrió más que nadie por él. Yo mismo me convertí en un vulgar pendejo, cagoncísimo como nadie por el trato que me dio en vida. Mi padre fue una desgracia y lo más probable es que no está descansando nada en la gloria de ninguna parte. Pero una vaina sí que me dejó, aparte de esta casa. Esta mata. Vivimos todos en una ciudad asechada por el verano inclemente, y disculpe si lo molesto, ¿y si le diéramos el valor a cada árbol como se debiera?, probablemente ellos serían como lo es para mí el único recuerdo decente, la única cosa por la cual yo pudiera dudar que mi papá no se está achicharrando en el infierno. Porque él aquí era otra cosa. Él aquí, bajo esta mata decía lo que pensaba pero de otra manera, sin ofensa, sin descaro incluso. Este sitio de aquí – señalaba el piso un claro rodeado de raíces – era su trono, donde de vez en cuando se convertía en hombre, y ahora ustedes…&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;Interrumpe su perorata. Miró un momento en una cercanía por donde bajaba una rama en cuya punta guindaba solemne un mango pintón. Antes de que aquellos hombres lo sacaran de allí y prosiguieran con su vertiginosa labor, tomó el fruto y con ahínco lo cerró entre sus manos y el pecho, y corriendo como sólo lo haría un niño desapareció del camino del progreso mientras arrancaban de cuajo aquella parte tierna de su vida. Había un chance en el futuro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt;                 &lt;/span&gt;J. Gregorio Maita&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-8778455370208815780?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/8778455370208815780/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=8778455370208815780' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/8778455370208815780'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/8778455370208815780'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2009/03/el-estorbo.html' title='El Estorbo'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-3914182847797543937</id><published>2009-02-25T06:17:00.000-08:00</published><updated>2009-02-25T06:18:35.110-08:00</updated><title type='text'>Violencia</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: arial;"&gt;El niño se sujetaba en la mirada perdida. Sus ojos grandes en controversia con su entorno parecían describir el ruido sinuoso de las olas y el choque con la orilla desnuda. Aquella pequeña expresión de un temporal autismo, de quizá un viaje lejano e imaginativo donde sus cachetes redondos como manzanas se sentaban a contemplar el aburrimiento. Ahora el sonido se intercambia por el verdor muerto de una cancha de tenis. En la esquina izquierda del lado pegado a una pared de hierba marchita el muchacho veía un cuadro de espanto. Una pelota de color cuasiflorescente desciende con estrépita velocidad cercana al borde válido, donde milésimas de segundo después cae sin remedio un jugador delgado que rebota contra el suelo en doloroso espectáculo. El intento perdido le da el punto al otro que se escucha reír a lo lejos. El caído golpea el puño contra el piso, se incorpora con lentitud, mientras mira pasar la redonda causa de su incrementada furia. Levanta la raqueta y la despedaza en un su deseo ferviente por destruir la pelota. Siendo inútil su esfuerzo se voltea y corre directo al lugar donde se supone está el otro jugador. Crece entonces el sonido de la pelea. En momentos se vuelve a ver al agresor siendo derribado en la misma esquina donde le naciera el sentimiento incontrolable, magullado por aquel cuya raqueta se ve doblada de tanto darle en la espalda y cabeza. Por fin al caer abatido continua el calenturiento machacar del ganador de la partida incluso después de que el otro dejara de moverse. De un lado de este cuadro preciso – el derecho – sale una mujer que en desespero saca un revolver y le dispara en la espalda al que golpea. Sólo así deja de golpear cayendo al piso en seco mortuorio. El niño no despierta. Es jalado por su madre que desesperada desea irse lo más rápido posible del lugar. Ahora corren y dejan a los otros dos en el charco rojo que con el verdor muerto del descolorido piso da la impresión de un marrón espeso. El sol pega en cenital.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-3914182847797543937?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/3914182847797543937/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=3914182847797543937' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/3914182847797543937'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/3914182847797543937'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2009/02/violencia.html' title='Violencia'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-7450756000203079987</id><published>2009-01-26T09:53:00.000-08:00</published><updated>2009-01-26T09:58:46.176-08:00</updated><title type='text'>Presente</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style=" ;font-family:Arial;"&gt;El movimiento de las manos y la escopeta con sus bocas abiertas. La izquierda que sostiene la culata firme, como un pasamanos, como un hacha, como un control absoluto. La otra se debate en los cartuchos que apoya sobre su ingle para meter uno y después el otro. El fondo del fondo es verde, agolpado por rayas de un amarillo muerto por el verano inmisericorde, replegadas en inclinaciones esporádicas al suelo por el viento que por ese raro momento era frío, calculador. Antes del fondo hay un hombre con sombrero que grita. La otra figura, pensar en femenina belleza y solemne desgracia e indefensión, sólo recorre las manos más allá del ángulo de la esquina del porche combinado entre madera, metal y cemento. En cortos avatares mostraba en sus manos condescendencia, miedo más bien. Un para, sin esculpir su colmada paciencia, y el hombre vocifera en conducta regia, firme, incólume en su desgracia, en su barba de días, en su descuido de vida, en la cosecha perdida y en el reclamo sobre las gallinas. Las gallinas no sé qué y no sé cuánto, y cercano a este punto de vista la mano que coloca los cartuchos en la posición correcta, y el crujido leve de la escopeta que se cierra, y los percutores se acerrojan. Ahora las manos cambian, se turnan en cortejo cuando la derecha pasa al disparador y la izquierda se posa debajo del cañón en el pedazo de madera debajo de éste que no importa como coño se llama pero que estaba allí cuando encontró el asunto debajo de la cama cuando empezó a escuchar los gritos. Avanza en pasos reducidos. Se siente crujir el piso. Una pausa repentina y el fuego baja. El hombre del fondo disminuye su tono, baja la cabeza, reflexiona. La voz de la mujer pareciera relajarse en la distancia mientras se aleja su eco y el viento frío sopla más fuerte. El que sostiene el arma se agacha pensando que lo verán antes de tiempo. Tiembla por un momento, y pequeñas gotas de sudor helado se asoman. De repente una ráfaga de billetes salen disparados sobre el rostro. Y aquellos insultos de vieja arrecha que dominan el aire. El hombre del fondo va levantando su rostro, y el sol le llega de frente a los ojos. Arruga la cara. Respira profundo. El de la escopeta retoma su camino en lento, respira y respira esperando llegar cerca, esperando el momento necesario. Cuando llega al punto vuelve a agacharse. La discusión allá adelante vuelve a cocerse. Los fuegos, la madera se arrima otra vez a la candela. La escopeta se levanta, apunta. El dedo en el disparador se acomoda, acaricia la pestaña de metal y se sujeta firme. Ahora el movimiento pausado de su acción se transforma en un pum-pum infantil. Los dos que discuten se alarman. Un niño pequeño, quizá de cinco años apunta fiero a su padre con una escopeta de juguete. La madre y el padre que lo miran se sorprenden. La mujer se alarma y vocifera argumentos sobre la violencia y lo que aprende el carajito viviendo en este monte. El padre lo mira de frente y sigue sintiendo rabia en la cara del primogénito. Parece que camina hacia él. El niño lanza otro pum-pum “estás muerto”. La altura del porche los coloca cara a cara. El hombre lo toma por los hombros y le pregunta si de verdad lo quiere matar. El niño asiente temeroso.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style=" mso-ansi-language:ES-TRAD;font-family:Arial;"&gt;-Entonces será mejor que me vaya. Cuida mucho a tú mamá… - y el viento volvería a su acostumbrado y cálido arrullo de verano saliente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;J. Gregorio Maita&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-7450756000203079987?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/7450756000203079987/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=7450756000203079987' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/7450756000203079987'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/7450756000203079987'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2009/01/presente.html' title='Presente'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-8927488149657396119</id><published>2008-11-10T06:54:00.000-08:00</published><updated>2008-11-17T06:05:13.575-08:00</updated><title type='text'>Aquero</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Una casa hecha de bahareque se encuentra rodeada de tierra seca. Su techo de zinc es brillante. El sol empieza a salir al mismo tiempo que una hornilla rudimentaria empieza a encenderse. De la puerta sale un niño caminando poco a poco. En su risa se nota alegría de nuevo día. Se detiene ante el camino de tierra frente de su casa por donde pasan algunos carros dejando una estela de polvo detrás. Aquero se apresura a pasar justo a tiempo antes de que pase otro carro a toda velocidad. Hay un barranco donde se nota la leve presencia de la humedad selvática en degradado de arriba hacia abajo de menor a mayor. Hay un paso pequeño por donde baja Aquero. Al fondo se ve una selva extensa, abrumadora. Aquero camina cuando llega abajo con el sol que lo perturba un poco, hasta llegar a la sombra de los árboles. Empieza a escucharse el riachuelo. La cascada diminuta da origen a un pequeño descanso de agua mansa. Aquero capotea y salpica con los pies la tierra y las rocas alrededor en la orilla. Ahora Aquero se sienta en lo profundo con la cabeza sobresaliente y juega con sus manos a que son carros a gran velocidad que pasan por su casa. Escucha un silbido. Su cabeza se paraliza, sube y el remoto sonido familiar lo empuja a salir del agua. Corre por donde vino hasta perderse dentro de su casa. Se agacha y gatea debajo de la mesa. Las piernas de su madre se atraviesan por momentos. El niño se sienta mientras su madre le sirve el plato. Ella le dice “Te lo comes todo. Ya debe estar fría la arepa.” La mamá le da un beso en la frente. Aquero sonríe mientras mastica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;J. Gregorio Maita.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-8927488149657396119?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/8927488149657396119/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=8927488149657396119' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/8927488149657396119'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/8927488149657396119'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2008/11/aquero.html' title='Aquero'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-8456371805207304362</id><published>2008-11-10T06:51:00.000-08:00</published><updated>2008-11-10T06:54:13.514-08:00</updated><title type='text'>Pick up</title><content type='html'>&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CADMINI%7E1%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:Calibri; 	mso-font-alt:"Century Gothic"; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:swiss; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:-1610611985 1073750139 0 0 159 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin-top:0cm; 	margin-right:0cm; 	margin-bottom:10.0pt; 	margin-left:0cm; 	line-height:115%; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:11.0pt; 	font-family:Calibri; 	mso-fareast-font-family:Calibri; 	mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:ES; 	mso-fareast-language:EN-US;} @page Section1 	{size:595.3pt 841.9pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:35.4pt; 	mso-footer-margin:35.4pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;Se vendió la camioneta y el entrecoveco del hueco se me cerró por no tener cómo llenarlo. Así las puertas de la casa grande esa que llaman de estudios acudió en mi boca un sinsabor de mieles chorreadas por las paredes que tampoco pude saborear por no tener cómo. El cómo me come y el porqué me aturde y basta y sobra un vientecito cualquiera para tumbarme. Coloso, momentáneo el momento de respirar profundo y comenzar la caminata continua pero cada vez más abajo en el subsuelo hediondo. Aquí las hormigas trabajan doble, yo no hago nada. Se vendió la camioneta y en mi desconsuelo veo como el pasar de mis veintiocho años se van sin dejar rastro. No poseo nada que sea realmente mío, como esos comodines y calmantes de acero, plástico y circuitos instantáneos que reflejan la madurez del adulto que deja su hogar teniendo la fuerza para caminar solo. Lo que tengo lo tengo gracias a la providencia que de mí ha tenido piedad, el problema que me aturde es que se le está acabando la tarjeta. Se vendió la camioneta como signo a mi gran derrota. Aquellos aludes, temblores, aquellos ademanes de futuro biselado, con cornetas enormes y cámaras por doquier donde se hicieran realidad las historias vacías. Esas arrecheras vivas de sentirme bastardo de por vida, de la vida que soba y golpea y de la que espero todavía el consuelo de una mano condescendiente. Esta depresión por falta de sueño que me hace pensar estupideces. Es solo el dolor de tener algo que se fue y me dejó en la bastedad de desentendido, del impotente, del nada. Yo Insecto escribí una vez y bastó y sobró la lejanía. Este letargo añejo completa mi vida y egoísta soy en no pensar justo ahora en mis niños chiquitos. A quién reclamo mi amarga tempestad. A los vientos solapados de mi ventana que gruñen y parecieran tumbar el techo sobre mi cabeza. Esa era mi camioneta, el calor de esa llama espejismo en la que se convirtió mi realidad. No era tan solo el apego al material o la comodidad del lleva y trae. Era el reflejo, el premio final que sería mío cuando se lo devolviera a su legítima dueña con todas las llagas borradas,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;que serían también las mías. Ahora lo que queda es esperar a ver qué coño pasa.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;J. Gregorio Maita.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-8456371805207304362?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/8456371805207304362/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=8456371805207304362' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/8456371805207304362'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/8456371805207304362'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2008/11/pick-up.html' title='Pick up'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-7202353574173855475</id><published>2008-08-29T18:57:00.000-07:00</published><updated>2008-08-29T18:58:48.850-07:00</updated><title type='text'>Tenai o Kampa (vainas mías)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El proceso cultural venezolano, y específicamente el guayanés, muy permeable a la alienación, y que en cierta forma permite, gracias a nuestra mezcla racial furibunda, la entrada y salida de diversas formas de la cultura, que en muchos casos no es tan siquiera cercana a nuestras latitudes, es un signo – o EL signo - macabro de nuestro sol de San Félix. El poder del guayanés se limita al sello superficial de un logo – probablemente hecho en otro país – con el cual una insignia chapea el entorno con derredores sonantes y vistosos, propios de una sociedad capitalista endeudada pero feliz.&lt;br /&gt;Pero ya me estoy saliendo del tema. La alienación cultural de Guayana – nuestra isla colonia mal postín de la república (no confundir mis palabras con algún dejo separatista) – viene, como bien sabe Euclides, desde la época de nuestro insigne Manuel Carlos Piar, y la batalla famosa que le permitiera a nuestro país alcanzar la independencia, gracias a los recursos bien habidos de esta bendita tierra.&lt;br /&gt;Como cosa rara, pienso que la cultura es un elemento transformador, y a la vez distintivo. Es, por utilizar términos que pululan en el aire, nuestra foto frente a otras culturas. Por supuesto que la representación indígena, milenaria, que habitaba la sabana y sus confines, y que recibiría a los monjes con la estampa pacífica de bienvenidos, métannos el dedo en el culo si les da la gana, no es por menos nuestra condena.&lt;br /&gt;Kampa, vocablo indígena, es parte de una parte – permítanme la redundancia - que es fundamental piedra dentro de esa representación de la cultura indígena de nuestra región. Pero debemos asumir la realidad de lo que somos. Se lo decía a Karla por el Messenger – hablando de alienación – sobre nuestra verdadera identidad como pueblo guayanés. Las distintas conquistas he invasiones que sufrieron los pueblos autóctonos durante los siglos de la barbarie postcolombina terminaron reduciendo su tenor a poco más que una exótica representación de lo que una vez fueron. Los indígenas, que tienen su peso en Guayana, no son la cultura dominante, pues otra, sin forma, color, sin términos fijos o extremos visibles, es la que ahora puebla nuestras latitudes. Nosotros somos parte de ella.&lt;br /&gt;El verdadero arraigo cultural se hará realidad cuando entendamos eso. Que no somos ni frío ni calor, ni chicha ni limonada, no somos indígenas, ni europeos venidos a menos. Somos una vaina rara a la cual tenemos que ponerle un nombre si no queremos pasar desapercibidos en la historia.&lt;br /&gt;El asunto de Tenai – teatro natural e inteligente – pudiera ser una excusa de la vida para ponerme a pensar en cosas que probablemente no debería estar pensando. Pero si me parece importante establecer que si de verdad queremos servir, como el grano de arena, a nuestra región, a la construcción del arraigo cultural que tanto necesita Guayana, tan buena madre que ha sido, debemos establecernos como algo distinto que no excluye, sino que incluye – sin dejarnos meter el dedo tampoco - los distintos matices que de manera fortuita habitan indisolubles en nuestra sangre.&lt;br /&gt;En un punto anterior de este tenue ensayo dije que la cultura es un elemento transformador, tal como lo es el agua. Pero tan vital elemento, en posturas indisolubles, en estanques fijos, duros y donde el respiro se hace amargo, se pudren las opciones antes de haber nacido. Se convierte en dengue la buena intención.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;J. Gregorio Maita.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-7202353574173855475?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/7202353574173855475/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=7202353574173855475' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/7202353574173855475'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/7202353574173855475'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2008/08/tenai-o-kampa-vainas-mas.html' title='Tenai o Kampa (vainas mías)'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-4833452782749999313</id><published>2008-08-08T12:59:00.000-07:00</published><updated>2009-03-27T07:02:41.259-07:00</updated><title type='text'>País de Extranjeros</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Me tomo la libertad de reproducir una reflexión del periodista Miguel Salazar, la cual contiene ideas ciertas de lo que es - somos - nuestro país gracias a nosotros. Me pareció súmamente significativo por lo cual lo comparto con ustedes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Las Verdades de Miguel, nro. 210, del 18 al 24 de julio de 2008, página 24.&lt;br /&gt;Mi comentario de la semana:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Venezuela como país de paso. José Ignacio Cabrujas llegó a escribir un ensayo sobre el tema. En ese entonces Lusinchi, usando a Carlos Blanco como inquisidor, proscribió el texto que formaba parte de una compilación de ensayos titulada La Reforma del Estado. Se refería Cabrujas a nuestra triste condición de país campamento. Hoy, esa tesis cobra mayor fuerza: somos además un país de extranjeros. Con contadas excepciones no hay un gobernante nuestro que no se haya dejado tentar por esa condición extranjerizante. La mayoría de ellos terminaron con ser libertadores de América y de más allá, mientras nuestro país era malquerido. Con Chávez quedó al descubierto que ese otro país no se siente venezolano, ese que viste con los atuendos españoles para celebrar la conquista de un equipo de balompié que ni siquiera conoce, pero que poco le importa si Venezuela le gana a Brasil. Esa actitud es acompañada por el menosprecio, la conseja: “jugamos contra un equipo inferior”, “Chávez le pagó a Lula para que nos permitiera saborear la victoria”. El más reciente, en referencia al éxito de Dayana Mendoza: “La colombiana es más bonita que la venezolana”. En los barrios de caracas, desde los más encumbrados, hasta los más paupérrimos, suenan las bocinas cuando el colombiano Montoya se impone en una carrera de automóviles, pero callan cuando Johan Santana lanza un juegazo de pelota. Quienes lo hacen esperan a los gringos con fuegos artificiales. Los esperan como esperó a Boves la oligarquía valenciana; para ofrecerles a sus hijas. ¡Cómo aplaudieron al borrachín de La Moncloa cuando mandó a callar a Chávez! Por mucha arrechera que se le pueda tener a Chávez, la cosa no da como para celebrar la grosería del español por muy monarca que sea. ¡Ah no, somos objetivos, la colombiana es más bonita que Dayana! Lo que somos es pendejos. Vayan a Colombia y hablen mal de Uribe para que ustedes vean que los cachacos y paisas (aún odiándolo a muerte) lo defienden de la “mala intención venezolana”. Ahora, nosotros mismos nos hemos empeñado en ser un país de paso, ser el campamento descrito por Cabrujas, porque si había algo por derribar en Caracas no era la estatua de Colón sino la propia Catedral de Caracas, por ser un verdadero rancho levantado apresuradamente por quienes acampaban acá, apertrechándose para continuar hacia el sur, donde encontrarían los virreinatos. ¡Qué afrodescendientes ni que nada! Somos venezolanos y punto. Debemos defender esta tierra con nuestra vida, porque ello significa la vida de nuestros ancestros y la vida de quienes han de venir desde nosotros mismos. El extranjero que no quiera al país está en libertad de irse al mismísimo carajo a lavar carros o vender salchichas, o a lavar platos. Somos venezolanos y nuestros símbolos se respetan. A los esbirros que se aprovechan del anonimato del Internet hay que darles una lección. Que se escuchen los cornetazos cuando en Beijing se escuche el Gloria al Bravo Pueblo. Amo a Venezuela por encima de todas las cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                                                                         &lt;strong&gt;Miguel Salazar&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-4833452782749999313?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/4833452782749999313/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=4833452782749999313' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/4833452782749999313'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/4833452782749999313'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2008/08/pas-de-extranjeros.html' title='País de Extranjeros'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-2409005697312997532</id><published>2008-07-16T15:41:00.000-07:00</published><updated>2008-07-16T15:43:53.589-07:00</updated><title type='text'>Contraseña</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Lo hicieron por última vez sin ganas. Él, motivado por una necesidad interior recordaría los viejos tiempos reviviendo a un viejo amigo. Ella, destapada en su característica estimulación del trabajo sacrificado, comedido y bien pagado, había intercambiado la falda por los pantalones por lo que inequívocamente se sentiría más. El proceso de adulación comenzaría a eso de las siete de la mañana, en medio del marco de la puerta, con interiores de dos días, comida entre los dientes y una incontrolable picazón en la entrepierna. Ella vería de reojo la intención de él, quien sin ocultar que su maliciosa intención le haría una seña que la conduciría inevitablemente a la habitación. El cuarto de ambos era de un gusto sutil al de un acomodado matrimonio de clase media. El contorno de colores pastel, una cama enorme envuelta cuidadosamente en un edredón hecho cuadros alternados entre azul y verde en distintos tonos, una luz fluorescente cuyo brillo a veces se debilitaba en las noches cuando el hombre encendía todo su aparataje tecnológico arrinconado en el consuelo que le quedaba detrás de la cocina, mientras la mujer, examinando los horarios y rutinas de su esposo terminara más de una vez masturbándose sin que se diera cuenta el otro, con todo y el espectáculo que le daría una porno en el televisor de 29 pulgadas. Pero esta vez no había tiempo circunstancial sobre el cual determinar si en algún momento el asunto terminaría bien, pues el hombre tomaba por los hombros a la mujer que sumisa entregaba lo poco de ganas que tenía en cuatro patas con los ojos abiertos a la pared sin emitir sonido alguno, mientras al fondo se emitían palabras malsonantes de estimulación temprana como puta, y preguntas necias como ¿Te gusta?, entre otras tonterías. Cuando llegó el momento de terminar – para él – le pidió que amablemente sostuviera al miembro con su mano pequeña y trémula, a lo que ella se negó rotundamente pues consideraba que ya había perdido tiempo valioso y que llegaría tarde por su culpa. El tanto nadar para morir en la orilla se refiere al retrato de un hombre terminando de hacerse la paja frente al lavamanos mientras escucha el portazo de la mujer que se va sin mirar para los lados. Es triste, pensaría una vez limpio el pegoste, y se sentaría a tomar nestea apoyado en el medio muro del balcón, mirando la ciudad indiferente, llena de grises y sonidos diversos, gente que entra y sale del edificio... Su cara, como poema, describía la frase de se acabó en tonos vacilantes dentro de su mente algo aturdida. Encendería la televisión en momentos de ladilla desesperada y lo apagaría cuando una brillante idea – salir a la calle a hacer no sé qué cosa – llegara sin rechistar, hasta que una pequeña emulación de reflexión lo trajera de nuevo al punto de partida, pues había que examinar cuáles eran los beneficios de salir con esa pata hinchada. “Mira, ¿será que me puedes depositar algo que quiero salir?” Tenía que esperar a que llegara al trabajo, se conectara a internet, y con sorna y descaro se pusiera a hablar con quien sea para darle largas al asunto. Volvería a llamar para confirmar la transacción, y la esposa, con voz de fastidio le dijo que esperara porque el jefe la solicitó con carácter de urgencia en su oficina, que en lo que se desocupe hace la transferencia para que se vaya para dónde le dé la gana. Qué más podría hacer sino consumirse en la resignación, sentarse a ver algún programa de concursos o alguna de esas estupideces que emiten a esa hora de la mañana para aturdir a los televidentes con un poco menos de cultura y nivel intelectual. “Mejor veo una película mientras a la guevona esta le da por mandarme la plata”. Le manda un mensaje de que por favor se apure, que él le paga cuando tenga real, a lo que ella responde que cuándo será eso. Le contesta tranquilamente que algún día llegará el día en que le pagará todo lo que le debe. Aquella se ríe, sin pesar, pensando en los días previos a su maldito encuentro, en un boulevard de piernas alegres donde sin querer se tropezaría con semejante individuo. Sí, ella entiende que él no era así sino cuando le dio por ser un soñador ecléctico que demostraría menos talento que el imaginado por sus antiguos ojos amorosos. Pero la oficina estaba full de papeles, estragos de burocracia por todas partes, y el nuevo jefe – que asumiría su cargo recientemente, entre disturbios y calentamientos de calle – tenía la misión de ordenar, para luego irse y que otro desordene lo que había ordenado previamente para así volver como el becerro a la teta a ordeñar lo que había ordeñado tiempo atrás. Entonces, la visión se le nublaba entre la rabia que le daba el sexo patético, el marido inútil en la casa presionándole los botones, y el jefe encima de ella como si fuera a darle un hijo. En eso, medio desesperada por todo aquello, decidiría darle la clave para entrar. Era un número mágico que recordaría lo que fue al principio, cuando él abrió la cuenta con sus reales y ella ennegrecida por la inactividad tomaría el hecho como un contrato de matrimonio. Al dárselo a su marido, este haría lo que tenía que hacer sin mucho alardeo y por el monto exacto. Era honesto el pobre, ni un centavo más ni uno menos. Pensaba ahora en la travesía desde al ascensor dañado que bajaría las escaleras llenas de chicle añejo y cruzándose con otros seres tan ladillados como él que reían circunstancialmente a cada paso bajando escalones. Se cruzaría en su mente una idea trascendental, entre algoritmos antirítmicos de poca consistencia sobre su vida mundana. Prepararía la página mental al entrar al cyber – para no dejar registro en su casa - con la cabeza viendo para otro lado menos al frente. Chocaría – literalmente – con el mostrador de vidrio traslúcido que reposaba frente a la muchacha – bien bonita por cierto – que entre sonriente y distraída le diría que la hora de internet está en no sé cuánto, y que la máquina seis está disponible. Una mueca se le asomó cuando vio aquello, pues su costumbre desde los tiempos del lujo bien pagado le permitieron alejarse de esos menesteres, y el muy orgulloso brillo que le producía el sentarse frente a semejante esperpento tecnológico – en comparación al de él – se le transformó en sorna. Empezó por revisar el correo – suyo – a ver si por si acaso algún milagroso conocido de sus tiempos de gloria volátil se acordaba de sus hazañas y añoranzas. Tragó hondo por la preocupación cuando vio la bandeja de entrada vacía desde hacía más de una semana. Al salir juguetea con sus dedos delgados, respira, piensa otra vez en la combinación posible, y vuelve a pensar, negativo, en las tantas veces que había hecho esto con la cuenta corriente del papá, cosa que rara vez funcionó. Pero el tiempo, alguna clase de superposición lunar se le atravesaría en el ascendentedescendentesignobuenomalo con el que sin perder tiempo se le abrió ante sus propios ojos el mail de su mujer que tan pobrecita ella, había de olvidar por los próximos minutos. En la oficina el nuevo jefe machaca que machaca órdenes de los desórdenes habidos y por haber, donde su contorno verde mar se hace traslúcido y brillante como la gota que baja y se alinea con el sol y le brilla el ojo al marido entrometido que jurunga lo que no debe jurungar.  Se detiene en un nombre desconocido a que la pregunta, necia al fin, le responde sola: “Raúl, cómo me gustaría estar contigo nuevamente – la fecha no era reciente – pero no creo que sea el mejor momento para seguir con esto. Cada vez que vienes para acá y nos encontramos la pasamos de lo mejor. Y sí, eres el mejor hombre y amante que he conocido, pero todavía me queda algo de respeto por mi esposo y tengo que tenerle cierta consideración porque no está pasando por un buen momento”. Otro que decía: “Como que hiciste un curso en la selva. Estuviste salvaje. Para la próxima avísame y te pongo en contacto con mi jefe, tú sabes, el propio, para ver si te ayudo a mejorar tus conexiones en este país”. Ya claro todo más o menos de cómo iba la vaina suspira el hombre. Alivio, se le ve en la sonrisa desplegada como bandera uniforme al viento de la discordia resuelta y que como ráfaga se le prende. Decide pues reenviar los correos de Raúl a todos los entendidos de la lista de contactos y alguno que otro colega periodista por si acaso. En la noche, en medio de sus fantasías absurdas de juego de video, internet y otras desviaciones llega la mujer con cara de perro, saludándose media hora después, en medio de una cara irónica que le pregunta cuándo va a utilizar sus contactos para conseguirle un trabajito en el gobierno. “¡¿Ah?!” responde como haciéndose la sorda, pero no era eso cuando le responde que más de una vez ella ha intentado convencerlo de que un trabajo de quince y último es lo que necesita, que no hay nada de malo en eso. Mi vida por un cestaticket, dice quedo y se va. Aquella responde entre dientes Vete pa` la mierda y se voltea. Duermen como lo han hecho en los últimos días, de espaldas el uno al otro, y el día amanece como si nada. A eso de las siete la llama una amiga medio histérica que le dice marica entre otras cosas medio dormida que medio entiende de un no sé qué en las noticias que salga porque se está jodiendo la vaina. La vinculan con un jefe guerrillero recientemente asesinado en un bombardeo en Ecuador, y la denominan puente de conexión fundamental entre éste y el gobierno venezolano, por lo que este último tendrá mucho que explicar cuando salga la señora y la detengan sin mucho descuido en la puerta del edificio de su casa, mientras su marido absorto en la ventana la ve sin perder detalle del asunto. Suena el teléfono.&lt;br /&gt;-Aló.&lt;br /&gt;-¿Ya agarraron a tú mujer?&lt;br /&gt;-Sí. Justamente ahora se la estaban llevando.&lt;br /&gt;-Marico, pinga e peo. ¿Cuánto tiempo vas a dejar que esto corra, chamo? Mira que esto es delicado. Es una vaina de proporciones internacionales.&lt;br /&gt;-No sé. Hasta que me aburra de verla en las noticias.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;J. Gregorio Maita&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-2409005697312997532?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/2409005697312997532/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=2409005697312997532' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/2409005697312997532'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/2409005697312997532'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2008/07/contrasea.html' title='Contraseña'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-7537756549902561604</id><published>2008-07-16T15:37:00.000-07:00</published><updated>2008-07-16T15:40:46.840-07:00</updated><title type='text'>El Mega</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El mega&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya al despertarme, encuentro en el desconcierto, cierta cosa pues, el espacio vacío delante de mí. Por un momento hago caso omiso, pues no me interesa sino dormir plácidamente acurrucado entre mi cobija amplia; sin embargo, la continuación del vicio descolocado de aquella fuerza superior que me inunda me recuerda que en ese espacio vacío había algo. Restriego mis ojos para enfocar. Veo sí, la foto de mi madre cuando la agarré descuidada con los rollos en la cabeza y metida entre las matas y con las loras volando rapases sobre su cogote, el afiche que detrás de aquel espacio donde una mujer esberta y en pantaletas blancas me muestra su boca como queriendo besarme – inanimada imagen que perturba en la noche sola – pero que no sé por qué no lo termina de hacer. A lo que voy. El espacio vacío consta ahora de un rectángulo rodeado de polvillo, un cable de alimentación principal, y artículos varios de computadora.&lt;br /&gt;-¿Y entonces?&lt;br /&gt;Qué ingenuo soy. Cuando logro pararme y espantar la flojera después del desayuno, el baño mañanero – eran como las once más o menos – me encuentro parado tomándome un café sin leche – no la encuentro – con mi taza enorme viendo atónito el espacio vacío.&lt;br /&gt;-¿Y entonces?&lt;br /&gt;Brillante toda aquella reflexión sobre ese espacio vacío. Ajá, entonces estoy parado como un pendejo delante de aquel espacio sin percatarme todavía, tratando de adivinar lo faltante en el transcurso de los segundos que me caen encima como ñames coloridos en tierra, de qué demonios me hace falta.&lt;br /&gt;-¿Y entonces?&lt;br /&gt;Que va-ca gorda. Me voy a la panadería.&lt;br /&gt;-Épale portu. ¿Qué pan tienes ahí?&lt;br /&gt;-Media canilla.&lt;br /&gt;-Dame dos. Uno para comérmelo aquí y otro para llevar.&lt;br /&gt;Qué rico el pan. Coño. Se me olvidó el teléfono. ¡Eso es, gran carajo! El teléfono… no, no es. Me estoy terminando el pan y sigo parado frente al espacio vacío donde no está donde pienso debería estar algo. Tomo el teléfono de la mesita de noche, abro la tapa y encuentro un mensaje: “Maldito desgraciado”; a lo que respondo sin chistar ¿Quién es? Lo coloco de nuevo en la mesita y prendo el televisor a ver qué está pasando en el mundo, que no es que me importe mucho tampoco, pero uno nunca sabe cuando sale algo que le pueda cambiar el día… ya va… qué vaina es esa… mierda loco…&lt;br /&gt;Entonces suena el teléfono y lo agarro.&lt;br /&gt;-Aló.&lt;br /&gt;-Mira. Cómo que quién soy. Ya se te olvidó que tienes novia.&lt;br /&gt;-Sí.&lt;br /&gt;-¡¿Cómo es la vaina?!&lt;br /&gt;-Que se me olvidó que tengo novia, así que por favor si de verdad soy el novio tuyo recuérdamelo porque yo tengo una pésima memoria.&lt;br /&gt;-Tú si eres arrecho de verdad…&lt;br /&gt;-Pero podemos hacer algo. Si tú de verdad eres la novia mía me puedes decir cómo es mi casa. Total, no creo que a una novia mía no la haya traído aquí.&lt;br /&gt;-¿Tu me estás vacilando?&lt;br /&gt;-Nop.&lt;br /&gt;-Vives en las residencias San Soucy en Chacaito en el edificio el P… piso…&lt;br /&gt;-Ok, ok. Ya va. Tampoco se tiene que enterar todo el mundo que vivo aquí.&lt;br /&gt;-¿Quién coño se va a enterar?&lt;br /&gt;-Mija. Tú no sabes cómo están las cosas hoy en día con eso del espionaje. Pero eso no fue lo que te pregunté. Si sabes dónde vivo lo mejor que puedo pensar yo es que eres una rolitranco e loca que quiere acosarme sexualmente.&lt;br /&gt;-No puedo creer lo que estoy escuchando – imagino que se está llevando las manos a la cabeza, pero como no estoy viéndola no lo puedo asegurar.&lt;br /&gt;-Pero dime cómo es mi casa por dentro.&lt;br /&gt;-No puedo creer que estemos hablando otra vez de lo mismo.&lt;br /&gt;-Si eres novia mía y estamos en esto hasta ahorita debe ser porque me quieres mucho. ¿Verdá mami?&lt;br /&gt;-Tu puerta es marrón – suspira - y sencilla porque eres tan pichirre que no has sido capaz de poner una reja Multilock como todas las demás personas de este país…&lt;br /&gt;-Ajá, continúa.&lt;br /&gt;-… en lo que se entra está una mesa larga con un espejo arriba que tiene un poco de fotos, tarjetas de presentación y estampitas de santos y todas esas cosas. Después está la sala llena de muebles viejos cuya única descripción posible es que están para botarlos. A mano derecha están dos puertas. La primera y que está siempre abierta, no sé por qué, es la de la cocina que se encuentra a la izquierda. La de la derecha es una habitación. Más adelante hay dos baños y dos habitaciones más, de las cuales, la que está al final de ese pasillo la tienes como depósito de un pocotón de cachivaches viejos e inútiles que he tratado por los últimos dos años de sacarlos de allí…&lt;br /&gt;-Esa vaina es mía y usted no tiene porqué botar nada…&lt;br /&gt;-… el cuarto dónde tú duermes está justo a la derecha de la entrada principal, donde tienes un pequeño tarantín con periódicos y revistas viejas que y que para hacer tu archivo histórico de la nación.&lt;br /&gt;-Es que así me ahorro el viaje para la Hemeroteca Nacional. Ajá. Ahora llegamos al momento decisivo. En mi cuarto hay una mesa. ¿Qué había en esa mesa?&lt;br /&gt;-Tu computadora portátil…&lt;br /&gt;-Gracias. Te llamo después…&lt;br /&gt;Antes de colgar pensé escuchar algo así como un alarido, pero como ando medio loco últimamente ni bolas le paré. ¡Eso era coño! La computadora portátil. Y lo más arrecho es que si no estaba en mi casa, es porque estaba en otro lado – qué genial – y justo cuando veo la televisión la veo. Allí está. En una rueda de prensa ¿en dónde? ¿Y cómo hago yo para ir allá.&lt;br /&gt;-Buenas. Buenas. Señorita disculpe. Buenas.&lt;br /&gt;-Sí señor. En qué puedo servirle.&lt;br /&gt;-Mire. Es una cosa muy seria. Necesito que me comunique con el ministro.&lt;br /&gt;-De parte de quién.&lt;br /&gt;-Dígale que soy un ciudadano que ha sido robado de manera intempestiva por el gobierno de Colombia.&lt;br /&gt;La señorita me mira raro, y yo le aseguro que mi cara es así y que no tengo otra de repuesto porque si la tuviera la estaría usando.&lt;br /&gt;-Disculpe, pero el ministro en este momento se encuentra sumamente ocupado.&lt;br /&gt;-Sí. Yo sé. Y le digo que mi urgencia podrá aliviarle todos sus males de un solo guamazo.&lt;br /&gt;-¿A qué se refiere?&lt;br /&gt;-Esa computadora que dicen que tenía el guerrillero este, cómo es que se llama…&lt;br /&gt;-Raúl Reyes.&lt;br /&gt;-Esa computadora es mía.&lt;br /&gt;-Señor, pero cómo es eso que esa computadora es suya.&lt;br /&gt;-Porque la vi en televisión y es igualita.&lt;br /&gt;-Pero señor. Si eso lo encontraron en una zona de Ecuador…&lt;br /&gt;-Señorita por favor. Si esa computadora es mía se supone que debo saber dónde estaba. Ya me sé todo el cuento, pero debo comunicarme con el ministro inmediatamente antes de que todo esto se convierta en una catástrofe.&lt;br /&gt;-¿Pero por qué una catástrofe?&lt;br /&gt;-Señorita. Hágame caso. Yo sé – me le acerco como para darle un toquecito espeluznante al asunto – lo que le digo.&lt;br /&gt;He salido disparado por las fuerzas públicas botado cual corcho de limonada. Vetado soy de la opinión pública cuando voy y les digo que el gobierno de Colombia debe devolverme mi vaina, que allí conservo lo poco que de mi limitada memoria tengo, entre algunas cosillas de valor más que todo sentimental, como las fotos de mi novia – que no me volvió a llamar, por cierto, ni yo a ella tampoco porque también el teléfono se me perdió, aunque estoy pendiente en la televisión a ver si lo veo – y de mi apartamento, pues tengo montada una imagen del antes y después de que fuera mío. Ahora divago entre calles grises y negras, sin compartir palabra con nadie, con un cartel sobre mi cabeza, tratando de hacer que mi voz somnolienta se escuche más allá de los noticieros. Que no hay derecho en que se le metan en la casa a uno y le quiten sus cosas, y de paso se la lleven a otro país porque y que eso es cosa de geopolítica. Sólo espero que no me descubran el password de los documentos secretos que tengo sobre unos cuentos que inventé sobre una invasión a trocha y mocha sobre los EE.UU de parte de una alianza estratégica de los países latinoamericanos en busca de los reales que se nos han perdido. Pero bueno. Ya está. Tengo media hora protestando pa` que me devuelvan mi vaina y ya me están mirando feo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;J. Gregorio Maita&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-7537756549902561604?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/7537756549902561604/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=7537756549902561604' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/7537756549902561604'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/7537756549902561604'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2008/07/el-mega.html' title='El Mega'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-4857870350333243265</id><published>2008-02-03T09:07:00.000-08:00</published><updated>2009-08-15T06:20:45.395-07:00</updated><title type='text'>Futuro</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Había un cuerpo inerte que se dislumbraba despacio en la costa. Aquella orilla desplegada a lo largo del valle taciturno cambiaba de colores pálidos a tenues manchas oscuras al paso del día y la tarde, cuando las sombras colmadas de las montañas alcanzaban la longitud correcta. Una tensión ronda las manos del cuerpo que ya dejaría de flotar entrando el amanecer. Sus ojos se dibujaban entre los ires y venires del agua en su marea con córneas blancas como la cal, y sus retinas castañas permanecían abiertas al extraño pasar de las voladuras de cabello que sumaban desastre al cuadro doloroso. No, no estaba muerto. Era una curiara tremebunda que veloz subía contra corriente y que poco tenía que ver con el solitario espectáculo. Habían moscas y una puerta verde de entrada silente. Aquellos árboles se movían al sonido del viento que silbaba una canción inteligible. El cuerpo tenía un alma todavía temerosa que temblaba de frío en el espectro de la curiara ya hundida. Habían recorrido la distancia larga de algo más de cinco años y al momento de la separación habían roto los lazos físicos. Era el colmo su visión chiquitica del mundo en que se convirtió su travesía. Los ramazos de la lluvia que llenó sus macundales, una cada vez más caliente morada, un estrecho espacio en su cerebro ocupado. Los recovecos de aquella bienvenida de monte se dibujaban con figuras humanas desenvainando vainas de hombres que esperan la presa perdida o deslumbrada. Hay una comezón en sus dedos. La sangre es un líquido denso que se diluye en su vida como el carato que acostumbraba a probar de vez en cuando en su infancia. Adulto pequeño se siente por momentos donde su alma regresa sin tocar su reflejo de agua que corre. Desaparece la curiaraespectro y comienza la tempestad del sereno que aparece en forma de niebla dispersa. El alma ve y advierte que lo que viene será distinto pero que no sabe qué será. La fantasía en su pelambre conceptualiza su estado. Cadáver viviente en medio de una resurrección no pedida. Hay – todavía – en las sombras que esperan la posición desafiante. Vente, vente, pa`metete tu coñazo. Has visto, se forma en cuclillas en el aire, acerca con una inclinación la cara a su cara y le dice que si ha visto. Estas vainas son de loco. El alma desaparece de repente y se convierten en corporeidad exacta y diminuta cuando los labios del cuerpo se mueven y determinan que los coñazos los da él. La mano se levanta y gotea, los dedos se mueven despacio para entirse vivos y revolotean el espacio que pierde iluminación a cada movimiento voluntario.  Emerge el pecho en respiración bajo un suspiro laaaargo que atrapa aire del espacio del aire que toca con los dedos. Dónde están, pregunta para el alma que ya no le contesta como antes, alzada, envalentonada. Se mueven las ramas de los árboles que destacan más allá de la orilla desperdigada en arena y manchas negras. Ahora escurre del cielo que lo trajo al mundo un pocotón de agua que gotea. Siente frío. No levanta la cabeza que se mantiene agachada. Cuando levanta el rostro suena el cuello y los ojos se clavan fijo al frente de su humana intervención. Vuelve a moverse el verde flora que engaña con sus movimientos esporádicos. De la boca de aquel que resucitó sale el aliento que no silba ni suena. Se abre paso un cielo más azul. Los espectros tronaban una canción de revolcones de ideas y estropajos añejos de la historia que le debían decir algo que no escucharía. El paraíso es lejos, se sigue derecho y al llegar al precipicio se lanza uno y cae como en nubes de algodón. El asunto es tener las bolas para dar el salto o culminar temeroso en esa orilla que despreció hasta traspasarla.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;José G. Maita&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-4857870350333243265?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/4857870350333243265/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=4857870350333243265' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/4857870350333243265'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/4857870350333243265'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2008/02/futuro-haba-un-cuerpo-inerte-que-se.html' title='Futuro'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-5953706287304569884</id><published>2008-01-04T04:42:00.000-08:00</published><updated>2008-01-04T04:44:13.583-08:00</updated><title type='text'>Juego de Niños</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se tomó un suspiro corto y violento, y un hilo de saliva salió disparado de su boca directo a parabrisas. Levantó su dedo para limpiar la gota y del otro lado el cielo secretó una gruesa lluvia dándole la bienvenida. Ya eran las tres y cuarto y las bolsas del mercado se calentaban con el vapor del choque violento de temperaturas ambientales. La puerta al sótano y el estacionamiento distantes, y el dolor en las rodillas la hicieron pensar en un reposo corto mientras escampaba la tarde ya pesada. Se le calentaba la cabeza de pensar que su descanso inoportuno no le daría tiempo de cerrar la puerta corrediza del balcón que dejó abierta por nunca imaginarse tal aspaviento repentino del clima extraño. El viento – pensaba – entraría directo a la sala, llevando la lluvia consigo hacia la alfombra inmensa, los muebles nuevos y la mesita con los corotos de porcelana. El radio encendido le daba la hora, tres y diecisiete minutos ya; lleva casi veinte minutos de retardo a su planificación rutinaria. Se desespera pensando que algo la espera, y se destapa un momento de la realidad mojada que la perturba con la noticia del momento, narrada con el trino chocante de los locutores de noticias: “Se desatan los niveles de secuestro en la ciudad capital. Para el momento se tienen contabilizados más de cincuenta casos, en donde una nueva modalidad se hace participe de la situación. La seguridad de las personas se hace cada vez más crítica, en vista que grupos de asaltantes y secuestradores ingresan a las residencias de las víctimas y no solo se conforman con robarles sus pertenencias sino que atacan sexualmente a las personas. El ministro pide celeridad a las autoridades civiles y militares para la captura de estos delincuentes que…”&lt;br /&gt;Apaga el radio. No hay nada bueno. El mundo se cae lleno de mierda y es lo mismo cada día. La ciudad es muy grande. Qué puede pasar en un lugar donde cohabitan más de cuatro millones de personas. Solo una cosa: caos. Atiende en su habilidad el manejo de las bolsas, son cinco y no se da abasto. No ha mermado nada la turbulencia pero el reloj tampoco. Se hace con lo mismo siempre, nivelando los pesos entre lo más pesado para la mano derecha y lo que pesa menos en la izquierda. Calcula el movimiento poniendo las bolsas encima de su asiento después de abrir la puerta, sostenerse con ella mientras cuadra la posición con las cosas que lleva. Cierra la puerta con las nalgas y un sencillo movimiento de cadera. Activa la alarma y camina derecho hacia el otro lado del estacionamiento. La parte del medio al descubierto deposita en su descarga una mezcla de frío alucinante con vapor de asfalto caliente. Una puerta marrón la espera del otro lado, y más allá, el ascensor al piso catorce, a la derecha la reja negra y la puerta blanca donde la espera su sala con la gran alfombra, muebles nuevos y mesita con corotos de porcelana mojados por la lluvia.&lt;br /&gt;Aquella truena su dedo índice en el botón mientras le gotea el agua en el vestido. Llama al ascensor encima de su pequeño charco, una vez, otra vez… Vuelve sobre su espalda el peso recibido, y respira una vez, otra vez… Ya llega a la puerta cansada, con los dedos dormidos por las bolsas pesadas que le cortaba la circulación. Abre la puerta con el crujido del oxido que suena a la media puerta abierta. Cierra con el pie izquierdo golpeando la puerta con el marco, se detiene frente a la sala que apenas mojada dibuja el aire frío de la bienvenida, y piensa que esta sola. La cortina de la ventana absorbió el golpe del agua que se precipitaba al piso y a todas las demás cosas. Volvió a respirar aliviada un poco, no sin antes pensar en lo ladilla que seria ahora bajar la cortina, exprimirla, lavarla, secarla, y volverla a colocar. Procede entonces, autómata, soltando las cosas en el piso, agachándose un poco, algo aliviada empieza a caminar rápido hacia la ventana, hasta que del lado izquierdo una silueta la aborda con un golpe en las costillas, la priva del aire, la toma por los brazos como si fuera una gran tenaza, la levanta cual muñeca, y la deja caer en una silla previamente colocada para ella desde hacia ya hora y media.&lt;br /&gt;En los rubores de los años cálidos, mi madre por lo general esperaba a que yo llegara de la academia, cansado y sucio hasta las metras. Y después de los años de cadete aún me espera, sentada en la sala, tentando la suerte de que algún día me de cuenta que no está barriendo, sino postrada con su mirada a la puerta de madera de la entrada. Yo me hago el loco por lo general, y siempre la encuentro con su extraña sonrisa de anciana afable, restregando los callos de las manos huesudas sobre la superficie áspera de un palo de escoba de aluminio. Le miro en lo que entro y en un pequeño asomo de fastidio le digo que “deje de estar esforzándose que ya no está en edad para esas vainas”. Ni me contesta la pregunta. No lo hizo antes y no lo hará ahora, con mis caponas de capitán del ejército. Ni que llegue a general en jefe. Se mantendrá en su posición incorruptible de madre regañona, algo terca, consolándose con decir a mi interminable pregunta un Hay está tu sándwich, tu arepa, tu lo que sea.&lt;br /&gt;Un día, cavilando las conclusiones de los otros días, pensaba en darle un regalo a la vieja, antes de recibir el bono correspondiente a mi ascenso, el cual se esperaba para el próximo mes. Se me ocurrió entretejer un hilo lógico del porque mi madre recurrentemente ardía en la misma lumbre todos los días hábiles para mi a la hora de la llegada a la casa. Se me pegó en la mente después de mucho buscar en esos archivos mentales la ocasión aquella en la que ella y mi papá me regalaron el primer juego de llaves de la casa. Las llaves de la independencia, el primer paso para ser hombre, la eventual muestra de confianza de unos padres hacia su hijo. Recuerdo que salí con algún vecino al centro comercial que estaba al frente de mi casa, a comprar algo que aún no recuerdo. Espere en la puerta del edificio al fulano que me acompañaría, hasta que me harté de su tardanza. Me aventuré solo. Crucé la calle con cuidado, pendiente del rayado peatonal, esperando la luz roja de los carros para cruzar yo y los demás que me rodeaban. Camine rápido, casi corriendo. Llegué al kiosco de la otra esquina y me compré un chocolate con leche y una revista de Batman. Esperé otro rato, disfrutando mi salida lo más posible, viendo los edificios temblar en la transposición con las nubes que les daban la impresión de caerse. Me fastidié de mi estupefacto estupor, y cargué con un pequeño peso de frustración al pensar en lo corto que había sido el paseo. El mismo procedimiento para entrar al edificio, la primera puerta, la segunda, el ascensor, y la llegada triunfal al hogar, estrenaría mis llaves nuevas en mi casa. Me sentía dichoso por semejante estupidez. Entré sin hacer mucho ruido, pues me dedique a gozar la introducción de la llave en el picaporte, girar la manilla, cerrar la puerta con la manilla girada, y volver a cerrar con el cuidado extremo de no hacer ningún ruido que interrumpiera mi proceso. Pero hubo un ruido extraño que me hizo terminar sin el tacto delicado con el que había comenzado. La voz de mi madre en el fondo diciéndole a papá que parece que escuchó la puerta, y mi padre replicándole con aliento presuroso que no era nada, que pudo haber sido el viento. Y no era el viento, era yo, clavado en el marco de la puerta, observando a mi madre apoyada de frente en la mesa del comedor, con las piernas abiertas describiendo una “v” perfecta, con su madurez conservada, mientras mi padre la penetraba con furia en su ano, y le volteaba la cara para saborearse mutuamente las lenguas. Me estremecí en el carro con el ruido de la lluvia que empezó y el recuerdo lo interrumpí con el final de los días de mi libertad y mis llaves.&lt;br /&gt;Le traía el pasaje, y no medio más que una comezón en la mano donde tuve las llaves cuando me las arrancaron con arrechera. Unas vacaciones completas para su pueblo natal, donde vivían todavía sus hermanas postradas a la buena de un dios que nunca las libró con bien de los hombres malos, pero si con un sobrino con un carácter de mierda. Cuadrando todos con las tías se mostraban dispuestas a recibir a la vieja sin reclamos, salvo que les llevara alguna vaina que en aquel alejado sitio fuera imposible de encontrar. De varios brincos pasé las goteras esporádicas del estacionamiento, el procedimiento de siempre y la puerta esperándome. Pero algo fue distinto en este encuentro vespertino, no hubo escoba ni madre dirigiéndome al sándwich, arepa, o lo que sea en la cocina, solo una mujer sentada en la silla del balcón, con el teléfono en la mano, viendo atónita hacia el departamento que estaba al frente, donde un hombre que se veía notablemente harapiento, fornicaba a una mujer amordazada y bien vestida, aunque no tanto.&lt;br /&gt;Los muchachos no entienden lo que uno pasa por culpa de ellos. Las preocupaciones y todo lo demás no hacen más que ponerla vieja a una. Imaginarme yo que mi único hijo, después de tanto sobarlo y cuidarlo hasta el cansancio de mi alma, en una ciudad con tantas posibilidades como esta, terminaría por querer ser militar, ¡y del ejercito! Allá iba el carajito, recuerdo yo, solito a meterse en la boca del lobo. Y no me dio en aquella oportunidad por callarme el llanto y la preocupación, pero si me calle la opinión al respecto. Recuerdo que le dije clarito que no iba a meterme en sus vainas pero que ni por el carrizo se le ocurriera detenerme si quería ayudarlo. Que se hiciera de la vista gorda, total, siempre fue bueno pa` eso de hacerse el pendejo. Así fue que me hice una experta en todas las cosas de la cocina, porque siempre me llenaron la cabeza con cosas sobre la comida piche que les sirven en esas academias militares. Una vez, mi hermana me dijo que tuvo un novio allá en el pueblo donde nacimos, y del que gracias a dios me libré, que le contó, porque trabajaba en la cocina, que rayaban las verduras para hacer las sopas, agua y uno que otro cubito y ya. Que a pesar de todo el gobierno se encargaba de tener contratado a un nutricionista en cada comedor a lo largo del país, y que para mantener el régimen estricto y balanceado de la dieta de los soldados de la republica. El hecho es que yo, como madre precavida, y después de la muerta de mi esposo, tomé la decisión de engordar a mi muchacho cada vez que saliera de permiso, porque eso si, lo deje en manos de esa gente como un torito, y me lo regresaron como un fideo roto.&lt;br /&gt;Pero siempre he pensado que la culpa fue de mi marido. No desaprovechaba la ocasión de contarle cuentos de guerra, sobre todo de la independencia, Boves, Piar, Bolívar. La lucha de las castas, la guerra federal, que este país tiene una población muy baja en comparación a otros países de Latinoamérica como consecuencia directa de el trauma colectivo nacido desde la emancipación, debido a las matanzas enormes que mermaron la población de manera drástica. Que el venezolano desde entonces era pacífico de adentro pa` fuera, pero que de afuera pa` dentro seguíamos siendo unos animales sin perdón de dios. Por todos esos cuentos fue que le pegué cuatro gritos cuando llegó la luz de mis ojos a decirme que se iba pa` la academia militar, que era una institución noble que daba prestigio a los que allí estudiaban, y que era mejor que meterse en una universidad publica donde vivían en un solo paro estudiantil, paro colectivo… y ni pensar en una privada, que además de caras tenían un sabor a mediocridad que ni yo con todos los argumentos del mundo hubiera podido convencerlo de algo que incluso para mi era más que cierto. Nunca me había atrevido a levantarle la voz a mi marido de esa forma, además que casi nunca me daba motivos de queja. La primera vez fue aquella lamentable y de la cual no me gusta acordarme, cuando el niño después de darle sus primeras llaves, su papá y yo de confiados, decidimos hacer cositas en la mesa de la cocina, hasta que en pleno acto, su papá lo ve con cara de espanto, justo en la entrada de la cocina. Debió haber sido por el miedo a aceptar lo que había pasado que mi marido que en paz descanse arremetió contra el muchacho arrancándole las llaves con tal rudeza que le hizo una pequeña cortada en la palma de la mano. Lo mando a su cuarto y lo reprendió duramente, haciéndose el ofendido con el fin de no tener que verle la cara, solo porque le daba vergüenza. Le grité en la noche del incidente, en la mañana, en el carro cuando salimos a pagar la luz. Es que no me pareció justo que por una ligereza nuestra nuestro hijo se haya llevado uno de los peores recuerdos que creo yo tienen en su memoria. Desde ese día, después de convencer a su papá de darle de nuevo las llaves de la casa, lo esperaba por ahí cerca, a ver si con ver el mismo cuadro de la mamá pendeja barriendo la sala se le olvidaría la escena donde su mamá fue por un grato momento para ella, una real puta. Hasta yo misma, gracias a la costumbre, me terminé metiendo tanto en el papelito, que con los años y después de vieja terminé por aceptar lo que ya estaba hecho, incluso lo de esa decisión, la vaina esa del ejercito.&lt;br /&gt;Pero mi hijo, desde ese día en adelante, se le habría de notar un cambio retumbante, tanto en sus costumbres como en su carácter. Paso de ser un pendejito a un echador de vaina. ¡No le pasaba una a nadie! Ni que se metiera conmigo el gato de la vecina, porque de facto apelaba por la pistola, o por levantarse corpulento y levantar en vilo lo que fuera. Eso si, se estiró como nadie que yo conozca en esta vida. Ya me había resignado a que sería retaco como su papá, pero de repente, un diciembre recuerdo, cuando era cadete de tercer año, me tumbo de una guamazo con la cabeza un espejito que me había regalado una vecina, y que pal feng-shui, que lo tenia colgado justo en medio del marco de la puerta, en la parte de arriba. Como era nuevo, llego el gran carajo como perro por su casa y ni lo vio. Después claro que me formó aquel rollo por estar inventando con cosas inútiles y bla, bla, bla.&lt;br /&gt;Bueno. Estaba yo en esos días, después de los años amargos que fueron los de la frontera, donde el hijo mío se batió unas cuantas con la guerrilla en la frontera, y se salvó otras más de que me lo devolvieran con los pies por delante, hasta que por fin lo promovieron con honores y toda la vaina – se graduó como Alférez Auxiliar, el tercero en el orden de mérito de su promoción – y llegando a capitán, lo mandaron para acá a recibir a los nuevos estudiantes para esa carrera tan jodida. El hecho es que movía mucho mi hijo por aquí, teniendo influencias incluso, y lo digo por todo el teje y maneje que he visto por la casa, con la inteligencia militar. Creo que a ha estado colaborando con el asunto ese de los secuestros y otras cosas más que por supuesto no me ha querido decir pero que de todas maneras yo me doy cuenta. Todo para ver si lo promueven otra vez, anda buscando ser mayor pa` casarse con alguna caraja que debe tener por ahí escondida, comprarse una casa, y todo lo demás, y tiene razón en hacerlo porque eso de estar viviendo con la mamá después de tanto tiempo se ve feo.&lt;br /&gt;Aja. En esos días me encontraba yo, tranquilita con mi escoba. Iban a ser las cuatro de la tarde cuando por casualidad me asomo a la ventana. Trato de afinar la vista para enfocar mejor eso que estoy viendo en el otro edificio. Nada. Me acomodo los lentes y que va. Voy a busco los binoculares que me trajo mi hijo de la academia y logro ver mejor el asunto. Siento que la arepa de mi hijo se quema, pero no me puedo mover. Yo pensaba que eran cuentos de la vida esos que cuentan en la radio. Estaba yo petrificada, apenas con fuerzas pa` pararme a buscar rápido el teléfono para llamar a mi hijo. Me quedé allí. Estaba en petrificada. Y no hizo ninguna falta llamar a mi muchacho.&lt;br /&gt;-Como se encuentra señora.&lt;br /&gt;No recibe respuesta. Una mujer suda y se le mueven los dedos a través de los pliegues enteros del tirro que la detiene en su voraz búsqueda de supervivencia. La adrenalina corre. En la mujer por su vida. En el hombre por su satisfacción.&lt;br /&gt;-No entiendo porque las mujeres se tardan tanto. Sabe desde cuando estoy aquí – sopla el viento y se mueve la cabeza negando saber la respuesta aquella mujer atada&lt;br /&gt;-¡Desde la una! – da una bofetada que la desequilibra de la postura incomoda que le quedo en la silla que esperaba por tenerla. Una zurra en el piso sin mayores consecuencias y aquel hombre se contempla en un espejo que tiene al frente de su magnificencia. Una patada liviana pero concisa en el abdomen priva a la mujer que sangra ahora la ceja y le marca un surco directo a la boca tapada. Suda, moquea, tiembla un poco más cada vez. El hombre disfruta, calla un rato, acomoda a la mujer en la posición anterior y coloca una silla al frente de ésta. Le arranca la cinta que le tapa la boca. Ella se retuerce. La prudente distancia hace que el aire se le colme de oxígeno. El hombre hiede sudor vencido, también a gasolina. La completa entera, en una marca difusa describe a través de sus ojos las ojeras del cansancio. Prepara la huida mentalmente, y también el proceso a seguir. Tal vez algo para llevarse, como para hacer el asunto autentico. Un pizca de realidad al juego.&lt;br /&gt;-Me gustan las mujeres con las tetas grandes – extiende su brazo y palpa lo que dice, mete la mano sinuosa dentro del sostén, aprieta un pezón mientras se desabrocha el pantalón. La mujer cierra los ojos, no se sabe cual es la sensación, asco, miedo, excitación. Pensaba que a pesar de todo no la habían tocado así nunca, ni sus más encumbrados amantes… Ahora mueve la silla hacia ella, sin sacar la mano y con el cinturón en la otra.&lt;br /&gt;-Quiero ver como tienes el culo- se levanta precipitoso. La levanta apenas para voltearla y obligarla al sostenerla del cuello como a las bestias para examinarle las nalgas apropiadamente.&lt;br /&gt;-¡Que bien! Son suaves; se ve que hace ejercicio señora- alguna lágrima deja salir, y goteó por su cara como goteaba ahora la cortina. El hombre sucio le bajó las pantaletas, color negro, y sin preguntarle le encajó los dedos más allá de la vulva sudada.&lt;br /&gt;Los colores se le hicieron ásperos, al olor salado de un cuello sucio, que hace contraste con una nuca asustada. La voltea con rabia, la mira a los ojos puntiagudos, la penetra esta vez con la mirada. No recubre de gloria los espasmos cansados de del trajín sexual del coito permitido a medias. La ve a la cara y le mete la lengua larga y babosa, color carne, le traspasa los dientes, le esculca las amígdalas, y el placer supremo, mediano al orgasmo que cada vez tardará menos, despide de su boca ahora desocupada que la ama.&lt;br /&gt;-¡Yo también! ¡Yo también mi amor!...&lt;br /&gt;Eran esposos desde los catorce años, cuando se vieron escondidos en una cancha de básquet donde jugaba el adolescente de la espalda fornida futbolito caimanero con los compinches de la cuadra. Se le enternecían los ojos verdes a la otra, y su salivación se estremecía cuando el le correspondía el gesto. No cayó en cuenta, la vez que lanzó una pelota veloz a los pies que le descansaban los caminos largos en las escaleras, que rebotaría como una sorpresa para pegarle en la cara, directo en al nariz. Comenzarían sus juegos al hacerse la enferma cuando las cicatrices sanaron, jugando al doctor y la maestra, después a papá y mamá, la alumna y el maestro, y después de la normalidad del matrimonio, entrecortando la rutina con el sinsabor del sexo vespertino de los jueves que tenían libre, decidieron empezar a jugar a la señora y el secuestrador para recordar los buenos tiempos.&lt;br /&gt;-Dale.&lt;br /&gt;La amordaza suavemente con una media. Solos los gemidos bastan. Los movimientos inducidos el uno por el otro se acrecentaron cuando la mujer le respondía zalamera que ya había acabado tres veces. Quería las la hembra y el hombre no se lo negaba. Y aturdido fijó su mirada caliente al trozo de cortina que en la ventana volaba mientras jadeaba incesante, describiéndole las curvas de un fantasma, y una ventana abierta del edificio de al lado le hizo un guiño con la luz del sol poniente de un cuarto para las cinco de la tarde, y un rayo flameante desde allá le vino a romper la cara cuando le faltaba poco para el orgasmo.&lt;br /&gt;-Señora, necesito que escriba en esta planilla sus datos completos.&lt;br /&gt;La mujer confundida, harta de llorar, le llegó la noche en una oficina policial, donde un militar de aspecto amable al otro lado del vidrio que separaba un cubículo del otro, recibía la reprimenda de un superior que se veía ofuscado. Apenas tuvo fuerzas para sostener el lápiz, y el oficial a cargo se detuvo a pensar en el café frío. Andaba medio vestida. Un torrente de hombres vinieron a romperle la puerta de su casa, entraron armados y apuntándole al cadáver del marido juguetón, entraron a los cuartos, revisaron los rincones, incluso detrás de la cortina mojada. Su cara espantada y salpicada de sangre y pequeñísimos trozos del rostro del marido no decía nada. Se quedó parada y callada hasta que alguien se dignó a preguntarle al verla con solo una blusa puesta y las pantaletas en el piso. En lo que le acercaron una toalla lo suficientemente grande para cubrir su desnudez, le quitan la media de su boca y desagradecida gritó un sollozo largo. En la oficina una voz que hablaba decía: Ahora en la comandancia se va a discutir de nuevo su ascenso capitán, por atorao…&lt;br /&gt;Se enjugaba la cara ahora con agua y cavilaba tranquila ya, sin el shock, el susto presente en la depresión de verse viuda que era lo normal en estos casos, toma el lápiz y escribe detalles de su vida. El oficial que la entrevistaba empezó a hablarle sobre la orden que tenían de rescatarla, ya tenían listo el papel del juez, todo cuadrado, hasta que dijo que el hombre que jugaba a violarla era su marido. Interpretaron la manera de salir de la arbitrariedad que cometieron, con un “estábamos cumpliendo con nuestro deber,…, tiene que entender que estamos muy atareados con esto de los secuestros, así que en lo que recibimos una denuncia de algún testigo ocular, procedemos tal cual, a veces sin pedirle permiso a nadie. Usted sabe. Orden del ministro…”&lt;br /&gt;-Ahora hay que pedirle al ministro o a ustedes permiso para hacer eso.- se ofusca.&lt;br /&gt;-¿Eso de qué? ¿Qué es “eso”?.-acentúa, pregunta ingenuo.&lt;br /&gt;Ella responde: “Tirar como dios manda”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;                                                                                                                                                José G. Maita&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-5953706287304569884?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/5953706287304569884/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=5953706287304569884' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/5953706287304569884'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/5953706287304569884'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2008/01/juego-de-nios.html' title='Juego de Niños'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-4730743859543051283</id><published>2008-01-04T04:41:00.000-08:00</published><updated>2008-01-04T04:42:33.293-08:00</updated><title type='text'>Falta poco</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Una limosnita por el amor de Dios que se fue y no lo volví a ver en la casa, cuando caía la tarde y se sentaba al pie de la escalera de cemento, con las sandalias propias de las pinturas que lo dibujaban en la antigüedad que revoloteaba su cabeza mientras me daba de comer. Sí, Dios se empeña en el amor y en los lazos de la probidad que me dio una navidad cuando pequeño dormitaba bajo una manga, cara, cara. Tenía los dedos bondadosos como pintan los de San Nicolás. Su regalo fue, entre otros, la vida, que sin ser eterna, ablanda las plantas de los pies, quema y enfría, redobla la voluntad y transforma los sueños, cuales epítetos amorfos colorean el futuro con toneladas de cosas vacías, para darte un suspiro de lo que debe ser, y que probablemente no sea. Lo escuchaba en sus ronquidos – no entendía media palabra – con sus ademanes circulares en su descripción del mundo, y que el mundo es el hombre y que el hombre se debe al mundo. Cuando parecía hablar de beisbol y cómo se debe agarrar la pelota, entendía que así debe agarrase una teta. Dios, gracias. Eres, por así decirlo, la patada necesaria. Ahora, ve los tumbos y los redobles de cáñamo en tambores cubiertos de sudor. Escucha mi lamento, que sin querer esbozo en papel, cuando me falta dinero para seguir tus horizontes variados. Específico fuiste cuando aleteabas con tu aliento el rumbo de mi existencia, y el mí se revienta con el sabor de boca de la espátula con que arrancaste el sello. Allá estaba mi sorpresa, y siento que no puedo continuar porque veo, en vez de claro, el oscuro nebuloso. No sé del mí ni del tú avasallante. He escarbado debajo de la tierra pensando en algo distinto que no termino de conseguir. Quieres de mí, del mí por el tú, etcétera, etcétera. Al final de este trecho de camino andado hacia algo llamado periodismo se me presenta el tropezón, y la larga duda de si quiero – que sí – o no derribar la barda o la cinta con mi pecho. Pido una limosna a los que en tu nombre llevan los carruajes del sacrosanto infierno, los que te dan la mano y te la quitan como primera cuota. Dame, dame, dame. Yo, yo, yo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;José G. Maita&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-4730743859543051283?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/4730743859543051283/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=4730743859543051283' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/4730743859543051283'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/4730743859543051283'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2008/01/falta-poco.html' title='Falta poco'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-2644464265257019815</id><published>2007-11-24T07:19:00.000-08:00</published><updated>2007-12-04T14:16:34.728-08:00</updated><title type='text'>Gran Finale</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Rubén se separa de su mesa, atrapa algo en el aire, respira hondo, largo, tendido en el espacio que lo separa de su tabla de operaciones, de su concierto, de su locura. Sentado frente a la ventana grande que da a la calle, en su casa sombría, sonríe como la luna le sonríe al hombre menguante, infla pecho, desinfla. Procede y da una palmada ruidosa, soba después de la comezón. Una tabla con interruptores colocada a su disposición. Se ven interruptores, pulsadores, potenciómetros, ordenados en fila según el ánimo del compositor. Se ríe Rubén de su gracia. Comienza con un pequeño temblor diminuto en el dedo índice de la mano derecha sobre un pulsador al borde de la tabla mágica. La licuadora - si se camina a la velocidad de la luz, derecho detrás de él como unos cinco metros y se da vuelta a la izquierda otros cuatro, nos paramos en la cocina y vemos al mesón donde está el lavaplatos, entre éste y el costado de la nevera - se enciende. Ríe corto. Afloja los dedos como en demostración de lo que viene. Mueve el cuello y suena. Asiente para sí. Comienza el concierto estruendo de ruido y falto de sentido donde las luces prenden y apagan, donde el televisor habla lo que le dejan, donde el microondas arranca y se detiene. Protectores, aparatos eléctricos, lámparas ahogan sus particulares ruidos en la comilona de energía que Rubén dirige magnífico desde su mágica tabla con cables interminables extendidos hacia los lados que se reparten por la casa como la extrema trampa de una viuda de muchas patas. El escándalo en los segundos del despelote. La pelota, el color de la multiplicidad de la música – o canto visceral de cochinos, cada quien con sus gustos – se extendía en su rostro echado hacía atrás, con ojos cerrados y lágrimas salientes. La casa parecía un mechurio de encendido y apagado incandescente, hasta que el mutis repentino llegó. Quedó la silueta de Rubén en la consternación de lo oscuro. El sudor de su rostro – opacado, restregado en la sorpresa del apagón – parecía evaporarse por la rabia. Aprieta los dientes y se levanta abrupto de la silla. Ella cae en el suelo sin remedio. Debajo de la mesa mete la mano el hombre. El hacha surge como herramienta fundamental. No vocifera, emite sonidos inteligibles con los dientes inseparables. Los pasos suenan, la herramienta se mueve al vaivén del brazo que la sostiene firme como si no pesara un coño. Pasa la cocina, adiós le dicen la licuadora, la nevera, el microondas, el ayudante de cocina. Abre la puerta del garaje vacio. Se para junto con la respiración incesante, mete pecho saca pecho, mientras piensa en abrir el cajetín. Cuando lo hace recuerda que no trajo la linterna. El ademán propio de que no importa. Afila sus ojos y sus dedos como pinzas se arriesgan a meterse donde no deben. Se retraen por el calor del interior de aquel aparato sufrido. Rubén, ira incólume, va levantando el hacha en dos manos mientras una luz blanca emerge del cajetín y le cubre el cuerpo con su haz dándole la postura pugnante del ejecutor de la medida cruel. Bajan los brazos con velocidad de estruendo queda aquel hombre pegado en el baile sin sentido. Afuera una pareja viene entrando a su casa, ven como si nada la casa de Rubén escuchando algo raro. Entran sin pararle bola a nada apagando la luz del porche porque ya era hora de dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;(Idea tomada de una idea de Alfredo Calzadilla)&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;José G. Maita&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-2644464265257019815?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/2644464265257019815/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=2644464265257019815' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/2644464265257019815'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/2644464265257019815'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2007/11/gran-finale.html' title='Gran Finale'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-2887224673442718003</id><published>2007-09-01T07:22:00.000-07:00</published><updated>2007-09-01T07:25:00.414-07:00</updated><title type='text'>Hecatombe</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hemos, como siempre, tenido la duda del acto. Como un color difuso, restregado en el agua. Por cierto, cae la gota.&lt;br /&gt;-Será que alguien en esta mierda tendrá la amabilidad de cerrar bien la llave del lavamanos. Estoy tratando de descansar.&lt;br /&gt;-Si jefe.&lt;br /&gt;-Si jefe, si jefe. Parecen una cuerda de…&lt;br /&gt;Sentía el mal humor. Había sudado como mono desde que se fue la fase 220. La compañía de electricidad pide disculpas “a todos los vecinos por las molestias causadas”.&lt;br /&gt;-No me digan – ve el letrero de la calle desde un hueco en el piso. Se suponía que instalarían una llave de paso nueva para evitarse el problema del agua cuando las tuberías se rompen.&lt;br /&gt;Postrado de lado en el sillón, el traje y la corbata. El bigote de&lt;br /&gt;-Está listo jefe.&lt;br /&gt;-Coño. Qué bien.&lt;br /&gt;Se levanta. La calva mojada repasada por las palmas de las manos. Entra una brisa fresca. Él sonríe por el momento del no sé qué le pasa al clima. Sí; piensa que la gente vive aquí por puro masoquismo. Le da una palmada al empleado y le dice paternal: Yo tenía una profesora, ecuatoriana ella, muy simpática, con el cabello largo, como deben tenerlo las mujeres. Pero por sobre todas las cosas muy, muy profesional en su trabajo. Sabía bastante de lo que tenía que saber, no sé si me explico.&lt;br /&gt;-Sí señor.&lt;br /&gt;                                                                                        . No me interrumpas – manotea mientras habla -, pareciera que tú mamá no te enseñó las normas del buen hablante de carajito.&lt;br /&gt;-Sí lo hizo señor ella era maes&lt;br /&gt;                                                                                                                                         . Te estoy diciendo que no me interrumpas – manotazo en la cabeza acompaña el bla bla bla – gran carajo. Ella decía, como buena quiteña, que si esta ciudad tuviera diez grados de calor menos, estaría súper poblada.&lt;br /&gt;Una explanada, un piso ruin, una ventana hecha añicos, una visión de la ciudad malquerida y bendita se extendía a su visión. Que Dios la perdone por los hijos que tiene y que ahora sonríen viéndola desde lo alto.&lt;br /&gt;El jefe esboza una sonrisa.&lt;br /&gt;-Me estoy dando cuenta que de este lado como que sopla más el viento que de aquel lado.&lt;br /&gt;-Por eso yo siempre me siento de este lado jefe.&lt;br /&gt;-A sí. Ahora te jodiste.&lt;br /&gt;-Jefe.&lt;br /&gt;-Sí, ya sé. En lo que terminemos me pasas el sillón de aquel lado para acá – insiste con el de allá para acá varias veces.&lt;br /&gt;-Tenemos aquí a los dos.&lt;br /&gt;Un pasillo de amplia luz natural y pequeñas estelas nebulosas de cemento. Una habitación al final de una escalera cuya oscuridad le daba la sensación de ser enorme. Una sola luz colgaba de un bombillo fluorescente. Una línea imaginaria se desprendía de la luminiscencia blanca haciendo perpendicular la separación exacta entre dos hombres sentados, uno con la boca sellada por varias vueltas de tirro de plomo, ambos atados a sus respectivas sillas. El de la izquierda – el enmudecido – se notaba preocupado. Sus ojos miraban desorbitados de un lado a otro y mugía dentro de su mudez impuesta sonidos inteligibles. Apretaba los puños y seguía en su intento inútil por expresar su “descontento” con la situación incómoda. Se veía elegante entre las manchas de sangre dispuestas de manera desordenada desde el cuello de su camisa hasta abajo, casi llegando al ombligo. El otro, poco menos que interesado en la caja de cigarros que el jefe deja salir del bolsillo de su blazer. Lo veía de arriba abajo pensando en quién sabe qué. Aquél, de mirada displicente, se acomodaba entre los labios el cigarrillo, y encendiéndolo lo dejó sostener entre sus dedos dibujando círculos como queriendo completar una idea.&lt;br /&gt;-Estos son.&lt;br /&gt;-Sí jefe. Estos son.&lt;br /&gt;-¿Y por qué le taparon la boca a este – señala – y a este – señala – no?&lt;br /&gt;-Porque este de aquí se resistió, y como usted dijo que no había que maltratarlo mucho…&lt;br /&gt;Levanta la mano y calla el otro que explica… Se devuelve en la mirada al pobrecito ensangrentado mientras sigue esparciendo humo por su espacio. Dice entonces: Tú como que tienes cara de hablar muchas pendejadas. El indicado afirma con la cabeza, y continúa con&lt;br /&gt;-Eso no es bueno. Hasta ahora el que tiene más chace de salir de aquí es él, que si bien no tiene cara de decir güevonadas, tiene cara de pendejo.&lt;br /&gt;-Yo ni siquiera sé que hago aquí.&lt;br /&gt;Da una señal el jefe. La silla por favor.&lt;br /&gt;-Eso es bueno tenerlo en cuenta – se sienta -. Uno por lo general en este negocio trata de no mantener informada a la gente porque no es la idea. No creo que el mérito de la gente sea precisamente darle las respuestas. Por eso es bueno que preguntes, otra cosa es que te responda – succiona -. ¿Tienes idea de quién es este señor que está aquí?&lt;br /&gt;-De pana que no.&lt;br /&gt;-¿Y no te interesa saberlo?&lt;br /&gt;-De pana que no.&lt;br /&gt;Ríe el que entrevista. El subordinado – volvamos a la imagen clásica del hombre grande y corpulento con escasas aptitudes intelectuales – ríe ante la mirada cómplice de su jefe.&lt;br /&gt;-¿Por qué no habría de interesarte? – vuelve sobre el de la derecha.&lt;br /&gt;-No sé. Yo estoy aquí y él allá.&lt;br /&gt;-Pero tampoco es que están lejísimo.&lt;br /&gt;-Pero a mí no me pasó lo que a él.&lt;br /&gt;-Y no quieres que te pase lo mismo.&lt;br /&gt;-No. Pa` qué.&lt;br /&gt;-Bien. Deberías pensarlo un poco mejor. Sea como sea él está sentado al lado tuyo – se voltea brusco -. ¡Será posible que dejes de joder por un momento mientras hablo con el señor aquí! Lo que te pasó al principio fue sólo eso; el principio.&lt;br /&gt;(Imaginarse a una persona murmullando cosas con el sentido escaso que le da a la palabra unas varias vueltas de tirro en al boca)&lt;br /&gt;-Ajá. ¿Usted ve lo que estoy diciendo? Yo me considero sensato. No tengo manera de pelear con ustedes, sé que pueden hacer conmigo lo que quieran así que trato de quedarme tranquilo y sin molestar mucho.&lt;br /&gt;Voltea a la derecha repentino: Cállate un momentico por favor.&lt;br /&gt;Iba dando un paseo – eso parecía - como cualquiera. Las aceras, en el desarrollo normal, estaban repletas. Se sentía, dibujada en el estertor, el latido de la ciudad, lata de humo, espacio abnegado, un olor de autobús, un frío continuo de amanecer, y la seca expectativa. Se levantaría a eso de las seis y cuarto de la mañana con el cabello pendiendo de la frente mientras abría los ojos con el esfuerzo adicional de la luz que se desató por la ventana. Los pasos alargados por el despertar sucumbían al espeso cuero de las botas. Su apartamento: un espacio dedicado a la vagancia. Sus cuadros, pinceladas amorfas. En su sala-comedor-taller-cocina-habitación se notaba la presencia casi enfermiza del color gris. Turbia, turbia. No había exclamaciones propias del ring consolador del teléfono que le recordaba, cuando lo tuvo, que estaba vivo, y que remediaba las salsas en las que se convirtieron sus novias con canciones de alicante. Cepillábase los dientes con jabón en un baño sin espejo. Era feliz. Se conformaba con la vida del paseo que abajo tronaba inquietudes con los caminantes zombis llenos de bolsas y garabatos por caras. No le preocupaba el dinero pues aún podía vivir de la abundancia que experimentó tiempo atrás, gracias a exposiciones enteras que dedicaran en su nombre a la expresión genial de un Nuevo Impresionismo Venezolano – quién sabe cómo se come eso. Se largaría para siempre de los problemas que daban la convivencia y el amor al prójimo. Alcanzaría la maldición cuando en medio de un altercado se asomara tan solo para darle una miradita a lo que ocurría en la puerta del edificio. El que ahora conoce como el subalterno sujetaba con fuerza a un hombre que parecía gritar – abría la boca y la tensión de su garganta reflejaba las líneas moradas de las venas – pero al que nada se le podía escuchar. Sí, escuchó voces que bajaban las escaleras y que se escuchaban cada vez más cercanas. El hombre corpulento y enorme también escuchó.&lt;br /&gt;-Tú. Ven para acá.&lt;br /&gt;Permanecía la complacencia de la curiosidad. Porque parecía ser extraño como se movía por una extraña influencia a la cual determinaría como pasividad, pues el término resignación se le hacía humillante. No opuso resistencia. No vio armas o algún objeto amenazante. Sólo esa extraña sensación de querer caminar e ir hacia donde lo mandaban.&lt;br /&gt;-Sabana Grande – en tono de despedida.&lt;br /&gt;El otro, al que el hombre enorme estaba sujetando y que sentaron a lado suyo en un automóvil rojo con papel ahumado parecía decir Ayuda, pero no se le escuchaba nada. Entonces el subordinado le lanza el puñetazo que le rompe la nariz. El otro lamentándose se lleva las manos a la cara.&lt;br /&gt;-Se te pasó la mano – el jefe recrimina.&lt;br /&gt;Aquél pobre insensato tronaba en su cabeza la descripción exacta de su deber, eso por lo que le pagan.&lt;br /&gt;-Yo fui a donde usted me dijo que fuera. Era un edificio pequeño con las características tal cual usted me lo dijo. Abro la puerta y no hay nadie en la vigilancia, sólo este señor que era en principio a quien debíamos traer. Entonces cuando me vio, soltó un brinco, que hasta soltó el periódico que estaba leyendo allí sentado en una silla.&lt;br /&gt;-No me digas el color de la silla, mamarracho.&lt;br /&gt;-Entonces justo cuando estaba tratando de hablar con él, de decirle que se quedara tranquilo que el asunto iba bien, entonces se puso a escupir. Al primer escupitajo lo volteo y lo estrello contra la pared – hace mímicas de la acción emocionado – y fue cuando por obra de la providencia veo que baja este de aquí – señala – y fue cuando pude pedirle a los otros que me ayudaran con este.&lt;br /&gt;-¿Y este de aquí no te dio ningún problema?&lt;br /&gt;-En lo absoluto. Y lo del otro no fue la gran cosa.&lt;br /&gt;-¿Sí? Yo debería romperte la nariz a ver si no te parece la gran cosa. Y con usted – ahora con el herido -, eso de escupirle a la gente es de mala educación. Mi mamá siempre fue una mujer a la que le encantaba eso del protocolo y toda esa paja loca. Nos daba a mí y a mis hermanos aquellas palizas cuando alguno se le ocurría sonar, usted sabe, el cubierto con los dientes o poner el codo sobre la mesa. Yo en lo particular soy muy estricto con toda esta tropa de pendejos que, para bien o para mal me toca comandar, y no es que seamos una milicia o nada parecido. Por eso nosotros somos los mejores en nuestro trabajo, por ser particularmente educados. Si quisiéramos matarlo no somos de aquellos que torturamos a la gente, en primer lugar porque nos parece no sólo un malgasto de energía, sino de tiempo. Y siempre queda la posibilidad de que la persona en cuestión escape, y si lo torturáramos, en el proceso judicial eso se vería muy mal ante un juez y entonces el asunto se complica más de lo que debe. Nosotros, y esto es una consideración mía muy particular, somos desde este punto de vista, bastante amables en comparación con otros grupos de choque, por así decirlo. Pero en esta ocasión, y quiero que se fije bien en la posición en la que se encuentra su compañero de al lado en estos momentos. Él tiene todas las de ganar, precisamente por facilitarnos el trabajo y entender que, como profesionales que somos, tenemos deberes que cumplir a cabalidad. Por eso este muchacho grandulón que usted ve aquí y que le rompió la nariz ha sido exculpado de cualquier responsabilidad, en lo que a mí respecta, por su actuación.&lt;br /&gt;-¿Pero eso no sería lo más natural?&lt;br /&gt;El jefe lo mira. Hablaría de más. A diferencia de otras partes en el edificio, esta habitación encontraba el frío a bocanadas de aire que no se sabía de dónde salían. Repetiría, en su afán por alargar el tiempo, la condición de entrevista en la que se había convertido este preludio.&lt;br /&gt;-Eso es también muy cierto. El asunto es que no estamos hablando aquí de lo normal, o en este caso de lo común.&lt;br /&gt;-¿Debería él entonces dejarse matar?&lt;br /&gt;-No. Debería usted condenarlo a muerte.&lt;br /&gt;-No entiendo.&lt;br /&gt;-Se lo explico – acomoda sus nalgas en el asiento -. Este hombre que usted ve aquí es, para decirlo de manera más clara, es uno de los jóvenes herederos de una de las más grandes fortunas, no sólo de este insignificante país, sino del mundo. Y nos vemos todos a las caras y pensamos que esto es completamente ridículo, y que eso no debería ser así, porque no es posible, y permíteme recalcarlo, no-es-posible que un joven con una riqueza tan impresionante, si sabe a lo que me refiero, haya sido secuestrado por una cuerda de maltrechos malhechores, por no decir alguna otra expresión denigrante, de una manera tan fácil. Y yo tendría que responderle que el mundo no es lo que parece. Este joven que usted ve aquí podría, si quisiera, salvar muchas vidas. De él dependen no sólo familias enteras, sino economías de países tan pobres, que con tan sólo soplar el viento se caerían de manera tan estrepitosa que no habría forma de salvarlos. ¿No sé si nos estamos entendiendo?&lt;br /&gt;-Sí.&lt;br /&gt;-Entonces. Lo que ocurre aquí no es más que un pequeño artilugio que maquinó un señor muy importante y que no vale la pena decir quién es, por aquello de la confidencialidad. Entonces me dirijo a usted con la siguiente pregunta. ¿Sería usted tan amable de sacrificarse para permitirle a este futuro heredero salvar a toda la gente que tiene que salvar?&lt;br /&gt;-No entiendo.&lt;br /&gt;-No sé porqué no habría de entender si tan claro se lo puse. Usted se pega un tiro, o alguno de mis muchachos se lo da y con esa acción usted le permite a este señorito que está aquí ser un héroe. Una especie de mesías capitalista.&lt;br /&gt;-Eso es serio.&lt;br /&gt;-Claro que es serio. Uno de los dos va a salir vivo de esta mierda. Eso es serio. Y para hacerlo más serio aún, le voy a dar cinco minutos para que conversen a ver a que conclusión llega para ver si me da tiempo de almorzar en un restaurant que abrieron hace poco, y que es…&lt;br /&gt;Se lleva la muñeca al frente de la cara. Confirma la hora y chasquea sus dedos y se retira por la escalera. Las luz blanca parpadea en los momentos, como tocando los segundos que faltan. Al fin se apaga, y el de la derecha queda con el de la izquierda tratando de entender en sus murmullos, en los sollozos, una señal clara que le permita cerrar la idea desde la interrogante del jefe.&lt;br /&gt;-Pana, pana – qué quiere que le responda -. Coño panita dime algo. Qué coño voy a pensar yo. Yo no sé quién eres tú ni qué carajo estabas haciendo en mi edificio. Ni siquiera sé por qué coño estoy aquí. Chamo dime alguna vaina, no sé, una señal. Coño esta mierda si es oscura. Por lo menos – grita – hubieran dejado la luz prendida y le hubieran quitado el tirro de la boca al pana pa` que por lo menos se defienda. ¿Qué hago entonces? Dime tú porque yo no sé un coño. Verga, yo no sé quién me mandó a pararme hoy.&lt;br /&gt;El mundo es mundo por lo verde, por su amalgama de signos y diluvios provocados por la beligerancia de sus conceptos. El mundo es mundo por el calor y el frío, y más allá, por el conflicto perenne entre ambos. El mundo es mundo por los colores de la vida y los sabores de la muerte, y por la cantidad de preguntas sin respuesta, y además, por la cantidad de respuestas sin preguntas.&lt;br /&gt;-No me jodan pana. Yo ya me gané el cielo. A mí que me digan cobarde o como les dé la gana. ¿Tú sabes lo sencillo que es la vida que uno debería tener? Ese soy yo que me la pasaba de lambrucio con mis cuadritos y toda esa paja loca. Me compraba todo lo que me daba la gana, porque no voy a decir que yo era maloso. No, nada de eso. Yo sí sé como es mi vaina. Coño, pero esto. Ya yo estaba de salida pana, yo lo único que estaba esperando era que el mundo se olvidara de mí. Me iba a ir directo para Caripe. Yo me imagino que tú no sabes dónde queda eso, porque tienes cara de que has ido para todas partes, menos para los pueblitos de acá. Yo tampoco he ido, pero me han dicho que es una frescura, que se vive tranquilo y con el friíto y todo. Y no con ese calor de ñoña que lo satura a uno en la calle. Qué carajo. Yo sí hablo güevonadas.&lt;br /&gt;Encienden el bombillo. Bajan los pies que una vez subieron al grito de: Espero que hayas tomado una sabia decisión. Claro, un apretón de dientes con la mandíbula rabiosa, sí, por el mal rato y por la responsabilidad – grande – de tener la vida de un completo desconocido.&lt;br /&gt;-Usted sabe como es la vaina…&lt;br /&gt;-Sí – mira al pie del último escalón – lo sé, y por eso es que ustedes están aquí.&lt;br /&gt;-Yo, y lo voy a decir bien claro, no voy a sacrificar mí vida por una persona que no conozco. No puedo tan solo dejarme llevar y tomar una decisión, que de paso me parece la cosa más horrenda del mundo, teniendo únicamente la palabra suya. Esa vaina no es así.&lt;br /&gt;-Pero lo es – encoge los hombros y estira los brazos; se le ve tranquilo.&lt;br /&gt;-¡Coño pana! Yo no puedo dejar que me maten, y tampoco quiero que lo maten a él. ¿Qué coño quieren que les diga?&lt;br /&gt;-Si eres tú o él. El asunto es sencillo. Si quieres te ayudo.&lt;br /&gt;Se deja ver la primera arma, que se desliza por el aire en la mano del jefe como martillo. Apunta con la mano liviana, tersa, sin sudor ni temblor aparente. Dispara a la rodilla del hombre de la izquierda. Se retuerce del dolor. El jefe vuelve su mirada y deja escapar una sonrisa mientras el de la derecha abre sus ojos y siente que por primera vez escucha con claridad algo de aquellos gritos reprimidos de dolor.&lt;br /&gt;-¡Pana, qué animal! Chamo eso no se hace. ¿Qué quieres que te diga entonces? ¿No y que ustedes eran muy educados y verga y que no se metían con la gente así? Mátalo, pero hazlo de una, no lo mates de a poquito tampoco.&lt;br /&gt;-Te voy a decir algo – llama al… -, no lo voy a matar, ni a él ni a ti. Por fa, quítale el tirro de la boca que quiero que me pueda contestar a lo que le voy a decir.&lt;br /&gt;El hombre enorme le arranca&lt;br /&gt;                                                                                                       Esto que acaba de pasar es sólo una demostración de cómo son las vainas. ¿Tú quieres luchar por el bien de la humanidad? Échale bola, pero no creas que a la hora de la chiquita la gente te va a responder diferente a como lo hizo este güevón que tienes al lado. Eso era todo lo que tenía que decirte tú papá – responde el interpelado con ojos acuosos y mirada turbia -. Tú, cárgalo y llévalo a una clínica para que lo atiendan. A este me lo dejan aquí hasta nueva orden.&lt;br /&gt;Imaginaba un televisor puesto en la silla frente a la escalera. Bajaría una persona caritativa religiosamente en las horas de comer. Viviría el resto de su vida, que no sería mucho, viendo en las noticias como un hombre joven, que cojea y usa un bastón negro con una aza cromada, dirige una de las corporaciones más importantes del mundo al lado de las élites dirigentes. Vería a pueblos enteros morir poco a poco, y de vez en cuando, como a eso de las siete de la noche, se sentiría algo culpable.&lt;br /&gt;-Mejor no – se devuelve el jefe, que se agacha en relajada paz con la pistola y le dispara al güevón en la cabeza -. Y en lo que regresen quiero que limpien este desorden y laven el mierdero – iba subiendo las escaleras -. Y a ver si le ponen más luz a ese cuarto, que de vaina uno puede ver lo que está haciendo.&lt;br /&gt;Se apaga la luz que dejaba ver un rastro de sangre que viva se escondía debajo de la escalera. Y había, como siempre, la certeza del acto. Como un color difuso, restregado en el resplandor que se vaciaba en los escalones. Por cierto, cae el hombre otra vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                                                                            José G. Maita&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-2887224673442718003?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/2887224673442718003/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=2887224673442718003' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/2887224673442718003'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/2887224673442718003'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2007/09/hecatombe.html' title='Hecatombe'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-5451730693465663134</id><published>2007-06-06T15:53:00.000-07:00</published><updated>2007-06-06T15:54:59.663-07:00</updated><title type='text'>Baba de perro (cuento)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Baba de perro&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vereda rodeada de bosque verde y húmedo, la raya de tierra en el medio. Una mirada da la luz que la claridad permite. Una puerta y el chasquido del viento, el sol y una grama muy verde al final del pasillo natural. La bajada conecta la visión con una casucha enterrada en un valle diminuto. Dos aguas de zinc grisáceo y un pórtico con piso de cemento. La puerta de madera azul – se notan las tablas alineadas – se abre. El día y el ambiente de claraboya. Una mujer lava los platos. Estruja, estruja. Sumerge la esponja roída en un envase de plástico blanco con boca ancha. La espuma se desborda. Repasa con la jabonosa intención los platos de acero inoxidable. Con rabia los coloca después del enjuague. Hay que esperar que se sequen.&lt;br /&gt;-¿Y… ya es… tá lis… tt…o el des… a… yyu… no?&lt;br /&gt;Un hombre con la cabeza de lado – las ideas pesan – apoyado su cuerpo entero en una silla de ruedas, tapa el ruido de la mujer en el lavaplatos con su pregunta necia.&lt;br /&gt;-¿Será que te puedes esperar a que termine de lavar los platos que dejaste sucios ayer en la noche? Mojón de mierda.&lt;br /&gt;-¿Pp… or… qu…é… s… se… ría?&lt;br /&gt;No puede moverse con agilidad. Aquel accidente que lo dejó inútil. Apenas puede pronunciar palabras. Por eso sube las manos hasta donde puede. La fotografía de sus manos, enjutas, con uñas largas y sucias. Pierde la paciencia, llena el último plato que quedaba por lavar con agua y se lo echa encima. Se le acerca a la cara que pestañea temblorosa – fría agua de montaña jabonosa – y con un lento movimiento va abriendo sus fauces y descorcha el grito: ¡Aaaaahhhhhh!&lt;br /&gt;-¡Estoy harta de ti y de tu invalidez de mierda! Me voy pal carajo. Espero que cuando regrese te hayas muerto de hambre.&lt;br /&gt;Nunca iba tan lejos. Se iba por el pasillo por donde entramos a verlos y se sentaba en una roca. Buena cosa verla caminar, verla de espaldas. La piedra de grandes proporciones donde se podía percibir la carretera que la llevaba, mil kilómetros, al lugar donde soñaba vivir nuevamente. Respiraba profundo. Habían cenado maíz sancochado con un toque ínfimo de mantequilla. Entonces un crujir repentino le hizo voltear la cara.&lt;br /&gt;-Señora. ¿Cómo está? Aquí le traigo el mercadito. ¿Su marido está en su casa? – un joven con un morral inmenso recorría con avidez el bosque para llevarle los encargos a los claustros hombres y mujeres que desvivían en aquel monte.&lt;br /&gt;-Sí. Está en el rancho. ¿Tienes los cigarros allí?&lt;br /&gt;-Sí, como no – el proceso de desmontarse el aparataje –. Los debo tener por aquí. Lo que pasa es que la señora que vive más arriba también compra de esa marca y como vengo de allá los saqué para darle a ella su broma porque está siempre pendiente de eso y se me fueron hasta el fondo. Ni siquiera revisa si el mercado le vino completo…&lt;br /&gt;-Cuando los consigas me avisas – interrumpe -, mientras tanto - su dedo se apoya perpendicular en su boca – chito.&lt;br /&gt;-Ok. Tenía tiempo que no escuchaba eso de…&lt;br /&gt;Chito. Con el cigarro en la mano encima de la piedra el humo dibujaba figuras inteligibles en el aire. Echaba su cabeza hacia atrás, y la visión de la carretera se difuminaba en sus ojos con las formas de las nubes, y los tempranos rayos de sol mientras el muchacho se iba al rancho. Pensando ella quedaba, en el largo rato de silencio.&lt;br /&gt;(…)&lt;br /&gt;-Buenas.&lt;br /&gt;La puerta sobre abierta. Un perro grande y noble masticaba. Mordía acostado en el piso de cemento del pórtico un hueso enorme y blanco. Rompía el hueso y tragaba. Crujía el hueso muriendo otra vez. Los ojos del animal se movieron sin ser seguidos por la cabeza. Apuntaron hacia arriba arrogantes, examinadores. Suelta el hueso por un momento, instante tenso. Su expresión seria hizo que el mandadero recortara los pasos, mientras pensaba en la voz del inválido que controlaba la bestia.&lt;br /&gt;-Qu… ie… tto.&lt;br /&gt;Sonríe sacando la lengua, parándose y moviendo la cola. Se acerca a las piernas del visitante y para oler sus pantalones.&lt;br /&gt;-Buenas. ¿Cómo está señor? Mire. Aquí le traigo el encargo. Mejor se lo dejo en la mesa allá adentro.&lt;br /&gt;Asienta con la cabeza como puede el señor. Apresurado el muchacho deja lo que vino a dejar y se va por la puerta de atrás. El perro es tranquilo, pero a la visita le inunda el pavor. El animal se acuesta cerca de la silla. Termina recogiendo los pedazos pequeños del hueso maltrecho a lengüetazos, aprovechando para limpiarse las patas delanteras.&lt;br /&gt;El viento recorre por entre los árboles haciendo un chillido que se pierde por la acústica falsa del espacio abierto. Silencio que aturde. El sol se levanta y refleja su etéreo pudor sobre el vestido ligero y blanco de la mujer que fumaba su aliento, el último suspiro de la cola del cigarro aquel. Lo aprieta entre sus dedos y lo lanza. La colilla cae y desprende su luminiscencia con prendidas y apagadas diminutas, con puntos ardientes y un lazo delgado de humo que va regular despegando hasta que el viento que mueve los arboles lo separa de sí mismo. Ella camina más sosegada. Descalza patea la verde experiencia del suelo. En el andar roza sus manos con la falda larga. Hay una gracia particular, propia del descanso, del volar lejos y regresar para tomar el timón de la mierda otra vez. Volver a la vida de ella, para ella, es una vulgar cagada. Entra en la boca iluminada a centellazos por la mañana. La raya de tierra que marca ires y venires. Ella camina mientras una sensación ya vieja va con ella, viéndola de frente a prudente distancia, sin moverse toma su plano y lo dibuja a medida que avanza, como si saliera o entrara a un gran hocico verde. El hombre en la silla la ve de lejos y sonríe. “Se le pasó la arrechera”, le dijo un pajarito en el cerebro. Ella que se para frente a los escalones con la cabeza abajo. El que levanta la mano torcida. Ella que le dice al perro Sale, sale, y se sienta. El noble perro entra a la casa, se sienta en el pasillo. Levanta su rostro, toma aire, respira. El baja la mano preguntándose para qué coño la levantó.&lt;br /&gt;-Me voy Eloy. Me voy pal carajo esperando no verte nunca más – ni lo mira, sólo ve el cielo y el suave contoneo de las ramas de los árboles -. Sabes que me puse a recordar todas las veces que vinimos para acá. Cuando la carretera estaba vuelta mierda con el pocotón de huecos. Cuando te conseguiste al que era compadre tuyo en la alcabala aquella del kilómetro no sé qué… Yo me acuerdo de esas cosas y cuando me despierto y veo toda esta vaina lo que me provoca es gritar – ahora voltea y lo mira – y eso es lo que hago contigo cada vez que me acuerdo de todo lo que fue, y cuando me despierto es que me doy cuenta que aquello que fue no será jamás, y no puedo evitar pensar que fue por culpa tuya – vuelve a su magnánima postura original -. Los cabrones de tus amigos y las muchachitas esas que yo sé que te cogías cuando me iba para la casa de mi mamá, pero créeme que eso es lo que menos me importa. Qué más quisiera yo que el bicho te funcionara. Ya que no tenemos televisión ni teniéndola- encoge los hombros -, por lo menos uno mataría la ladilla echando uno de vez en cuando – se encorva hacia delante, habla en voz alta reflexionando para sí -. Tus amigos perros. Eran unos desgraciados y te lo dije. Más de una vez te dije que dejaras de juntarte con esas mierdas, que no valían la pena. Tú si chico. Eras lo mejor de mi vida y ahora eres lo peor. Me quedé pensando claramente cuando veníamos para acá y tú caminabas por el pasillo ese con el morralote que nos compramos en Caracas en la tienda donde vendían todas esas vainas pa` la montaña – llora, solo un poco, pero llora. Silencio corto -. Viste la vaina chamo. ¿Cuándo coño me iba a poner yo a llorar o a gritar como una pendeja? No joda Eloy. Yo sé que de repente tú no eres el que quiso todo esto, pero te lo buscaste chamo – se levanta, se voltea; su falda dibujó una circunferencia en el aire -. Dime tú si esta vaina no es una estupidez. Tú papá se murió en un accidente, por borracho. Tú mamá se murió de una cirrosis hepática, por borracha también. ¿No eres tú un gran cabeza de ñame cuando te metes en el papel de borracho? Mira como quedaste. ¡Como un inútil! Ni siquiera puedes sostener una botella chico – se acerca a su cara, por el lado donde el peso de la cabeza de Eloy no se deja caer -. Estoy cansada de limpiarte la mierda. Estoy cansada de cambiarte los pañales. Estoy aburrida, escúchame bien, de esperar a que un pata en el suelo venga a traerme los cigarros una vez a la semana. El día en que le dé una vaina a ese carajito nos jodimos – se levanta mirando a Eloy hacia abajo -. Estoy harta de tu perro. El último vestigio de tu gloria.&lt;br /&gt;Eloy articula algo inteligible. Trata de esforzarse. La boca apretada y el cuello que puja para levantar el armatoste. Pronuncia Eloy la última palabra.&lt;br /&gt;-¡GO!&lt;br /&gt;De las sombras del pasillo salta el animal sobre la hembra que pelea por instantes, hasta que después su lucha cesa y la sustituyen los gruñidos frente a la escalera del pórtico, en el suelo verde. Una mirada de la cola puntiaguda se va metiendo a la casa. Era hora de irse.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;José G. Maita&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-5451730693465663134?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/5451730693465663134/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=5451730693465663134' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/5451730693465663134'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/5451730693465663134'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2007/06/baba-de-perro-cuento.html' title='Baba de perro (cuento)'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-1307667471914792980</id><published>2007-04-30T14:55:00.000-07:00</published><updated>2009-02-16T05:45:33.500-08:00</updated><title type='text'>La medición de la vara conformista (Ensayo corto)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;He sido medido. Con la fuerza de la vara de los reales me escanearon el esqueleto de arriba a abajo. La fuerza superior del poder adquisitivo me miró de reojo. Su conclusión y el pasaje de salida me conservan en el sitio, frío, pensando. He nacido para pensar y por pensar me han medido, porque los pensamientos míos, pobres, chucutos, desentonan la tónica mundana del poder de la vara que me mide en los ojos de los que medianamente me conocen. La carrera es larga, y los pasos de plomo que doy no son suficientes. La caminata, cojonuda, abarca el caramelo del papel moneda, que con su ceros abarca mis pensamientos y más allá. Fui medido y reprobado por no tener nada fuera de mi cabeza, en mi cartera metidos, en la entidad bancaria calculado y sometido a tasas de interés. Sacaron mi lengua con una paleta de madera y me dijeron “Qué haces aquí mijito”. Me mostraron una poceta – benditos aquellos que se llevan el pan a la boca con el limpiar de urinarios – y les saqué un libro. Lo escupieron en mi cara. De nada me sirvió tanto pasar de noches sin ver televisión por leer tan pesados instrumentos.&lt;br /&gt;-¿Y qué estudia usted?&lt;br /&gt;-Comunicación Social.&lt;br /&gt;-Yo no sé pa` que la gente estudia tanto tiempo en una universidad para hablar paja frente a un micrófono.&lt;br /&gt;Y bajé la cabeza, necio. La vergüenza de no tener la respuesta en fila, como carga de ametralladora. Decirle al hombre que mide por lo que no se debe medir que eso no es así, que ser comunicador social va más allá, incluso de lo que la universidad enseña, y que es la calidad de la comunicación de un pueblo la determinante de su desarrollo, es mucho para él. Una secretaria especula sobre mí persona, por creer que caga más arriba del culo.&lt;br /&gt;-Si yo tuviera dos hijos y un marido tan flojo como el tuyo, ya me hubiera puesto a limpiar de casa en casa y le hubiera dejado el pelero…&lt;br /&gt;Es tan básico. Así se condena y se purga la culpa de estar graduada pobremente de técnico superior en una carrera que no ejerció nunca por palancas varias. Entonces mi esposa – la pobre, sacrificada, mártir de mi paciencia, de mi esperanza acumulada de años – manda a la mierda el consuelo amistoso, y se aterroriza ante la visión de los consejos. No es la primera vez que le dicen que deje a este loco, por no ser sino medianamente un hombre. La sociedad estipula que después de cierta cantidad de tiempo, te bañes en los alborotados vaivenes del trabajo bien remunerado, no importa que se te parta el alma por el martirio causado adrede por el sistema que exige un brazo que mueva las máquinas, y no un cerebro que estimule la creación de… Los años de sacrificio, vejaciones hacen mella. Ya la calma pareciera un lugar lejano al cual se llega a través de una chequera y con el permiso de una agencia de viajes. He mostrado mi yugular tantas veces, y las marcas de sus callos ventosos. Mi madre me decía: Esa carrera es para alguien que le guste leer, Esa carrera es muy cara, Esa carrera es (toda una gran cantidad de apócrifos). Y calcé dentro de lo posible en el entorno que me rodea, casi en el borde, por tener la tendencia pérfida de querer salirme. Me da la gana de sentir remordimiento por creer que no soy animal de este rebaño, por no mear en la tierra, por no comer de la grama seca, por no apostarme entre mis confidentes debajo de la sombra profunda de una mata grande. Es que busco explicaciones en el lugar equivocado, y cuando encuentro la respuesta en mí mismo descubro algo que me da la sensación de alivio momentánea: Eres padre de dos hijos, estudiaste la carrera que querías y la cual, a todas luces, es de vital importancia en tú país – y cualquier otro – por la coyuntura que se vive, les das de comer, no te metes con nadie y tienes la percepción casi clara de gozar del respeto de tus compañeros y profesores, y tienes un talento de pichón de escritor que esperas que algún día te sirva de algo. Ya. Más nada. Vuelves a levantar la cabeza y sigues caminando viéndole la cara a gente como aquella que sin más te sigue llamando flojo por no dejarlo todo por los reales y la opción encantadora de una tarjeta de crédito. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;José G. Maita&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-1307667471914792980?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/1307667471914792980/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=1307667471914792980' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/1307667471914792980'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/1307667471914792980'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2007/04/la-medicin-de-la-vara-conformista.html' title='La medición de la vara conformista (Ensayo corto)'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-9032028865943826259</id><published>2007-04-23T17:07:00.000-07:00</published><updated>2007-05-16T08:11:53.229-07:00</updated><title type='text'>Las bases del mercado en América latina (Ensayo largo)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Las bases del mercado en América latina&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El modelo de dependencia se manifiesta en la mayordomia. El alquiler del espacio pautado como tuyo, empresario, como lo definió Eduardo Galeano en “Las venas abiertas de América Latina”, al servicio de otras partes, que no son tuyas. No es el territorio que corre por los montones de casas, árboles, piedras, oro, petróleo, sino el producto final reconstruido, la lata vendida al que vende el hierro de la lata. Somos dependientes de los padres que nos “descubrieron”, los que consideran después de quinientos años que no hemos llegado, como lo anuncia la ilustración de Kant, a la mayoría de edad. Se crea la dependencia enferma de una inteligencia que nos negamos a nosotros mismos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son las familias que controlan, por decirlo menos, importantes medios de producción no nacionalizados en distintos países y que para su desarrollo abogan por la asociación con otros que no son para ellos nada, sino un ejemplo capital a seguir. No ha importado la decadencia de los pueblos en el ejemplo de los industriales latinoamericanos, que esperan y sueñan con departir gustosos los sabores de las millonadas en otras costas, centros comerciales, y en otros idiomas. No es la diversificación de la entrada de divisas, ni el apogeo magnánimo que con sus fundaciones muy bien mediatizadas hacen ver que son algo bueno. Son ellos el puerto, la lancha, la excusa para que los intereses extranjeros extraigan lo que sería bueno repartir entre vecinos, compatriotas, compinches.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La economía de enclave demarca en un territorio extraño lo que se quiere de él, y no deja el rastro sino del charco, el paisaje derruido. La cúspide de una burguesía que descubrió un negocio un día y no se preocupó por la acera del frente, sino por un pasaje de avión. De ellos emana la cultura en gran parte. Son ellos, es la burguesía un elemento creador de desarrollo, creador de bases angulares en la cultura de los países a la que pertenece. Si el país falla, algún reflejo caerá sobre aquellos que en su corbata destacan como sentencia, que no vale la pena pensar en lo que se tenga que construir, sino no echarse aire en lo ya construido.&lt;br /&gt;La cultura como un hecho publicitario&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De este lado del mundo el negro, el zambo, el indio, el blanco, el hijo de aquel que nada tuvo, el hijo de aquel que lo tiene todo. El consumo, el capital, la producción de la manufactura, la factura interminable. La reproducción de modelos que tal vez sirven. La cultura, fenómeno clásico de los pueblos, alma que identifica las naciones, los conglomerados humanos que se reclaman a si mismos una identidad. Todo lo que somos, el cómo comemos, el cómo vestimos, el cómo hablamos, escribimos, insultamos, la manera de utilizar los servicios, la manera de dar los servicios, el cómo cruzar la calle, el cómo hacemos a las calles que nos cruzan y que terminan ocupando, en honor al vehículo, casi el 70 por ciento del espacio urbano. La cerveza, el pantalón, la arepa, la chicha, la limonada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Es cierto que en nuestro país la publicidad a hecho cultura? Su función simple, promover la venta de bienes y servicios. Los bienes y servicios calculados en un santiamén: la concepción de cultura como ente regulador del estereotipo. Es el estereotipo el concepto clave de la perversión cultural, pues se crea, no para generar en el sentido filosófico, sino en el práctico de recrear una conducta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Es la definición del hombre, como valor agregado al mercado, lo que realmente es? Se intuye la huida de la voz moral que dice que somos lo que comemos, lo que vestimos, lo que tomamos. Somos lo que nos dice la cuña que somos. Hemos, el dios verbo que destaca lo que hasta ahora somos y que probablemente seguiremos siendo. La verdad irrepetible que en ninguna cuña sale ni saldrá: consumidores irracionales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿La publicidad se ha aprovechado de hecho irracional del hombre? En mis ratos libres pienso, ensayando una proyección, la estrategia infalible, la bola de cristal que me muestra el futuro en la conducta de mi hijo de cinco años. Su edad, formulada por su energía vital, acompaña los andares con estruendoso ruido, se cae, se levanta, se vuelve a caer. Grita, patalea. El descontrol de su energía inagotable, como una masa acéfala. Me preocupo. En un día de campo toma un palo cualquiera y lo tira a un lugar donde no hay nada. El palo no vale nada, el suelo insignificante – ni el monte lo ocupa – levanta una pequeña, casi indetectable nubecita de polvo. Lo reprendo. La madre en su angustia instintiva me reclama. La aparto en silencio y le explico que esta vez no era a nada, era un palo cualquiera lanzado a un espacio sin valor. Le digo que mi temor, en esa proyección hacia el futuro, me dice que en su violenta explosión de irracionalidad, por su corta edad, puede tomar algo que si importe y tirarlo hacia un lugar que si tenga valor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Será que la historia nos hizo irracionales? Que la sabiduría popular nos salve. “Lo que es bueno pa` la pava es bueno pa`l pavo.” El escenario del mercado frágil. La segunda guerra mundial y el Plan Marchall desarrollaron una burguesía dispuesta a desarrollar a su país. La nuestra desde el principio de los tiempos ni se esforzó en subir el Ávila. La empresa cultural, el negocio general de la distribución de la riqueza, el desarrollo de la cultura se quedó en una orilla lejana. Se conformó el negocio con la gente, en su precaria educación, y revendieron el desarrollo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las cosas tristes de la sociedad, donde en una casa, un sábado, es más probable que tengan algunas cajas de cerveza que comida para los niños. El plan político, el plan de mercado, y los borregos que compran, ese bien y ese servicio que la publicidad promueve, que promueve la cultura que existe y predomina desde hace ya unos buenos años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La publicidad como acondicionador de la propaganda generadora de estereotipos varios&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La publicidad, en su optimista visión, establece los principios básicos de la argumentación para enseñarle al consumidor los productos que pueden solucionar sus problemas. La publicidad, en su forma pesimista, persuade al consumidor de una necesidad que no es tal, y no le da opciones sino órdenes de compra. La realidad establece que la publicidad, como hecho transformador de la cultura que a la final no transforma, sino deforma, crea los estereotipos sociales, hace una catira exuberante, un cereal mágico que convierte a los niños en súper héroes, para sorprender al león dormido de la población inocentemente mal preparada para el bombardeo de mensajes con los pantalones abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer, compañera, complemento. La publicidad la persuade, le crea el estereotipo de los abdominales, la sonrisa perfecta, los senos grandes. Le dice que un champú hará que los hombres, a su paso provocativo, caerán redondos a sus pies. La publicidad la viste con lo que tenga menos tela, le dice que fume, para ser mejor que el hombre, le dice que se tiene que ver joven, para gustarle al hombre, le dice como debe ser el hombre, y para el hombre, ella como objeto. El hombre también devino en objeto, en paradigma de los asuntos sociales que tiene que resolver. No tomes jugo, haz fiesta, vuélvete imbécil. Es la botella azul, la cadera desnuda, la mujer que solapada introduce una chupeta en su boca, es el hombre que maneja un carro extraordinario, que se baja los lentes, que viste en aquel lugar, que toma tal cosa para la flatulencia, que va a tal sitio a comer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El niño guerrero. El espartano de la antigua Grecia con televisor, que baja de los acantilados, que tira piedras, que destruye a sus enemigos sin las pilas incluidas. El niño, el más inocente, el atontado del futuro que se sienta, ve tranquilo como un carro lo puede todo, se revuelca en el camino, levanta polvo, sube las montañas, y lo monta un muñeco, el héroe estereotipado, de rasgos caucásicos, que tiene una arma enorme que destruye lo que quiera. La niña, pobrecita la niña. Se queda en la casa, hace la comida en su horno Fisher Price, juega con Barbie a una reunión del té imaginaria, se toma el te imaginario y corre cuando su bebé de plástico llora porque se le mojó el pañal. La publicidad y sus principios lo apuntan. La publicidad le dispara a los niños porque no son ellos los que pagan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Responsabilidad, relaciones, deberes de la publicidad&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debemos saber a ciencia cierta que es el mensaje, raíz, piedra angular de la comunicación. El mensaje es un producto no tangible e influyente que tiene un costo y una ganancia. Es un producto de corte informativo. Es un producto manufacturado por la mecánica comunicacional del intelecto. La publicidad es un hecho comercial, busca ganancias, y la ganancia está en la efectividad de ese mensaje. El empresario dueño del mensaje juega al alza. Se supone que el mensaje transmitido es el mensaje ganador. El mensaje se carga, codifica el paradigma, instruye al consumidor que consume el mensaje diciéndole que eso es suyo, que lo tome a costa de lo que sea.&lt;br /&gt;Pero no solo de pan vive el hombre. Las virtudes del hombre quedan, como supuesto, en los cuentos reflexivos y en las anécdotas de la abuela. Se dice que lo que la empresa produce, cualquier empresa, debe tener un fin, aunque ínfimo, destinado al bienestar social. El ser humano es un ente social. La naturaleza en el principio de los tiempos no nos hizo la raza dominante del planeta a fuerza de billetes. La publicidad es el ejercicio de una empresa, que si por mil genera dividendos, por uno refuerza lo positivo. El ser humano, normal, siente la inclinación hacia lo bueno, lo estable, lo positivo. La publicidad y su deber social para la sociedad a la que instruye a consumir es recalcar los buenos valores, la justicia como interés primario de convivencia, la tolerancia como materia fundamental de entendimiento, la paciencia como la cobertura amplia de la razón. El desarrollo de la cultura no se hace con bebidas alcohólicas, ni con la “estupenda” compañía de los Power Rangers. Que nuestros ríos son navegables, que nuestra música es hermosa en su desarrollo, y no que solo por obligación a mansalva de una ley tenemos que transmitir los beneficios de la lactancia materna en cuñas para la televisión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El desarrollo de la cultura es la evolución de la misma. La publicidad es un factor de la política, pues esta se define como el ejercicio pleno y conciente de la ciudadanía. La política es la manifestación ética y moral de los que conforman la polis, y la polis es la infraestructura que encierra a todos aquellos que hemos sido educados para ejercerla. La ciudad, el país, el pueblo, la casa, son núcleos, espacios territoriales donde los distintos aspectos sociales demarcan en la cultura de quienes los contienen, una corriente que los define, los escala y los reproduce. Somos la reproducción de un sistema. Y siendo parte de ese sistema somos responsables de educar; que nuestro papel comunicativo – publicitario, lo positivo es publicitable, pero que los grandes productores de leche para bebés publiciten un seno amamantando a un niño… - es de maestros, y es esencial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es la responsabilidad sabida de no contaminar visualmente las ciudades. El ser humano en busca del progreso ha sustituido lo verde por el multicolor cansado de las vallas, las letras luminosas, el gris hormigón. El hombre está diseñado desde su creación para una velocidad máxima de veinte kilómetros por hora. Por eso la tarea extensa de hacer grandes vallas de hasta nueve elementos, porque a la velocidad común y anormal promedio en la que va sería imposible captar ese mensaje ganador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es la responsabilidad con la verdad. No es la oferta que en un mes será el precio del robo. Ofréceme algo a dos mil, que sé que no cuesta quinientos y en un mes costará mil. Es la perversión del interés. Es la publicidad como entrenador político de la política del consumo, que no se diferencia mucho de la otra, pues es la misma para los ciudadanos – el palo insignificante puede ser algo de mayor significación. Es la política alejada del interés definido en el libro “Ética para Amador”, del filósofo español Fernando Savater, como “aquello entre todos”, es decir, que lo que realmente es un interés es aquello que beneficia a muchos y no a uno solo – eso se llama estupidez -, y la política de la estupidez individual se convierte en demagogia. ¿Es la publicidad una demagogia mercantil?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ejercicio de las relaciones públicas en las empresas es directamente proporcional, al mal entendido, y por lo mismo al demagógico entender, al ocultamiento de la irresponsabilidad de éstas. El jefe quiere ganancias y será su preferido el que se las de sin que le genere a él una que otra molestia. Ahorrarle al jefe para que pierda algún otro es como vender gato por liebre. El Plan Marchall generó en la burguesía europea emergente después de la segunda guerra mundial que – por aquel momento – era mejor vender gato por gato, porque es lo justo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a nuestro bravo pueblo la estupidez de querer decirles que son bravos pero que no saben lo que están haciendo. La Polar jugando a la miseria, pues en el desconsuelo, la depresión del obrero, está su gran ganancia. La publicidad ajusta su relación con el entorno pobre y le modela la conducta, no para que estudie, no para que se desarrolle, sino para que marque distancia de ese esperado desarrollo con una cerveza bien fría, y sin más nada en el estómago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las mujeres insulsas que le generan el conocimiento de que sus senos se caerán por amamantar a sus bebés, que perderán la figura esbelta que las hace deseables, que descartan la idea de la “fealdad” confiándole la alimentación de su infante a Nestlé; que por favor vean la película “Marcelino pan y vino”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la vida de aclamación de marcas, panfletos y folletos de vívidos colores, que nos amargan el desayuno por no tener como tener tantas cosas para usarlas todas a la vez. Amor con hambre no dura, mercado sin publicidad no existe, y el gran deber de la publicidad es transmitirles a todos los que caminan viendo sus miles de cosas, que sería bueno el momento más temprano para dejar de ser bolsas, y no la consigna perpetua de que hay muchos afuera, y el que lo agarre es de él. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;José G. Maita&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-9032028865943826259?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/9032028865943826259/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=9032028865943826259' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/9032028865943826259'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/9032028865943826259'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2007/04/las-bases-del-mercado-en-amrica-latina.html' title='Las bases del mercado en América latina (Ensayo largo)'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-4857445449822452837</id><published>2007-04-23T17:05:00.000-07:00</published><updated>2007-05-16T08:12:29.921-07:00</updated><title type='text'>Boves descansa sobre una piedra prestada (Ensayo corto)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Boves descansa en una piedra prestada, con la sombra de un árbol que no es de él. Los mosquitos descansan en su mano como ella descansa en el mango de un machete. Boves fue un hombre común. Boves no quería ser animal. Decidió serlo para que nadie más lo fuera. Boves arrima la candela a su brazo partido. Boves no quería las lanzas, los escapularios y los chillidos gordos de la gente campesina. Boves amaba la tierra, vivía de ella. Boves amaba el país que le brindó hospedaje. Boves vive. Boves espera a su madre en un hospital del estado. Boves clama en su conciencia “del conocimiento no sean avaros”. Boves pretende surgir de la espada de aquél que lo acusó. Boves quiere salud, familia. Boves quiere estudiar de los filósofos, ingeniosos, científicos, críticos del pasado. Boves quiere aparecer en los libros de literatura. Boves clama, escucha. Boves reclama a los partidos el silencio aquel que le dejó sin habla un día, porque tenía la razón. Boves partió en dos la muralla, desconfianza, bruta, la cerca imperfecta del estupor de los cien días que le trancaron a la sombra tras unas rejas. Boves espera tranquilo a su mujer, a sus hijos. Boves quiere que el niño que de él salió aprenda a leer. Boves quiere que crezca siendo sano, analítico, vivaz. Boves quiere vivir, no quiere que lo maten. Boves no espera policías en su casa, vive bien. Boves cree en los derechos del hombre, de las razas, de las religiones. Boves desea mucho, menos ser asesino. Boves pensó pensando que el suelo no era verde, sino blanco en su corazón de sal, que la tierra pedía gritando la siembra de los recursos y la repartición de las bondades. Boves no cree en el privilegio militar. Boves no escupe para arriba, mamá, solo controla su fuerza, respira, más profundo cada vez, para no perder la paciencia. A Boves le simpatiza una revolución, pero ella le responde lo que él no le pregunta. Boves le destaca el pellejo arrancado del sudor diario del trabajo forzado, de la sociedad clavada en posturas personales, que no le hacen bien a él, ni a nadie, que no atrapan del vino lo mejor, sino el fondo de la botella vacía. Un uniforme para Boves que quiere pelear, Alí, como tú, pero tiene miedo también. No hay que tenerle miedo a Boves, si se le escucha, si no le subestiman. Hay que estimar a Boves. Boves tiene la fuerza asturiana de barlovento, de los ríos de Guayana, de los techos de Caracas, del vapor helado de los Andes. Boves canta en una mañana cualquiera que no le tiemblan las piernas, que se suena las narices de vez en cuando, y que no le alcanza para el pasaje. Boves estima, serio en sus postulados, que no está en sus planes volverse loco, que es malo violar mujeres, matar niños, el hambre, la basura en las calles, la desidia, el corrupto atracador, el hombre encopetado que hace abortar a su hija adolescente, los desmanes de las naciones grandes, el desperdicio de talentos, el enfrascamiento de posturas, y que le digan que los huevos de las gallinas de su madre son una estupidez. Boves se está hartando. El Boves antiguo aclamó en Bolívar la derrota de la ineficiencia, la ignorancia del verdadero ideal. Él lo entendió primero, aquél después. A Boves lo mataron por dejarse llevar. Pero hoy hay muchos Boves. Boves que desestiman la violencia como último recurso, porque no es tal cosa. Y de los olores diversos de la geografía, clama un hombre o mujer, que es Boves mismo, y no es la gran cosa. Esos bocetos desperdiciados de la propaganda, esos recursos del negro subsuelo, los ojos de los niños, las madres mal paridas, hijas, hermanas, madres de un Boves, uno que camina en la calle sucia, que bebe coca cola, le silva a la mujer que pasa, la novia, la esposa, el arrejunte de Boves. Un ideal que se murió por no dejarlo nacer y que se niega a dejar de intentar entrar en un mundo sano. La crítica de un Boves que no quiere ser malo, y te lo dice a ti, Estado, a ti, mamá, que mi mano negra no te arranque con sus uñas la risa – ¿cuántas madres, cuántos padres le cortan las uñas largas a sus hijos? – y te pise el pie del desencanto. Al sistema un rollo amarra, con una cabuya en la pata se lamenta Boves, que quiso ser libre a su manera. No es una lanza Simón, Ali, Hugo, Fidel, Ernesto, Carlos, es un lamento sin paciencia que grita porque no quiere, José Tomás, que le sigan metiendo el chupón en la boca. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;José G. Maita&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-4857445449822452837?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/4857445449822452837/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=4857445449822452837' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/4857445449822452837'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/4857445449822452837'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2007/04/boves-descansa-sobre-una-piedra.html' title='Boves descansa sobre una piedra prestada (Ensayo corto)'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-9092642251098845922</id><published>2007-04-20T05:01:00.000-07:00</published><updated>2007-05-16T08:12:58.689-07:00</updated><title type='text'>Fue por la noche (Cuento corto)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Qué pasó perro tonto que despiertas y ves en derredor la cama suelta, en paños calientes de la ducha que ensucia el piso, y la calma tomada de tu plato con adornos navideños, y el sonido clásico de la campanita que unta el ambiente de guirnaldas sueltas, que te rodean en la casa. Danco, calma tus ansias, reclama tu instinto una nota distinta, el acorde de la vez aquella que te measte en la cocina y te agarró con el periódico enrollado, y la carrera, tu cola, se cae, se revienta del miedo, ves la mano del hombre, tu hombre, que pega y no se despega de tu aullido transparente, se te pasó la mano en la galleta que te trajo ayer, y así es como le pagas. Mira, tu amo no se despierta, y son ya las nueve de la mañana, el sol ya salió, y no hay señal que te lo indique, que el paso de la noche por sus sueños pasó, que la sombra del descanso ya se fue, por donde vino, por esa misma ventana que te aturde hoy, que no cerraron anoche, porque habrá sido, le agarró la calma de la tormenta; le gustaba ver las gotas de agua pegar de los cristales, se le paraba al frente y no descansaba de inflarse con aire el pecho, peludo, casi como tú, perro tonto. Saca la lengua y revisa debajo, que no hay nada para ti, nada que te interese, las cholas y las medias de la semana, repetidas, tiesas del tufo, y las inspeccionas, te calmas con ellas las ganas de morder algo, y apuntas con tus ojos amarillos el ocre de tus ambientes, dentro de la casa, pero tu amo, tu hombre, ser humano, no se despierta. Aprovecha, la salida es larga y las escaleras dan sueño, más cuando es de mañana y los vecinos no se te atraviesan, porque hacérselo tú a ellos nunca, ni pensarlo. Los hombres como tu hombre sólo sirven para caminar, pero tú no te echas las bolas al hombro, y corres, trotas campante sólo por lo que necesitas. Tu nariz, negra, húmeda, te guía, debajo de las escaleras. Ves, aquí está la bicicleta, y la cadena para pasearte anudada en el manubrio. Y te recordaste otra vez, qué pasa, perro tonto, quién te pasea si no él, tu humano. Y te regresas, pensando que no se despierta, siempre tiene un sitio al que ir apurado, le reclamas un alarido, y te sobas con la mano que guinda del borde de la cama, y el aire que no para, se le habrá jodido el termostato. Está fría la mano de tu amo, parsimonioso, tonto como tú, perro tonto, que se te cae la baba entre las sábanas, y que suena así, el gato del vecino, no, mejor, la perra del vecino. Lo visitan mucho en las mañanas. Una mujer con niños chiquitos que le toca a la puerta. Pero también son tontos. Insisten, tú los ves por debajo de la puerta, llamándolo por el nombre de hombre, humano que son todos, y se van sin ser atendidos, y ladras, quieres hablar, cuando no eres tan tonto, cuando piensas que no lo eres, cuando estás seguro de que ellos lo son, porque su olor fresco de piel de macho te llega claro desde el otro lado de la puerta. Anda a ver que deben ser ellos otra vez. Qué fastidio, no les puedes decir nada, o porque tú eres muy tonto para decirles, o porque ellos lo son demasiado como para entenderte. ¡Ja! El más chiquito te descubrió, le carcomía desde que te oyó ladrar la primera de las muchas veces. Ya; hay que dejar de ser tonto, tu amo no se despierta y llegará tarde a donde quiera que vaya a ir, es seguro que tiene que ir a algún lado. Te vuelves a devolver, que ladilla. El aire sigue frío y la mano también. Mordisquea Danco, sólo un poco, más que un poco, y su amo no se despierta. En la almohada suda algo que no sale de su cabeza. Hay una repisa arriba que bota un líquido que sabe a cerveza. Las fiestas. Rememoras las fiestas, cuando ellos probaban la bebida espumosa y te bañaban con ella. Qué rico sabor, te hacía sentir bien después de un rato, ¿verdad? Pero qué, no hay fiesta, nada de lo que no sea ya costumbre, un partido, un ánimo del carajo, la final de algo que no es final porque siempre hay algo de eso en la tele. Te cansas de ver y escuchar el barullo de siempre, sin calma vas y tomas agua, también fría. Qué coño. Siguen los escándalos, pero son de otra cosa, no de fútbol. Deja ya las pendejadas, súbete, eso es, buen perrito, pero deja de mover la cola, no seas tonto, averigua antes que se despierte, pero deja eso, ve por detrás de sus orejas a ver si queda algo de la cerveza, pero cuidado con su cara. No aúlles, no es para tanto, la cobija no le llega a la cara y el frío es implacable, para qué preocuparte, no tiene suficiente pelo como tú, Danco. Que te quedes tranquilo, no pasa nada, termina de acomodarte que lo aplastas, y si se levanta de repente se arrecha. Así que mejor deja de molestar, deja de oler la cuerda que rodea su cuello y no te asomes en las cosas de la esposa que ya no están.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;José G. Maita&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-9092642251098845922?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/9092642251098845922/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=9092642251098845922' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/9092642251098845922'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/9092642251098845922'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2007/04/fue-por-la-noche.html' title='Fue por la noche (Cuento corto)'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-1845501300154949128</id><published>2007-04-13T06:21:00.000-07:00</published><updated>2007-05-16T08:13:39.173-07:00</updated><title type='text'>Para qué soy periodista en radio (Ensayo corto)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Para ahorrar papel. La ecología en su contorno. Ni de cerca. El micrófono como arma mediática. El periodismo desde la segunda guerra mundial, de ondas electromagnéticas rebotando por nuestro espacio. Veamos el titular del día y respondámosle. Imposible. Un pliego de papel con tinta, una cámara de televisión, con el receptor – aparato biológico de la familia de los sapiens sapiens que solo vive y muere para recibir información – hilvanado las ideas contrastadas, casi inútiles, en su cerebro comunicativamente encerrado. Pero la palabra informativa – cincel perfora cráneos y células – encarga a la atención, prófuga de la divina justicia, un calmante, una pastilla, un recreo con papitas y refresco. En radio nadie ve las caras de nadie sino los que adentro disimulan la entrada en escena. El mago de la fiesta se encorva detrás de la vitrina anti ruido con un cartelito que le dice al otro bolsa que habla que se acabó lo que se daba. El periodismo es una comuna de cuestiones, vagas, necesarias, imprescindibles, que se acumulan en nuestras cabezas una sobre otra, para dar rienda suelta a la comilona mayor de estímulos, desde el taranana aquel. Y calma. Los regazos prendados de amor, como quien no quiere la cosa, se trepan por los cabellos pensando talvez que cualquier definición sobre periodismo no sería más que una falta de respeto a la inteligencia del que esto escuche, lea, o vea, pues una cosa es lo que dice el diccionario y otra cosa lo que le venden al pendejo.&lt;br /&gt;Por eso trato de ser serio en el asunto. El periodismo es uno solo – o debería ser ese que le dicen a uno que es pero…- y nos marca como marca el trauma, la mirada o la caricia. El periodismo es la foto de la viña del señor que se tomó cuando éste le preguntó a un fotógrafo como iba la cosa. Periodismo es el ejercicio de la difusión de la información, en cualquiera de sus géneros, y por cualquiera de sus medios, con la principal función de crear conciencia en el hombre para tomar la mejor decisión para la mujer, o viceversa. El tomar un lápiz – como ejercicio primario del pobre que le tocó la guerra de cerca y le dañaron su laptop los de la resistencia por andar con los que invaden -, o la imagen añeja, por no decir otra barbaridad, del hombre con la libretica, el sombrerito, la camarita, grabadorcita, cervecita, compañeritos, con el editor del diario en el pescuezo diciéndole lo que hay que hacer, para terminar haciendo algo parecido, no dista mucho del sistema satelital que abarca una pantalla semiredondeada y con el loguito que de broma se ve en alguna esquina superior, o el micrófono de una cabina. Es un complejo dilema el de la comunicación, el de llegar como se debe y serle útil al que lee, ve, y/o escucha, ese que llaman usuario, para que a través de las palabras que salen del periodista tome una decisión, sino correcta, por lo menos sensata. ¿Para qué ser periodista con semejante responsabilidad? ¿Para qué serlo si no le vamos a parar pelota a la reacción de la acción - parida - entre el contubernio del hecho sensible a ser transmitido, y la interpretación de nuestro sexto sentido?&lt;br /&gt;Ser periodista, en radio o donde sea, en mí, no tiene una enorme diferencia. El cumplimiento insalvable de ese mal que llaman remordimiento, intocable ola carbónica – pónganle un punto y aparte al Apocalipsis por favor – que se me viene encima por ser, específicamente en la radio, el inmediato abre boca para lo que venga, y pregúntenle a Orson Welles de la que se salvó. Radio alternativa, radio presente, radio causante, diligente, radio del estado, radio del empresario, radio del amigo, del enemigo, del revolucionario, del contra, de la antena en lo alto, del Internet por lo bajo, radio del subterfugio, radio que refugia, radio campana – ¡y arrancan! -, radio del común receptor que te prende y apaga, que le fastidia lo embasurado del televisor y le da flojera ir al kiosco. Ser periodista en radio para mí es ser, como en cualquier otro de sus frentes, un formador de opinión, solo que la improvisación daría para cosas más exactas que lo que acabo de decir. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;José G. Maita&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-1845501300154949128?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/1845501300154949128/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=1845501300154949128' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/1845501300154949128'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/1845501300154949128'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2007/04/para-qu-soy-periodista-en-radio.html' title='Para qué soy periodista en radio (Ensayo corto)'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1946202497509294043.post-6019885775078091600</id><published>2007-04-13T06:18:00.000-07:00</published><updated>2007-05-16T08:14:40.006-07:00</updated><title type='text'>Los Extremos (Ensayo corto)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Chávez es ilegal por muchas razones. Circunstancias del tiempo en el que la sociedad se descompuso por comentarse, la falta de sesos, por los diversos conjuros de la psicología y la permanente visión política que busca, ante todo, un divorcio con lo social. Por eso el periodismo danza. Recoge su falda extensa, coge miedo en las bruces de su borde que mira abajo, y lejos entiende un letrero oxidado, blanco con letras negras, que la ética cayó aquí, y el que la quiera, mátese. El mundo al revés inunda a mí país, y la huida provoca cansancio generacional. Vámonos piensan mis piernas. Desecho las alpargatas por un momento para probarme los Adidas que me dijeron que eran más cómodos en la universidad. Aclaman mi valiente razonamiento con aplausos que se extienden a lo largo del pasillo central del edificio del centro de las aulas que están a la derecha del padre. Me acumulo a mí mismo, no sé, no quisiera saber nada para dormir en paz, porque si bien la bituminosa vanidad quiere salir de paseo por mi boca, sin frenillos aunque los necesite, no logro la paz al dejarme caer por no ser parte de la sociedad que me rodea en el efecto de falso consenso, ni al bailar arrastrando mis cómodos zapatos por el piso firme y frío de aire acondicionado. Tarzan, viene a mi mente la lúgubre condición de rey de la selva jalado por caballos por sus bronceadas extremidades. Y me miran feo, de reojo con los dientes afilados por no lamber de los libros recomendados, de las cualidades de los sistemas vencidos que no se dejan sustituir, y de los reflejos de las ventanas empañadas de sudor espeso. Entonces enloquezco por segundos, y que mis hijos me perdonen. La naturaleza de la bestia – yo mismo soy – se compone de pedazos ausentes de humanidad. Siento un dolor en el cuello, pues en mi avaricia repentina mis pies han crecido, y me aprietan los Adidas y necesito unos nuevos. Por eso, mientras pienso en cómo obtener el capital para gastarlos, reduzco la despensa familiar, limito la dieta de los míos por el afán del baile y la alharaca de los reales con la lengua afuera, la ilegalidad de Chávez que devoro con ansiedad… La mirada y los dientes, el sudor y las colas ardientes de las muchachas que ya no me miran con pena, que pobrecito que tiene miedo de adaptarse, que la catolicidad del pie que le aprieta y el frío lo arropa con hielo y las raíces que nunca tuvo Gracias a Dios, con su media clase de bajo perfil, su privilegio de pisar la universalidad con el testigo en la mano de la caridad del Estado. Ellos, ellas, esos, esas, me miran con benevolencia y piden de mí las sobras de las páginas a medio masticar. Abro mi boca rellena de una pastosa saliva y cuando me niego a deglutir veo la puerta de la salida y corriendo a ella descalzo boto la sobriedad. Ya casi me tienen cuando el rayo que alumbra el letrero de Vía de Escape, con la flecha roja, me jala por los hombros y me lanza a la calle donde automáticamente me recuesto del poste verde a descansar de la rabieta. Sacudo los restos del zapato caro y veo en la desnudez del dedo chiquito del pie una hormiga que carga una hoja. Le veo mientras siento el calor que pone a temblar mis rodillas, cuando a mi espalda un grupo de gente con uniforme colorado apunta sus dedos hacia mí, y un letrero que me nombraba Cobarde, con letra bonita y suculenta estampa.&lt;br /&gt;Chávez es legal por muchas razones. El descontento, los ánimos caldeados, y la sopa humeante del control sobre los que no pueden y quieren. El país carcajeado de cerveza y música a todo volumen, una copa más y una menos, todo con los libros de los best seller, Paulo Coello y el nescafé. Las faldas y la proliferación de iglesias donde muchos predican sin el ejemplo y sin tener la más mínima idea de quien fue ese filósofo crucificado. No corren, sólo avanzan lentos en los vivas y la patria colmada de bendiciones y de promesas de bienestar. Alegan que la salud es importante, aunque antes, mucho antes, para sus dirigentes no lo fue. Que no importa nada, que el Estado obtenga todo el poder que necesite, siempre y cuando garantice la libertad positiva que el liberalismo se llevó. Por eso me levanto, pues al no tener sino los rastros de un zapato que no es la alpargata que me quité hace un rato, bla bla bla. Me paro, y sigo viendo como una cámara que llega, prende su luz roja y es apedreada. No son violentos, sólo se dejaron llevar momentáneamente por el afán del triunfo, el legal que dicen que es ilegal porque ellos son brutos y estos el componente interesante de la sociedad leída, llena de revistas y publicidades de Pantene. El dedo de Dios me apunta con un rayo en la caverna. Su entrada y su luciérnaga perenne que espera mi llegada. La idea con luz natural, blanca y fría me invita al escape. El momento de correr y no corro porque en las pesadillas cuando son buenas es así. Una fuerza invisible llamada mercado me traspone al sol que apenas se deja ver detrás del nubarrón por donde salió el rayo que cayó en la puerta de la caverna donde revolotea la… y la cagada del momento cuando a medida que miro los veo más cerca. Soy traidor, dónde coño están mis alpargatas. Las dejé, se me perdieron, solo iba caminando y no sé qué fue lo que pasó. No sé, de pana, un malandro, o se me cayeron cuando subía las escaleras del barrio donde no vivo. Un embuste, una excusa. La revolución del planeta no está aquí, pienso, porque necesito saber dónde está. Porque ser medianamente eficiente a completamente incapaz no es mucho que se pueda decir. Son casi la misma cosa. Hay caminos entre esa gente y la otra, que no quiero ser yo porque soy un cagón de mierda, porque quiero dormir bien en las noches, porque Chávez me parece bien pero no me lo dejan creer tanto porque es humano y cae en tentaciones, cual yo pendejo. Que es mejor como era antes, que es peor como es ahora, que será peor en el futuro y ni es ni lo uno ni lo otro, ni lo contrario tampoco, y Dios en su cavidad dentada, chasquea los dientes como castañuelas y sucumbe a mi bienvenida. A volver a entrar en el periodismo que está el borde donde no salto a la ética, no por miedo a romperme la espina dorsal o la cabeza, sino porque muerto a ella no le sirvo de nada. Dios me mira para ver como doy la vuelta otra vez, de puro reconocimiento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;José G. Maita&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1946202497509294043-6019885775078091600?l=culturaba.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://culturaba.blogspot.com/feeds/6019885775078091600/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1946202497509294043&amp;postID=6019885775078091600' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/6019885775078091600'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1946202497509294043/posts/default/6019885775078091600'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://culturaba.blogspot.com/2007/04/los-extremos.html' title='Los Extremos (Ensayo corto)'/><author><name>J. Gregorio Maita</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07789108672812072488</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
